Entre la matanza y la salvación de manatíes

Mientras personas indolentes matan a estos inofensivos y dóciles mamíferos, un grupo de pescadores de la Ciénaga de Zapata ha salvado a dos este año

Autor:

Hugo García

CIÉNAGA DE ZAPATA. Matanzas.— El agua dulce y fría de la Laguna del Tesoro mostraba su transparencia el 8 de febrero. Los pescadores de la brigada de pesca fluvial de la Unidad Básica Empresarial (UBE) Acuícola Integral Cocodrilos, de aquí, enfilaban la proa del bote sin advertir que sería un día distinto.

Mientras revisaban sus artes de pesca, un movimiento en el agua denunciaba la presencia de una buena presa que, inquieta, se zambullía para liberarse de la red. Pero estaba tan bien enredada, que sus minutos parecían estar contados.

Al acercarse con cuidado, los pescadores se percatan de que es un manatí. Ya el 27 de enero había sucedido algo parecido y lograron liberarlo. Sin embargo, esta vez era enorme y estaba en serio peligro.

Nadando libremente

Este diario publicó recientemente sobre la matanza de manatíes por parte de pescadores ilegales en la zona norte de Villa Clara. La persistente amenaza a que están sometidos induce irremediablemente a su desaparición si no se detiene su depredación indiscriminada.

Algo bien distinto sucedió en aguas de La Laguna del Tesoro. Para salvar a este manatí los pescadores se comunicaron con el licenciado Andrés Hurtado, de la Estación Hidrobiológica Parque Nacional Ciénaga de Zapata.

Con urgencia se conformó un equipo de trabajo, integrado por los pescadores, el especialista Hurtado y la Doctora en Medicina Veterinaria Suleiky Álvarez, también trabajadora de la Estación.

La angustia se apoderó de todos. Por un lado, consideraban qué podía ocurrir con la vida del manatí, y por otro, percibían el peligro potencial de un golpe de este mamífero, asustado al verse acorralado.

Desde el bote ya no se podían desenredar las redes. Había que tirarse al agua para tratar de inmovilizarlo como se pudiera. No se perdió tiempo. Omar Senarega y Andrés Hurtado se quitaron sus gorras y camisas. En el agua sintieron el roce con la piel prieta del animal.

Poco a poco fueron liberándolo hasta que Omar, abrazándolo firmemente por donde podía, dijo las palabras mágicas que todos esperaban: «¡Ya está libre!».

«Compadre, qué alegría lleva ese animal», solo atinó a decir Julio Senarega, quien desde el bote miraba al manatí nadando libremente.

Amenazados

Los manatíes tienen cada vez menos espacio donde vivir y alimentarse. La pérdida de su hábitat es una amenaza mayor para la supervivencia futura de esta especie.

«Pueden ser salvados a pesar de los peligros que enfrentan, pero todos debemos actuar de inmediato. Muchos en Cuba y el mundo están trabajando para que esta especie no desaparezca», afirma Hurtado.

El ejemplar liberado era macho, con tres metros de largo por 1,70 metros de ancho y aproximadamente 600 libras de peso.

Entre las amenazas se aprecian el uso de los espacios donde viven los manatíes para actividades productivas o recreativas, como la pesca y el turismo. Cuando no se toman medidas preventivas, como regulaciones de acceso a determinadas áreas, capacitación, supervisión, monitoreos sistemáticos de las poblaciones y del hábitat, se origina un maltrato al medio y a los animales.

«Aquí en la Ciénaga tampoco estamos exentos de violaciones, por personas que parecen no saber el crimen que cometen, pues es una especie en peligro de extinción», recalca Hurtado.

A veces hasta reciben heridas y golpes de las embarcaciones, lo que en ocasiones provoca la muerte de algunos de ellos.

También los medios de pesca inadecuados o mal usados y la contaminación pueden provocar el deterioro de la vegetación que les sirve de alimento a los manatíes y causar su muerte.

Otra causa es la caza ilegal, principalmente por personas que desconocen las características biológicas de esta especie.

