Huellas en la memoria

Detrás de la profesionalidad de quienes salvan vidas en Haití está también la huella de dolor ante la muerte de otros seres humanos y la satisfacción de cumplir con creces el deber

Autor:

Roberto Díaz Martorell

NUEVA GERONA, Isla de la Juventud.— Aún con la mirada angustiada por el impacto que causaron en él las imágenes que a diario tuvo que vivir en Haití tras el terremoto, el cirujano pinero Hugo Fornier regresó aquí con la satisfacción del deber cumplido, más allá del período de tiempo que tenía asignado como misión.

«Yo estaba preparado para regresar de Haití el 21 de enero, con fin de misión, cuando nos sorprendió el terremoto. Fue muy rápido y tanto yo como mis compañeros salimos corriendo como flechas para la calle y nos alejamos de las edificaciones… En segundos vimos desplomarse todo».

«Al otro día los jefes de la misión preguntaron si estábamos de acuerdo en asistir a los damnificados y sin vacilar dijimos ¡Claro!, para eso estamos aquí».

Hugo vivió una experiencia similar en Paquistán, donde fungió como director de un hospital de campaña para asistir a los damnificados por el sismo que sacudió a ese país en octubre del 2005.

«Con cierta experiencia acumulada en la atención a este tipo de pacientes, casi todos politraumatizados, procedimos a intervenir a cuantas personas llegaban… Fue duro, trabajábamos casi sin descanso y nunca eran menos de diez operaciones al día. Pero ese es mi trabajo y lo hice».

«Con nosotros trabajaron médicos de Venezuela y México y las relaciones fueron magníficas. Incluso los venezolanos se sumaron a la brigada nuestra y trabajaron intensamente también. Unos alemanes pusieron una carpa, pero no había una relación tan unida como con los de Venezuela y México, pero hacían lo suyo».

«La destrucción fue muy, muy grande, máxime porque las construcciones no tienen la calidad que necesita una vivienda para resistir estos embates de la naturaleza; además, no existe una organización social que oriente sobre cómo actuar ante este tipo de catástrofe; no es como en Cuba, donde nos enseñan a enfrentar los fenómenos naturales.

«Muchos de los haitianos sintieron el temblor y se quedaron dentro de la casa para protegerse; error, porque la casa les cayó encima… Por eso son tantos los fallecidos y lesionados.

«Claro que esas cosas marcan. Lo más doloroso es lo que sucede con los niños. Ahí está una triste foto de un niño muerto abandonado a su suerte en la calle y eso es común allá; una vez que los padres se enteran del fallecimiento de sus hijos se marchan y los dejan en el hospital.

«Esos que quedaban en las facilidades hospitalarias estaban mejor resguardados, porque las calles estaban atestadas de cadáveres y el mal olor llegaba a todas partes, de manera que no podías quitarte el nasobuco. Eso duró hasta que a alguien se le ocurrió traer un cargador frontal y trasladar los restos en un camión hacia fosas comunes».

«Hoy las lesiones agudas dan paso a las secuelas; por eso los especialistas en fisioterapia y rehabilitación se incrementan; eso es lo que necesitan allí, además de agua potable, alimentos y educación para prevenir enfermedades».

Hugo Fornier, especialista de Primer Grado en Cirugía, regresó a casa cargando en sus mochilas una riqueza invaluable: la experiencia, que al decir del mismo galeno será la savia que alimente a sus alumnos «porque hay muchas cosas que no salen en los libros y se aprenden en campaña, en el lugar de los hechos».

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