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Renacer entre los escombros

Raniel Enrique Castillo Arozarena, quien perdió su pierna derecha durante la explosión en el Hotel Saratoga de La Habana, hace cuatro años, rememora cómo este hecho impactó a los cubanos

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Cuatro años atrás, Raniel Enrique Castillo Arozarena acudía a la Oficina de Comercio en La Habana Vieja para firmar contratos como director de una cooperativa constructora. Su trayectoria abordaba la vereda frente al Hotel Saratoga, sin saber que pronto, una explosión lo alcanzaría allí.

Las horas sucesivas a las 10:52 a.m. del 6 de mayo de 2022 fueron un caos. El estallido en la instalación turística cobró un total 47 fallecidos: 25 hombres, 22 mujeres, una extranjera y una embarazada. Además, implicó 52 heridos y daños en 20 estructuras circundantes. El origen de la catástrofe a raíz de una fuga de gas fue revelado por las autoridades cubanas siete días después.

Castillo Arozarena es un sobreviviente al siniestro y aunque perdió la conciencia por segundos, recuerda a detalle el accidente. Sus sentidos estaban embotados por el olor a gas, el pitido en los oídos, que no permitía oír nada más y, por encima de todos, la certeza de haber perdido su pierna derecha para siempre.

«Ese día iba con un amigo, Lázaro Leste Laza, quien no sufrió lesiones. Sentí su llamado, pero no el impacto de los escombros. Supe de mi estado porque intenté levantarme para ayudar a una mujer aterrorizada con un niño en brazos y no pude, entonces ví mi extremidad destrozada. Después supe que la joven era madre del chico, habían ido al pediátrico Juan Manuel Márquez pues un cuerpo extraño estaba en su cabeza».

En ese intervalo, notó la concentración de personas próximas al lugar que corrían en busca de heridos. Segundos de diferencia podían salvar vidas e intentar rescatar a la mayor cantidad era la opción correcta. Por su parte, Leste lo ayudó y juntos abordaron un almendrón hasta el Hospital Hermanos Ameijeiras. Después fue llevado al salón de operaciones; al despertar ya le habían amputado la pierna.

Más allá de la pérdida física, ¿existe una espiritual o emocional?

—No, pero tampoco mentiré, en mi visión, aunque procuré mantenerme sereno todo el tiempo, tuve madrugadas para llorar mi lesión. Nunca me alteré, hacerlo no me iba a devolver mi estado previo. Decidí alejar esa tragedia del centro de mi vida y seguir adelante por la fortuna de estar vivo. Aprendí a usar una prótesis, trabajo, formé una familia, soy feliz.

¿Conoció otros sobrevivientes? ¿Se apoyaban entre ustedes?

—A veces coincidíamos en los pasillos. Durante la rehabilitación, conocí a otro joven, víctima del siniestro; pero en la etapa de recuperación, a los heridos nos mantenían aislados de todo lo vinculado al suceso, eso incluía interacciones entre nosotros. Una psicóloga y una psiquiatra nos atendían por separado como apoyo para superar el trauma o duelo.

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Castillo Arozarena nunca preguntó qué, quién o por qué había estallado el hotel. Supone que ningún testigo, en principio, pudiera. Eran circunstancias de acción, ya habría tiempo de saber después. No obstante, recuerda a los médicos inquiriéndoselo y a sí mismo pensando posibilidades, ¿un atentado terrorista, una bomba arrojada o una intervención militar? Los días pasaron y nadie parecía conocer la respuesta.

«La incertidumbre continuó hasta el 13 de mayo, cuando el Presidente Miguel Díaz Canel Bermúdez declaró oficialmente la causa: una fuga de gas desde un camión cisterna que abastecía el hotel para su reapertura. Se dio a conocer el fin de la búsqueda de víctimas, su cifra final y consiguiente duelo nacional durante 24 horas».

Respecto al acceso a prótesis y consiguiente rehabilitación, opina que la disponibilidad de bienes terapéuticos en el país escasea. «Mi sustitución ortopédica fue viable gracias a una gestión en la empresa para la que trabajaba de conjunto con otra compañía uruguaya, aunque ahora me desempeño como director de una mipyme. En siete meses pude volver a caminar».

Tras lo sucedido en el Hotel Saratoga, ¿cree que la sociedad ha aprendido la lección o hay patrones de reincidencia con posibilidad de evitarse?

—Desgraciadamente muchos vulneran sus deberes. A veces, las propias personas inician el problema y no lo notan porque crean un hábito, ese de actuar sin ver secuelas, o al menos hasta que son inevitables. La confianza es fatal, te ciega ante el error y evades la seguridad personal.

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A sus 42 años, Castillo Arozarena representa un historial clínico amplio de intrusiones quirúrgicas. Desde placas para asegurar la cuenca del ojo, varillas intramedulares en la pierna izquierda y tornillos uniendo los huesos de la mandíbula hasta prótesis de extremidad. Aun así, vive por sí mismo, familia, amigos y por cada víctima que ha cedido ante un desastre, pues él las vio morir, sin oportunidad de despedirse.

«El 6 de mayo de 2022 marcó mi vida, pero no la definió. Antes, veía las catástrofes como una fantasía de películas. Sabía que podían ocurrir, pero me resultaban tan ajenas. Para mí, los sobrevivientes eran héroes. Después, aprendí que los mayores de entre todos los héroes son los anónimos, el buen conductor, trabajador responsable, guardia prudente, aquellos que no lo saben, pero también salvan vidas».

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