Las semillas de la educación sembradas por Fidel crecen

Recuerdan visita de Fidel a Camagüey hace 50 años, cuando entregó a niños y jóvenes de esta provincia cubana la ciudad escolar en que fue transformado el otrora cuartel Ignacio Agramonte

Autor:

Enrique Atiénzar Rivero

CAMAGÜEY. El 27 de noviembre de 1959 —a casi un mes de la trágica desaparición del Comandante Camilo Cienfuegos— Fidel volvió a Camagüey y recibió nuevamente el respaldo multitudinario del pueblo en una concentración sin precedentes, celebrada en la actual plaza Joaquín de Agüero.

La motivación del líder de la Revolución de encontrarse con los camagüeyanos fue diferente a la del 21 de octubre, fecha en que quedó neutralizada la sedición del traidor Huber Matos. Esta vez vino para entregar a los niños y maestros el antiguo cuartel Ignacio Agramonte, convertido en ciudad escolar, e inaugurar el hospital Amalia Simoni, en el tramo de la doble vía Carlos J. Finlay hacia el aeropuerto.

Testigos presenciales de la cita en la otrora instalación militar, como el jubilado locutor José Luis Cadenas, recuerdan ambos acontecimientos como trascendentales, cada uno con sus peculiaridades.

Ver aquel espectáculo —como lo calificó Fidel— de miles y miles de niños con banderas cubanas junto a sus maestros marcó para siempre a este pueblo.

Desde una improvisada y concurrida tribuna hablaron el presidente Osvaldo Dorticós, el ministro de Educación Armando Hart Dávalos y Fidel. El entorno natural de la concentración era enaltecedor: 52 aulas para las enseñanzas preescolar, primaria y de bachillerato básico... Tampoco se descuidaron otros detalles: escuelas de artes plásticas, dramáticas y técnicas, biblioteca, museo, dispensario médico estomatológico, en fin, todo para el bienestar de las nuevas generaciones...

El número de personas que concurrieron al acto, aquella tarde, quedó grabado en la mente de Fidel. Fue así que al mirar hacia Cadenas preguntó por la posible cifra de participantes. El hombre se encogió de hombros. Sabía que había una muchedumbre extraordinaria, pero no pudo calcular el número.

«Pero, al despedirme, quiero decirles que gracias a ustedes nos marchamos hoy de esta provincia con la energía redoblada, con la fe redoblada y con el entusiasmo redoblado para seguir adelante», expresó.

Y Fidel ese 27 de noviembre de 1959 se marchó con la convicción: «Con el pueblo de Camagüey podremos contar siempre… en los días más difíciles y duros para librar nuevas batallas…».

De las transformaciones de Camagüey y sus obras, soñadas por Fidel, quedan pruebas en estas extensas llanuras donde cabalga en silencio, sobre su brioso corcel, el Mayor General Ignacio Agramonte, todo un símbolo de gallardía y patriotismo.

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