Michel Rodríguez Pérez representará a Granma en el IX Congreso

Fue el primer delegado directo de Granma al IX Congreso de la UJC. No se le vio temblar un ápice cuando fuera electo en el Instituto Politécnico de Informática Rubén Bravo

Autor:

Osviel Castro Medel

MANZANILLO, Granma.— Parece «operado de los nervios», tranquilo como un río en invierno, aplomado para los grandes momentos.

Sin embargo, Michel Rodríguez Pérez, el primer delegado directo de Granma al IX Congreso de la UJC, se autodefine, a sus 30 años, como un joven hiperactivo, que saborea la música, el baile, los cuentos y otras cosas propias de los nuevos.

No se le vio temblar un ápice cuando le dieron la palabra ante las máximas autoridades de la provincia ni ante los 1 407 estudiantes del Instituto Politécnico de Informática Rubén Bravo, quienes lo ovacionaron por la elección a ese evento cumbre.

El rosario de emociones iba por dentro, lo confesaría después, mientras recibía abrazos y halagos de sus compañeros por los pasillos de la espaciosa escuela. «Estaba agitado, aunque no lo aparentara. Me han dado una enorme responsabilidad: la de representar a miles de estudiantes del centro y a más de 550 trabajadores», dijo este muchacho que se desempeña como secretario general del Comité UJC en el instituto.

Para Michel, quien lleva cinco cursos en ese cargo, la designación implica otro reto: «Voy a un Congreso trascendental porque para nadie es un secreto que probablemente será el último de la Organización en el que participe parte de la generación histórica que hizo la Revolución. Además, sabemos que los jóvenes necesitamos hacernos sentir más».

Según sus criterios, la UJC requiere fortalecer su funcionamiento y no solo de cara al Congreso. Ha de ser algo permanente.

Este licenciado en Educación Laboral, oriundo de Yara, reconoce que dirigir un Comité UJC con ¡42 comités de base! exige un sacrificio dulce. «En estos cinco años he tenido sinsabores, incomprensiones, pero también momentos muy gratos. Entre las escenas que no olvidaré está la relacionada con un muchacho de Bayamo que cometió un error muy grave y hubo que tomar una medida con él. Pasado un tiempo, se me acercó en la calle y reconoció que había recibido una gran lección y rectificado su conducta».

Para él, la agenda de cada jornada es tan compleja que a veces une un día con el otro. «Tengo que quedarme aquí de vez en cuando, pero no lo hago con disgusto. El trabajo político con muchachos entre 15 y 17 años siempre resulta complejo. Lo fundamental es comprender su mundo, su psicología y tener la capacidad de ser flexibles. No se trata de “pasar la mano” porque los incumplimientos no tienen justificación, se trata de ser, ante todo, humano».

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