Jóvenes de la Isla a la vanguardia de la producción económica

Para defender la Patria no se necesitan hombres y mujeres sobrenaturales; se precisan convicción y sentido de la responsabilidad con el futuro, afirman dos jóvenes destacados del territorio pinero

Autor:

Roberto Díaz Martorell

NUEVA GERONA, Isla de la Juventud.— «Para defender la Patria no se necesitan hombres y mujeres sobrenaturales; se precisan convicción y sentido de la responsabilidad con el futuro», concuerdan Yordanka Pacheco y Osneidis Garcés.

Ambos ingresaron a la Unión de Jóvenes Comunistas con el nuevo milenio y lideran la organización en la base de sus respectivos centros laborales, donde han logrado buenos resultados en la producción y en las tareas inherentes a la labor política con el universo juvenil a su cargo.

Sus compañeros los señalan como protagonistas de la actual batalla que libra hoy la organización en el frente económico, la integración de los jóvenes y la labor político-ideológica encaminada a fraguar los valores de laboriosidad, honestidad y patriotismo.

En estos días de Congreso los dos jóvenes, junto a sus compañeros debatieron «a camisa quitada» los problemas de la organización y se propusieron buscar soluciones, convocar al combate contra las conductas negativas que lastran el avance de la sociedad y reflexionar sobre la responsabilidad de las nuevas generaciones en la defensa del país.

Enamorada de la vida

Yordanka Pacheco es responsable, dinámica y esmerada en cumplir todos sus sueños. Estudia Ingeniería Agrónoma y comparte su tiempo con la familia, el estudio y los compañeros de la Granja Estatal Porcina La Melvis, en la Isla de la Juventud.

Sale para la granja a cumplir su tarea diaria y retorna al oscurecer; casi no le queda tiempo para otras cosas. Sin embargo expresa: «Me siento orgullosa de mi profesión y de la vida; soy útil a la sociedad y aporto todos los días mi granito de arena.

«Mi mayor anhelo era ser militar, pero finalmente estudié Veterinaria en el nivel de técnico medio, porque amo a los animales. Tengo los mismos problemas que cualquier otro joven cubano, pero creo que la diferencia está en el compromiso y la responsabilidad al asumir el deber; somos los que mañana dirigiremos el país y debemos estar hoy “al pie del cañón” para ganar esa batalla a la vida. No soy líder, pero sí una rigurosa cumplidora del deber y los demás me siguen.

«A muchos les falta motivación para integrarse; a veces los dirigentes no conversamos suficientemente con los muchachos y eso repercute en su actitud; tenemos que hablar más de nuestra historia, de cómo nuestros padres y abuelos, quienes una vez tuvieron la edad de nosotros, construyeron esta isla y no vacilaron nunca.

«No dispongo de mucho tiempo para departir con los vecinos; trabajo durante el día y en las noches veo la televisión; con los más cercanos sí sostengo magníficas relaciones, y cuando llego a la casa y están realizando cualquier actividad, enseguida me sumo.

«No, no —ríe—, estas libritas de más llegaron porque dejé de practicar deportes y hacer ejercicios; las dietas no funcionan; tengo que hacer un mayor esfuerzo y adelgazar».

De corazón

Osneidis Garcés, de 30 años, parece un adolescente por su estatura. De andar inquieto y sonrisa nerviosa, comparte su vida entre el trabajo, su hijo de cuatro años y la construcción de su vivienda.

«Obtuve el carné de la UJC en las Fuerzas Armadas Revolucionarias; después de cinco años me incorporé como inspector en la industria Pescaisla, y hoy soy jefe de turno de cocina-comedor y secretario general del comité de base de mi centro.

«La UJC completó mi formación revolucionaria; cuando uno es joven tiene muchas dudas y la organización me permitió conocer con profundidad la historia de Cuba y ser consecuente con ella.

«Prefiero ver películas y jugar con mi niño. Aunque no vivo con él siempre busco un espacio y voy a verlo. En la casa estamos en construcción y siempre hay algo que hacer; nunca dejo para mañana lo que puedo terminar en el día».

El joven considera que el carné no puede ser una «patente de corso», así como considera que muchas veces los miembros de la UJC no son ejemplo y eso incide en la decisión de los otros. «En mi trabajo hay algunos que me dicen que son militantes de corazón, pero no quieren pertenecer; esa es una alerta que no debemos desestimar».

«Nosotros les damos tareas, conversamos con ellos, los apoyamos en todo lo que esté a nuestro alcance y eso les da confianza y se suman; a veces cumplen mejor que los mismos militantes, porque trabajamos codo a codo con ellos».

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