Cuidemos el entorno

Después de ejecutada cada acción, como observaciones, toma de muestras para estudios posteriores y la liberación del manatí, quedaron los conocimientos y la satisfacción que sentía el equipo por haber liberado a aquel interesante e inofensivo animal.

Se escucharon expresiones como la de Norberto, en el sentido de que es un crimen matar y exterminar a estos animales pudiendo buscar otro tipo de carne.

Con personas que piensen y actúen así, ayudaremos a que los manatíes continúen formando parte de nuestra fauna, pues han persistido en el tiempo, nos dice Hurtado.

Por ser una de las áreas más importantes del país para esta especie, la Ciénaga de Zapata forma parte de la red nacional para su conservación, y con las instituciones del territorio se está constituyendo una red local que facilite el flujo de información y los trabajos de manejo para la conservación de la especie.

La UBE Acuícola Integral de la Ciénaga, ubicada en el área conocida históricamente como el Criadero de Cocodrilos, tiene entre sus funciones actuales la pesca en aguas dulces del territorio, para lo cual cuentan con cuatro brigadas de pescadores.

Estos, junto a otro personal de la UBE, por varios años han apoyado el trabajo de especialistas en las investigaciones del medio acuático de la Reserva de la Biosfera Ciénaga de Zapata.

«Sin esa integración no hubiera sido posible desarrollar estos estudios, ni contar hoy con promotores in situ de la conservación de especies en peligro de nuestro territorio», resalta Hurtado.

Sirénidos en peligro

El manatí pertenece a la familia biológica conocida como Sirenia. Existen cuatro tipos de sirénidos: el dugón, el manatí antillano, el de África Occidental y el del Amazonas.

Existió otro tipo llamado vaca marina de Steller, pero fue cazado indiscriminadamente y se extinguió hace cerca de 230 años, lo que pudiera ocurrirle al nuestro en un futuro inmediato si no lo cuidamos.

El manatí que forma parte de nuestra fauna (Trichechus manatus manatus) vive en aguas poco profundas en áreas donde los ríos se unen al mar, y están distribuidos en varias regiones de la plataforma marina de nuestro país.

En la Reserva de la Biosfera Ciénaga de Zapata pueden encontrarse en la Ensenada de la Broa, Río Hatiguanico, al sur de la región occidental de la Ciénaga, en la Bahía de Cochinos y una población introducida y establecida en la Laguna del Tesoro, de la cual actualmente quedan muy pocos ejemplares.

Comportamiento social

Generalmente los sirénidos paren una sola cría entre tres y cinco años, y el período de gestación es de cerca de 13 meses.

Una vez nacida, la cría nada y sale a la superficie del agua en busca de aire. Los jóvenes se alimentan de la leche materna que obtienen de las mamas de la madre, las cuales se encuentran bajo sus aletas. Aunque la cría es capaz de comer de la vegetación casi inmediatamente después del nacimiento, es amamantada y permanece con su madre hasta los dos años, etapa en que los pequeños, algunas veces, descansan sobre la espalda de la madre cuando ella se alimenta o duerme.

Los manatíes son herbívoros y pasan la mayor parte del día alimentándose. Antes del invierno consumen más alimento pues necesitan tener energía suficiente para mantener la temperatura corporal en aguas más frías. La boca presenta adaptaciones, como mandíbula y labios inferiores que le permiten agarrar la hierba, el labio superior dividido, moviéndose cada lado individualmente, dientes anchos y planos adaptados para triturar plantas, que cuando se van desgastando son reemplazados por otros dientes que crecen desde atrás. No tienen dientes frontales.

No son posesivos acerca del territorio como otros animales, ni agresivos, ni se pelean entre sí como otras especies —incluyendo al hombre— son gentiles por no tener enemigos naturales en un medio acuático.

Forman grupos independientemente del sexo o edad de los individuos. Estos no tienen un líder ni estructura definida, y pasan tiempo en actividades sociales: persiguiéndose o topeteándose.

Aunque normalmente son silenciosos, pueden emitir chillidos para comunicar miedo, contentura o mantener el contacto mientras viajan.

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