El nacimiento del arcoíris

Ocho santacruceños tuvieron el raro privilegio de ver cómo se forma ese fenómeno en las aguas del Caribe, al sur de Camagüey

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

SANTA CRUZ DEL SUR, Camagüey.— Cuando la tripulación del pesquero 117 vio burbujear el agua a decenas de metros de su ruta y percibió unas luces como de focos bajo la superficie del mar, su curiosidad fue más fuerte que la prudencia.

Gracias a esa inspirada decisión, siete pescadores del Combinado Pesquero Argelio Lara y el biólogo Jorge Luis Rodríguez fueron testigos de un suceso natural pocas veces visto por ojos humanos: el nacimiento de un arcoíris.

Ocurrió hace algunos meses, al atardecer: «Fue algo lento, increíble, como una lluvia finísima que se iba formando y crecía desde el mar», describe Jorge, otra vez emocionado. «En mis brazos podía ver los siete colores definiéndose y cubrir todo poco a poco… ¡y el barco nuestro en medio de aquella maravilla!».

Los pescadores Bernardo Amer y Osmel Martínez describieron el fenómeno como un haz de luces más bien tubular y no plano, como suele recrearse en filmes de ficción o animados. Le calcularon un diámetro de diez metros, pero siguió creciendo poco a poco ante sus ojos.

«Estuvimos allí solo un rato viviendo aquel asombro. Luego nos fuimos porque teníamos cosas que hacer mar afuera», dice Bernardo. «Más tarde vimos la herradura completa en el cielo y todavía nos costaba creer que estuvimos allí cuando aquello nacía».

Tan inverosímil les resultó aquella casualidad que al regresar ni siquiera lo contaron en el Combinado o en la casa. «¿Quién nos iba a creer algo tan raro? No teníamos pruebas, porque esa vez yo no llevaba cámara», se lamenta Jorge.

Mariposas en el mar

Son pocas las leyendas en el mundo asociadas al nacimiento del arcoiris, o al menos las reportadas en Internet. También son escasos los fotógrafos que pueden ufanarse de haber atrapado el fenómeno. Además, con todo el desarrollo de la tecnología digital, es difícil creer en tales pruebas.

La leyenda que más se repite es de la pampa argentina. Habla de siete mariposas que volaban siempre juntas, cada una de un color diferente. Una se hirió de muerte con la espina de un árbol y las demás decidieron, para no separarse nunca, entregar también su alma a la naturaleza y perpetuar su amistad en algo tan bello como el arcoíris, que aparece después de la borrasca.

Otros mitos afirman que quien llegue al punto donde nace el arcoíris, encontrará una olla de monedas de oro u otros tesoros similares, algo que cambiará su vida radicalmente, sin precisar si tal cambio será para bien o para mal.

Los santacruceños a bordo del 117 decidieron no correr riesgos: tras el raro privilegio de ver nacer un arcoíris y ser bañados por sus misteriosas gotas, algunos decidieron zambullirse en las cálidas aguas del Golfo para lavar de su piel los restos de aquello que no podían explicar.

Jorge confiesa: «No es algo que hagamos mucho últimamente porque el cambio climático ha traído especies raras para esta latitud y abundan peligros como el pez león o el tiburón martillo… Pero eso de andar bañados de arcoíris nos asustaba un poco, así que, ya fuera bendición o maldición, preferimos dejarla en el mar y seguir siendo nosotros mismos».

Magia de sol y humedad

Según Wikipedia, el arcoíris o arco iris es un fenómeno óptico y meteorológico que produce la aparición de un espectro de luz continuo en el cielo cuando los rayos del sol atraviesan pequeñas partículas de humedad contenidas en la atmósfera terrestre. La forma es la suma de un arco multicolor con el rojo hacia la parte exterior y el violeta hacia la interior.

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