Tres locomotoras sobre el campo

Lidier, Yordany y Yaisel, vanguardias juveniles campesinos, creen que la entrega, el don y el amor son la santa trinidad de un productor

Autor:

Julio Martínez Molina

Cruces, Lajas, Rodas, Cienfuegos.— Cualquiera se confunde con este joven serio e introvertido. De no tener delante su hoja de servicios, pocas personas conocerían el extraordinario potencial laboral y humano de Lidier Vega Sánchez.

El destacado productor de 25 años, perteneciente a la cooperativa de crédito y servicios fortalecida (CCS) Ramón Balboa, del municipio de Cruces, fue electo Vanguardia Juvenil Campesino durante 2009 y delegado al X Congreso de la ANAP, y es integrante de la UJC, de las Brigadas Técnicas Juveniles y de la Brigada Juvenil Campesina.

Como si fuera poco, atesora otros méritos, entre los que se encuentran disímiles reconocimientos por su labor y el cumplimiento al 102 por ciento de su plan de entrega.

Siembra cultivos varios: plátano, yuca, maíz, frijol, cebolla… sobre un área de 150 cordeles (un cordel equivale a 20,35 metros*). Según su criterio, los elementos imprescindibles para trabajar en el campo son: «voluntad, sacrificio, amor e inteligencia».

¿No hace falta además don, mano o cómo se diga?, le inquiero: «También. Eso que tú dices, yo lo heredé de mi padre, quien me enseñó los trucos del surco desde niño».

Se ven muchos animales alrededor de su finca. Me aseguran que Vega Sánchez trabaja 12 horas diarias. Le pido me describa una jornada laboral típica.

«Tengo vacas, puercos, gallinas. Al levantarme ordeño las vacas y les doy su comida a todos. Luego voy para el campo hasta las 11 más o menos, a dedicarme a lo necesario según el momento del cultivo. Regreso a las dos de la tarde, después del almuerzo, para permanecer hasta las cuatro o las cinco. Vuelvo entonces con los animales».

Durante la siembra y recolección lo ayudan tres obreros de la CCS. Al muchacho le va bien en los ingresos y construyó una casa, para la cual compró todo lo necesario con el objetivo de vivir junto a su esposa Leydi y su niña Leydi Diana, de cuatro años.

Cuando por cuestiones de oficio uno entrevista a otros jóvenes campesinos, no todos hablan en términos muy favorables de su relación con Acopio. A él, sin embargo, le funciona el mecanismo. «A mí me va bien en esa relación. Ahora le vendí 15 quintales de maíz y tengo contratados otros 40. Poseo el respaldo de la CCS y de la ANAP».

¿Nunca has afrontado siquiera un problema? «Bueno, alguna que otra traba; la cosa de las cajas que no aparecen para recoger determinada producción»… ¿Te sucedió con algún cultivo específico? «Me pasó con un tomate». ¿Qué hiciste? «Cogerlo para puré».

Así es Lidier. A todo le halla solución, sin faltarle el ánimo. Quiere al campo y lo abre cada mañana a base de perseverancia. Labra sus días contento, amante de su labor, al lado de su familia y con unos ingresos más que decorosos, frutos de su sudor.

Un mismo idioma

El perfil de Yordany León Sánchez, de la CCS Antonio Maceo, del municipio de Lajas, resulta bastante similar (casado, niña pequeña, casa nueva, entradas favorables) salvo en que tiene diez años más que su compañero crucense.

Este doble militante (UJC y Partido), secretario general de su comité de base, miembro no profesional del Buró Provincial durante dos años y medio, así como delegado a varios foros de relieve durante los años más recientes, conoce bien los intríngulis de la cadena producción-comercialización, en tanto integra la junta directiva de su CCS.

Él le saca hasta el último zumo a su caballería y media (una caballería equivale a 13,42 hectáreas*), donde produjo en 2009 más de 288 quintales (un quintal equivale a 46 kilogramos*) de cultivos varios, con lo que sobrepasó en un 44 por ciento su plan. En el actual año piensa llegar a los 600 quintales.

«El problema fundamental que afrontamos los que trabajamos la tierra es que no siempre se relaciona el precio de los productos con la inversión efectuada por el productor. Hay un grupo de recursos que no siempre nos llegan y se nos encarece de forma notable el costo de la producción».

Considera que en la leche y la carne de cerdo ya se dio en la diana en el tema, pero que aún constituye una asignatura pendiente para los productos agrícolas.

«No cabe en la cabeza de nadie que el garbanzo te lo estén pagando a ocho o nueve pesos la libra, mientras al frijol, plato de la mayoría de los cubanos, Acopio le fije el precio en alrededor de los cuatro pesos», observa.

