Escolares cubanos realizarán elecciones pioneriles el próximo 25 de septiembre

Alumnos y profesores definieron al dirigente pioneril, en medio de los preparativos para las venideras elecciones de la Organización de Pioneros José Martí

Autor:

Yoelvis Lázaro Moreno Fernández

SANTA CLARA, Villa Clara.— Esforzado, alegre, decidido. Exaltado, autocrítico, respetuoso. Amante del estudio y del trabajo, ejemplar, combativo...

¿Cómo debe ser el pionero que lidera su colectivo? ¿Qué cualidades han de distinguirlo? ¿De qué forma podemos ayudarlo a conducirse mejor frente a sus condiscípulos?

Motivado por las venideras elecciones de la Organización de Pioneros José Martí (OPJM), cuya celebración será el 25 de septiembre en todas las escuelas primarias y secundarias del país, con algunas preguntas en su agenda JR se fue a las aulas para dialogar con los propios alumnos que próximamente podrán elegir y ser elegidos.

«No son niños diferentes, cargados de anticipada madurez, talentosos o aplicados en extremo. Se trata de personas, pequeñas pero entusiastas, que desde el fundamento propio de su edad forjan sus primeros pasos en la vida escolar, al calor de los deberes otorgados por su colectivo».

Hacia este criterio apuntaron las reflexiones sostenidas no solo por aquellos que ponen a diario la mirada en un pizarrón y siguen las lecciones de Elpidio y María Silvia, sino también por profesores y dirigentes juveniles villaclareños, con experiencia en el trabajo educativo de la OPJM.

«Ante todo un dirigente pioneril tiene que ser estudioso», recalcó desde su pupitre Yan Michel Oramas Molerio, quien cursa el sexto grado en el concentrado deportivo santaclareño Orestes de la Torre.

«El alumno guía necesita ganarse el respeto de los demás. Si no es amable y cortés, si no demuestra interés por ayudar a sus compañeros a la hora de estudiar o de realizar cualquier tarea, costará trabajo que lo acepten. No siempre el más inteligente es el jefe de grupo, pues para dirigir se requiere disciplina y disposición», agregó.

Celia María Duvergel Escobar, de 11 años, considera que aquel estudiante que lidera al resto de sus compañeros debe andar poseído de una alta dosis de entusiasmo.

«Lo mismo en una acampada que en una fiesta, un acto político o una competencia deportiva, el que encabeza tiene que vivir chispeante de iniciativas, y desarrollar la capacidad de expresar y defender sus criterios y los de su colectivo donde se haga preciso.

«Tampoco basta con estudiar y mostrarse solidario. Hace falta, además, una buena actitud ante el trabajo, en las actividades productivas de la comunidad, o en las jornadas de labores voluntarias que desarrollamos en la escuela».

Desde la secundaria básica Wilfredo Cabrera Portal, ubicada en el poblado camajuanense de Vega Alta, la pionera de noveno grado Mayra Fernández Camacho, refiere que el máximo responsable de un destacamento no puede pasar inadvertido para sus camaradas de grupo.

«Cuando se realiza la asamblea pioneril, él ha de tener en cuenta a todos los miembros de su colectivo:  al más aplicado, al más trabajador, pero de igual forma a aquellos que presentan problemas de disciplina. Y de ese modo, debe pensar cómo ayudar a los menos aventajados docentemente, a los que llegan tarde o faltan a clases con frecuencia».

La guía, el camino, el futuro

Si bien la vocación y las aptitudes innatas de un estudiante favorecen su desempeño como dirigente, la conducción acertada de los profesores contribuye a un mejor desenvolvimiento de los líderes pioneriles.

Con la destreza de diez años como guía base de la escuela primaria Orestes de la Torre, la maestra Liset Piedra Pedroso pondera entre los rasgos esenciales de todo pionero, y mucho más de aquellos que encabezan a su organización estudiantil, el de ser combativos ante lo mal hecho.

«Cuando un educando provoca juicios colectivos a partir del análisis de una actitud incorrecta, ese alumno promueve y ayuda al orden escolar. Cuando se para en una asamblea, donde se analiza el funcionamiento integral del grupo, y le explica a cualquiera de sus compañeros, de manera constructiva, qué debe hacer para mejorar su comportamiento, ese pionero fomenta la crítica formativa, e impulsa la participación y el debate para la búsqueda de soluciones a problemáticas latentes en su radio de acción».

«No podemos ver las responsabilidades que se asumen a edades tempranas despojadas de proyecciones futuras. Un estudiante provisto de aptitudes para estar al frente de los demás, necesita ser bien orientado por la estructura de dirección adulta de su escuela, pues poco a poco pudiera convertirse en valiosa cantera para ocupar cargos de dirección de mayor envergadura.

«La labor del maestro guía incide directamente en el quehacer pioneril de todo el colectivo. Uno debe alertar, prever, aconsejar, mediante acciones de capacitación desplegadas con carácter periódico. No hay que esperar a septiembre para explicar cómo se desarrollan las elecciones. No hay que aguardar por una gran fecha histórica para organizar una excursión. Basta con que los estudiantes propongan una buena iniciativa para concederles confianza y protagonismo».

Ese mandato pequeño e inmenso

Atareado por estos días, entre reuniones y preparativos eleccionarios, el joven Arley Vicet Bolufer, presidente municipal de la OPJM en Santa Clara, abrió gentilmente las puertas de su oficina para hablar sobre los procesos de trabajo con la dirigencia pioneril, cuyas alegrías y complejidades han sido bien conocidas por él durante el último lustro.

«Los “Moncadistas”, como se les llama a los alumnos de primero, segundo y tercer grados, comienzan a hacer una vida en colectivo, por lo que, a esa edad, solo desempeñan responsabilidades más bien de modo rotativo, alentados por las ordenanzas de conocidos personajes infantiles, con el fin de que aprendan a compartir tareas y a ocupar un lugar dentro del grupo.

«Ya los educandos de cuarto, quinto y sexto grados eligen a sus dirigentes con permanencia, de forma directa y pública, levantando la mano en matutinos y actos políticos. En cambio, el estudiantado de secundaria básica los selecciona a través del voto directo y secreto, como ejercicio anticipado del modelo eleccionario y democrático cubano.

«El patriotismo, el amor a Cuba, a su historia, a sus héroes y mártires, trasciende como uno de los valores de mayor notoriedad en la formación de un estudiante, y nunca ha de escapar a la voluntad y los afanes constructivos de un verdadero líder pioneril, para quien no pueden existir diferencias entre sus deberes en el presente y sus desafíos revolucionarios en el futuro».

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