La mirada encontrada

Nada parece «extraviado» en ellos: leen, pintan, calculan, escriben e incluso se integran a la enseñanza general. En Cuba tienen la posibilidad de crecer en centros especiales para niños estrábicos y ambliopes

Autores:

Yuniel Labacena Romero
Yoel Suárez

La pequeña sonríe tímida, recogida, aunque con cierto aire de picardía y orgullo en su mirada. «Ya he aprendido a pintar, calcular, leer y escribir», dice y evade la mirada de los reporteros.

«Aquí realizamos diferentes actividades y jugamos con nuestros amigos», refiere Orelis M. Cediño Leyva, pionera de segundo grado y ganadora del Concurso Nacional Para un amigo sincero, en su más reciente edición.

Como ella, otros pequeños confiesan sentirse satisfechos, y atesoran la esperanza de llegar a cuarto grado totalmente rehabilitados, y poder seguir estudiando.

En esta niña y sus compañeritos se resume lo que primero fue un sueño, luego una promesa y por último un hecho que ha ido progresando a lo largo de 22 años.

Era enero de 1988. Estaba en marcha la construcción de nuevas instituciones para la enseñanza que harían cumplir unos de los objetivos trazados por Fidel en su alegato La historia me absolverá.

El 11 de febrero de 1988 quedaba abierto un centro especial para niños estrábicos y ambliopes. Consuelo Larrosa, fundadora y ex directora de la Escuela Especial 28 de Enero, habla con orgullo de aquellos inicios.

«Previo a la inauguración fueron seleccionados los docentes, especialistas, técnicos de salud y el resto del personal que conformaría el colectivo. Todos recibieron preparación con carácter intensivo para el desempeño de las funciones de cada uno dentro de la escuela.

«El 11 de febrero de 1988, en acto masivo popular, quedó inaugurada con la presencia de nuestro Comandante en Jefe la Escuela Especial 28 de Enero», narró Consuelo.

Era la primera escuela para niños estrábicos y ambliopes que acogió a pioneros de diferentes municipios de la capital.

Consuelo recuerda que la matrícula inicial fue de 240 alumnos desde preescolar hasta cuarto grado. En 1993 se estableció la atención a niños desde los tres años, para elevar las posibilidades cognitivas y el restablecimiento de las funciones visuales».

Desde sus inicios el centro ha preservado el propósito de lograr la corrección o rehabilitación visual de los niños, combinando armónicamente el tratamiento oftalmológico individual diario y el trabajo correctivo-compensatorio e instructivo que realizan los maestros en la clase.

«Hoy, a 22 años de fundada la escuela, me siento como el primer día, porque el sueño de Fidel es una realidad y contamos con maestros excepcionales que se dedican por entero a la rehabilitación y educación de las jóvenes generaciones».

El centro cuenta con una matrícula de 345 alumnos, atendida por 108 profesores y trabajadores de apoyo; existen diferentes áreas para la docencia y la recreación, entre las que se destacan un laboratorio de computación, una biblioteca y un parque infantil, comenta Elsa Caridad Peñalver, directora de la escuela.

«Al colectivo pedagógico se suman los integrantes del equipo médico, formado por una doctora, enfermeras y técnicos en oftalmología. El mismo brinda dos consultas de diagnóstico y diez de tratamiento, según la patología visual de cada niño».

Elsa destaca entre los principales logros de la institución la cantidad de alumnos que cada año ha podido egresar a la enseñanza general.

La superación profesional de todo el personal docente es una de las prioridades, que permite contar con 19 másteres, 23 licenciados y estudiantes en formación, así como mantener el prestigio de la entidad y ofrecer la atención diferenciada que los pequeños necesitan.

«Esta obra de amor que tejemos cada día con talento, sigue siendo la superescuela, una de las mejores y más humanas instituciones que Fidel haya concebido en su vida», expresó.

«Cuanto hemos conquistado lo debemos esencialmente a nuestra Revolución, que hizo posible la Educación Especial, y a este generoso colectivo, dispuesto a dar lo mejor de sí».

Las enfermedades que aquejan a estos niños no constituyen una muralla para cumplir un sueño y explorar lo desconocido.

Ver a los infantes recibiendo las habilidades que les permitan incorporarse a las labores de la sociedad es un logro del sistema cubano que muestra al mundo resultados integrales.

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