Condecoran a jóvenes cubanos por valiosos servicios a la sociedad

La joven Galia Luz Tamayo Rodríguez y el doctor Yuniel Chivás Marcheco merecieron la medalla José Antonio Echeverría, que otorga el Consejo de Estado a propuesta de la Unión de Jóvenes Comunistas

Autores:

Marianela Martín González
Juan Morales Agüero

El doctor Yuniel Chivás Marcheco tiene dos grandes amores. Dice que no son de los que matan, pero sí de los que agotan mucho y ponen a prueba la voluntad.

«Trabajo en dos consultorios que suman casi mil pacientes. Están enclavados en dos áreas de salud separadas por diez kilómetros más o menos. Hace dos años que tengo esa responsabilidad, desde que llegué al policlínico Luis Trigen, en el municipio habanero de Güines.

«En el consultorio de Somarriba hay mejores condiciones para el transporte, porque tiene comunicación con San Nicolás, pero para El Barbudo, si no me voy en la guagua de los profesores, a las siete de la mañana, me “embarco” porque por ahí no pasa casi nada. Muchas veces he tenido que coger “botella” en tractores o carretones con caballo y luego caminar un buen tramo, pero siempre llego.

«La gente me dice: “Chivás, tú estás loco… ¿cómo vas a atender dos consultorios a la vez?”; y yo les respondo que es posible porque la necesidad hace que uno se crezca, como es el caso».

Este joven recibió recientemente la medalla José Antonio Echeverría que otorga el Consejo de Estado a propuesta de la Unión de Jóvenes Comunistas. «No la esperaba, me sorprendió».

Esa distinción acompaña toda la vida a quien la reciba, considera el galeno, porque José Antonio es un referente de revolucionario inquieto, entero y firme.

Según este muchacho la incondicionalidad es más poderosa que tener dos pies y dos manos. El humanismo no debe faltarle a nadie, pero en los médicos tiene que ser desbordante. La sensibilidad es lo que distingue a una persona de otra, y en su caso cree que es por eso que sus pacientes lo quieren tanto.

«Dije que estudiaría Medicina o Derecho. Hice las pruebas de ingreso para ambas y las aprobé, pero pesó más la vocación de curar. El área que atiendo es muy reticente con las enfermedades diarreicas agudas y las respiratorias. No hay una cultura sanitaria elevada. No hierven el agua frecuentemente y muchos fuman. Cambiar esos malos hábitos no es fácil, pero tampoco es imposible».

—El ahorro en el sector de la salud es una batalla para poder subsistir económicamente. ¿Qué opinas de este reto?

—Requiere de mucha exigencia y control para que se haga lo correcto sin comprometer la salud de la población. Tenemos que eliminar improvisaciones en la asistencia e incluso «exigencias» de algunos pacientes que, sin basamento, demandan exámenes complementarios, los cuales lejos de beneficiarlos pueden resultar dañinos para su propia salud.

Galia, en cualquier trinchera

LAS TUNAS.— Transitar por la biografía de Galia Luz Tamayo Rodríguez, joven merecedora de la medalla José Antonio Echeverría, es hacer contacto con los paradigmas que aspiramos cultivar en las nuevas generaciones de cubanos.

Galia está por cumplir 22 años de edad. Pero, a pesar de su juventud, es propietaria de un currículo impresionante que arranca en la enseñanza primaria, cuando en el seminternado República de Chile de esta ciudad se incorporó de lleno al palpitar estudiantil.

«En la Organización de Pioneros José Martí tomé parte en infinidad de tareas y ocupé cargos de dirección —recuerda—. Todo me interesaba, desde los Fórum de Ciencia y Técnica hasta el Movimiento de Pioneros Exploradores. Realmente en esa etapa llevé una vida muy intensa».

Por entonces obtuvo resultados tan diversos como el primer lugar en el concurso Camilo Vive; una ponencia en el Evento Municipal de Medio Ambiente; destacada en festivales Cantándole a un Príncipe Enano y de Pioneros Aficionados; primera en el Concurso de Plantas Ornamentales; vanguardia en varios cursos escolares…

La enseñanza secundaria le reservaba similar órbita. Galia evoca la escuela Manuel Ascunce, sus deberes en la FEEM y su participación en actividades políticas y culturales. A la sazón ganó el Concurso Provincial de Historia. Eso le permitió ingresar directamente al Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas.

Durante su estancia en ese centro Galia recibió una gran noticia: había ganado el Primer Premio del Concurso 2005 Latinoamérica vista por los estudiantes.

«En ese certamen internacional participamos estudiantes de 19 países hispanohablantes —recuerda—. Había que responder la pregunta ¿Qué hace que mi país sea tan especial?, y enviar la respuesta por correo electrónico. El texto ganador se publicaría en el libro Internet en Español. El jurado seleccionó mi frase como la mejor. Fue leída en el acto de entrega de los Premios OX, en San José, Costa Rica. Decía:

«Llave mágica y sensual, permanente invitación a la aventura. Tu silueta se recuesta pudorosa al Atlántico y nos hace recordar que eres la perla escapada de manos de un pirata encargada de abrir rutas y caminos para la tierra de los bravos aztecas, de los mayas indomables, de los incas laboriosos. Cuba musical y danzarina sobre las olas. Cofre de tesoros ocultos con un gran arete prendido al sur de La Habana. Isla cálida rodeada de príncipes y reinas, de jardines marinos y de veloces hipocampos. El mejor sitio para los amaneceres de luz y para los crepúsculos de sueños. Cuba, siempre verde, siempre azul. De valles y playas, eres esa trigueña antillana que llena de ilusión a los viajeros y los envuelve en tus aromas de café y tabaco, de lírico alcohol y de azucenas, de mariposas blancas y de azahares. Cómo no amarte, Cuba, en una eterna embriaguez enamorada».

En 2006 matriculó Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Vladimir I. Lenin. Entusiasta pertinaz, fomenta allí la cultura y la política. Por cierto, realizó una gran contribución a la enseñanza: su multimedia Ajedrez para todos durante toda la vida, utilizada en la docencia por el departamento de Educación Física.

Desde hace más de dos años Galia es la corresponsal en Las Tunas de la revista Alma Máter, voz de los universitarios cubanos, en cuyas páginas ha publicado varios materiales. Su labor ha sido reconocida por la dirección del órgano. Es miembro de la Cátedra Martiana y del Club de Oratoria y ostenta la condición de Universitaria Martiana.

«Este reconocimiento me llena de honor —admite—. Pero mi aspiración fundamental es serle útil a la Revolución. En cualquier trinchera y en cualquier circunstancia. Eso, sencillamente».

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