Esta temporada a Yordany la cooperativa le asignó un grupo de recursos para estimular la siembra del arroz, lo cual agradece, pero no obstante aprecia que ello es insuficiente.

También considera que existen «muchas trabas a la hora de comercializar. El contrato tampoco es algo muy serio; es más bien un pacto entre la cooperativa y el productor, pero que no cuenta con respaldo jurídico».

Ahora Yordany tiene sembrados diversos frutales, plátano, yuca…, pero lo que más le urge es la cosecha del arroz, ya que se encuentra próximo al corte.

Durante los pico de cosecha se contrata mano de obra, aspecto en el que observa que «la cooperativa ejerce un rol de intermediario que con frecuencia se dificulta. Son muy informales; vienen un día, al otro faltan y en otras vienen el doble de los necesarios para la jornada».

Le propongo que me abra o sugiera una vía para resolver todas las problemáticas enunciadas. Y argumenta: «No va a haber solución total hasta que todos hablemos el mismo idioma, primen el orden y la organización, y además sean suplidas con mayor holgura las necesidades del productor».

Afirma que «lo ideal sería contar con una tienda habilitada con lo necesario, aunque sé que las circunstancias económicas lo impiden por el momento».

«Existe una tienda ya —complementa—, la de suministros agropecuarios o de “puntos”, como le llamamos, pero la compra es muy limitada. A veces está la mochila en exhibición, pero no existe para tú comprarla, no hay tu número de zapato, escasean cosas necesarias de la cotidianidad…».

Dos mil litros de leche mensuales

No le va todo lo favorable que desea con el tema «tienda» al ganadero de 28 años Yaisel González Estupiñales, de la CCS Orestes Jiménez, en el municipio de Rodas. Al igual que Yordany, conoce las limitaciones actuales de la economía, pero sugiere que se busquen variantes ante necesidades impostergables.

«Cuando voy, casi nunca hay en existencia lo que requiero. Una de las cosas que más me golpea a mí, y a los ganaderos en general, es la ausencia de alambre para cercar.

«Otra carencia es la mochila para el riego. Los vaqueros la necesitamos sobre todo en la seca, porque empieza la garrapata y hay que fumigar a las vacas; de lo contrario se enferman. Hacen falta igual otras cosas, pero eso es lo más importante y urgente», asevera.

Yaisel abunda en el asunto: «Es bien difícil encontrar el líquido para fumigar el potrero. Nos deben vender el “potrerón” u otros pesticidas para matar el aroma, pero cuando entra a la tienda vuela».

En cuanto a lo demás, todo le fluye de forma orgánica y favorable a este ganadero Vanguardia Provincial de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, quien durante 2009 aportó 18 000 litros de leche y tiene un plan para este año de 25 000.

Él posee en usufructo 13 hectáreas y media de tierra gracias al Decreto-Ley 259 (como Lidier, en Cruces). Recibió esta extensa superficie repleta de un marabú cuyo viejo tronco se cebó al paso del tiempo. En cuatro meses la limpió él solito, y luego la hizo producir con las vacas que compró.

«Hoy tengo 35 reses. Aunque el volumen de leche depende de la estación y la cantidad de hembras paridas, he llegado a entregar hasta 2 300 litros mensuales, una cifra considerada alta. Empecé en baja, pero he ido subiendo; voy a seguir creciendo, porque ya tengo más novillas para parir, ocho exactamente».

A Yaisel le fue muy favorable la decisión del Estado de aumentar el pago de la leche al ganadero. «Como vivo en un sitio muy intrincado y no puedo acarrearla hasta el lugar de la transportación, el carro va a mi finca y me pagan un poco menos, pero igual está bien, pues hablamos de 2,40 por litro», asevera.

Sin ningún tipo de problemas le vende el alimento al Combinado Lácteo Escambray y a Comercio, específicamente a las bodegas.

Solo su padre lo apoya en la faena diaria. El domicilio suyo está a poco más de un kilómetro de la finca, adonde llega a las cinco de la mañana y la abandona a las ocho de la noche. A esto se suman eventuales visitas del joven, o turnos de guardia de medianoche y madrugada para vigilar su ganado.

Quiere que su pequeño Jean Michel, de un año, siga sus pasos. Falta haría, porque en su cooperativa, Yaisel es el único vaquero joven, de los cerca de 20 existentes.

Y aconseja que pierdan el miedo todos aquellos tentados a trabajar en el giro, pero que experimentan duda o inseguridad. «Se pasa un poco de trabajo al principio, pero luego se le coge el hilo. Si hacen las cosas con entrega y amor, la ganadería los saca afuera».

*Los equivalentes son tomados del tabloide del curso Metrología para la Vida, editado por el Instituto Nacional de Investigaciones en Metrología.

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