Un día aciago de José Martí

El poema Padre suizo, de José Martí, cumple 128 años este 1ro. de septiembre. Fue redactado en Little Rock, Arkansas, Estados Unidos y alude a la doble tragedia de un padre pobre que mató a sus hijos y se suicidó junto a ellos, porque no podía mantenerlos

Autor:

Luis Hernández Serrano

Padre suizo, conmovedor poema escrito por José Martí —en sus Versos Libres— cumple exactamente 128 años este 1ro. de septiembre. Redactado en Little Rock, Arkansas, Estados Unidos (con 46 versos asonantes y endecasílabos) alude a la doble tragedia de un padre pobre que mató a sus hijos y se suicidó junto a ellos, porque no podía mantenerlos.

Un telegrama en Nueva York informó entonces que días antes, en Logan, cerca de París, el suizo Edward Schwerzmann, llevó a sus tres hijos —uno de 18 meses y los otros de cuatro y cinco años— los tiró a un pozo, y se lanzó tras ellos. Veamos el poema:

«Dicen que un suizo de cabello rubio/Y ojos secos y cóncavos mirando/Con desolado amor a sus tres hijos,/Besó sus pies, sus manos, sus delgadas,/Secas, enfermas, amarillas manos;/Y súbito tremendo, cual airado/Tigre que el cazador sus hijos roba,/Dio con los tres y con sí mismo luego,/En hondo pozo —¡y los robó a la vida!/Dicen que el bosque iluminó radiante/Una rojiza luz y que a la boca/Del pozo oscuro —sueltos los cabellos,/Cual corona de llamas que al monarca/Doloroso, al humano, sólo al borde/Del antro funeral la sien desciñe—,/La mano ruda a un tronco seco asida,/Contra el pecho huesoso, que sus uñas/Mismas sajaron, los hijuelos mudos/Por su brazo sujetos, como en noche/De tempestad las aves en su nido,/El alma a Dios, los ojos a la selva,/Retaba el suizo al cielo, y en su torno/Pareció que la tierra iluminaba/ Luz de héroe,¡y que el reino de la sombra/La muerte de un gigante estremecía!/¡Padre sublime, espíritu supremo/Que por salvar los delicados hombros/De sus hijuelos, de la carga dura/De la vida sin fe, sin patria, torva/Vida sin fin seguro y cauce abierto,/Sobre sus hombros colosales puso/De su crimen feroz la carga horrenda!/¡Los árboles temblaban, y en su pecho/Huesoso, los seis ojos espantados/ De los pálidos niños, seis estrellas/Para guiar al padre iluminadas,/Por el reino del crimen parecían!/¡Ve, bravo! ¡Ve, gigante! ¡Ve, amoroso/Loco! ¡Y las venenosas zarzas pisa/Que roen como tósigos las plantas/Del criminal, en el dominio lóbrego/Donde andan sin cesar los asesinos!/ ¡Ve! que las seis estrellas luminosas/Te seguirán, y te guiarán, y ayuda/A tus hombros darán cuantos hubieren/Bebido el vino amargo de la vida!».

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