Jóvenes apoyan la producción azucarera en Sancti Spíritus

Autor:

Miguel Ángel Valdés Lizano

Cuando el país aboga por rescatar desde las aulas el amor hacia el surco, la experiencia espirituana de los pelotones estudiantiles de zafra aumenta el valor de lo que allí constituye una tradición

JATIBONICO, Sancti Spíritus.— El cañaveral suele ser una amazonía infinita si se mira con ojos novatos desde la combinada. «Imagínate cómo me sentí cuando aprendí a manejar ese monstruo de hierro, yo que no levanto una cuarta del piso».

El quinceañero Edey González, con palabras de gran conquistador, enlaza los recuerdos de su primera zafra en este 2009, cuando, junto con sus compañeros, le ratificó la condición de millonario al pelotón para el corte mecanizado número 29.

El sudor de esos adolescentes no solo benefició a la Empresa Azucarera Uruguay, nacionalmente la de mayor rendimiento durante la pasada molienda. También respaldaron el corte en los cañaverales holguineros, al integrar un contingente espirituano que apoyó a esa provincia, desde abril hasta hace solo algunas semanas.

La vinculación del estudio con el trabajo encuentra todo un símbolo en Jatibonico, cuando hablamos del sustento que tradicionalmente han brindado a la producción azucarera los técnicos en formación del Polipre Raúl Galán, afirma la licenciada Nelsy Alicia Rodríguez, jefa del Departamento de Mecánica en dicha institución.

Mención destacada merecen allí los estudiantes de la especialidad de Explotación, mantenimiento y reparación de medios agrícolas, quienes a través de varias generaciones, durante casi todos los años desde la década del 80, han superado el esfuerzo de otros destacamentos más experimentados en el corte de caña mediante las combinadas.

Cuando el país aboga por rescatar el amor hacia el surco desde las aulas, estos muchachos se erigen como defensores de una tradición que, en tierras jatiboniquenses, hace circular la sangre con exceso de azúcar, sin síntomas de diabetes.

Los resultados del pelotón 29 no solo repercuten en los indicadores del Uruguay, entidad representativa de un sector que reivindica su valía en la economía cubana, a pesar de las vicisitudes de la sacarosa a nivel internacional. Además adquiere consonancia en la experiencia individual de cada joven y en la labor formativa de la escuela, cuando la graduación de técnicos en perfiles agropecuarios, lamentablemente pasa por el filtro de la desmotivación y el escaso reconocimiento, desde la óptica de las nuevas generaciones.

Lecciones en la guardarraya

Indisciplinado, poco inteligente y con visión afectada por catarata. Como le achacaban todos esos problemas no pensé que el alumno Yasmany Ordaz resultara tan productivo en el pelotón 29, confiesa una de las profesoras de la escuela Raúl Galán. Nos sorprendimos cuando la Empresa pidió que permaneciera otra semana de práctica, gracias a la abnegación demostrada, agrega la docente.

Yasmany confirma que prefiere, antes que el aula, experiencias como la de su primera zafra, cuando comprobó la vocación por el oficio elegido. Me levantaba bien temprano, llegaba molido a la casa y dejé de ir a las fiestas, narra el joven, quien en lo difícil de cada faena, prolongada frecuentemente hasta la medianoche, aprendió muchos secretos de su gran pasión: la mecánica, ese arte de «tarequear hierros» y buscar soluciones.

Como parte del plan de estudios, los alumnos de la especialidad de Explotación, mantenimiento y reparación de medios agrícolas en el politécnico de Jatibonico comienzan a rotar desde el primer año por las diferentes actividades del pelotón 29 en tiempos de zafra. En los primeros momentos la práctica solo se limita a una semana, aunque para los alumnos de niveles más avanzados se extiende hasta el final del corte.

Alberto Rabí, profesor general integral, valora el impacto de estas actividades cuando destaca no solo la posibilidad de aplicar la teoría, sino también al referirse a los nexos establecidos entre los jóvenes durante cada jornada, a la hora de compartir el buchito de café en la fría madrugada, cuando se precisa del cuento de Pepito para espantar los dolores del agotamiento, al inventar energías para superar las metas.

El alumno Raúl Ramírez, con solo 16 años, compartió en la guardarraya anécdotas por el estilo: aquí todo el mundo hala parejo y lo mismo pelamos cebolla con la cocinera, cortamos caña, lavamos las combinadas o del mantenimiento salimos como disfrazados por la grasa.

La docente Nelsy Alicia también cuenta cómo les inculca a los jóvenes el respeto hacia una actividad que durante décadas ha sustentado a muchos de sus familiares.

En determinados cursos hemos dudado del apoyo efectivo de la escuela al central, por las características desfavorables de quienes ingresan en estos politécnicos, comenta la licenciada con 25 años de experiencia en el centro. No obstante, en la mayoría de los casos los muchachos se crecen en la pelea de sacarles el fruto a los cañaverales. La práctica constituye fuente de motivación para los alumnos que, en edades de gran complejidad, ingresan en estas carreras.

Coqueteos de la molienda

Como tsunami en la manigua llegó todo aquel bullicio de sirenas y pitos de camiones, para fecundar el insomnio en aquellos parajes. ¡Había llegado el último informe de la zafra! ¡El central otra vez sobrecumplía!

Cuenta Edey que recibió la noticia montado en la combinada. No olvidará aquel desfile de sombras y abrazos a tientas, con la única complicidad de las luces de los carros, como para disfrutar del trofeo a los desvelos de tantas jornadas.

Recordé a mi tío, a mi padre, quienes tantas veces también han desandado estos surcos; uno se enamora de este oficio cuando ve por primera vez todo ese remolino de gente, comenta el joven, entre los destacados debido a su aporte en la contienda.

La trascendencia de la vinculación gratuita de estos estudiantes a la producción aparece no solo en los reportes económicos, aunque con frecuencia sobresalen por encima de otros pelotones de mayor trayectoria, como el 18 y el 19.

El valor fundamental de la iniciativa conjunta con el Polipre Raúl Galán radica en dotar a la industria en Jatibonico de una mano de obra capacitada en el dominio de la técnica y entrenada en el rigor de la zafra, proceso que hoy no muchos jóvenes asumen.

Actualmente en nuestra Empresa labora una docena de operadores de combinadas, formados en el pelotón 29, quienes exhiben resultados que los ubican entre los mejores del país, comenta Leonel Cabrera, jefe de Puesto de mando en el Uruguay.

Salen de la escuela, en gran medida gracias a la práctica, con nociones y habilidades que pueden tardar años en desarrollarse, cuando los obreros provienen de otros sectores, en detrimento de la molienda y su impostergable paso.

Este colectivo espirituano demuestra la pertinencia de sólidos nexos entre formación académica y actividad productiva, más allá de voluntarismos o trabas empresariales, experiencia digna de generalizar en todo politécnico, como el de La Sierpe, en las cercanías del CAI Arrocero Sur del Jíbaro, entre los mayores de su clase en la nación.

Abonar mentes en las nuevas generaciones hoy, no solo sustenta buena parte de nuestro progreso económico, sino garantiza también la cosecha del futuro.

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