Viaje a la semilla de los festivales mundiales de la juventud y los estudiantes

La lucha por la paz, la amistad, la solidaridad y contra el imperialismo ha marcado el intenso recorrido de los festivales mundiales en sus 63 años de historia

Autor:

Yailin Orta Rivera

Quien intente recorrer la historia de los festivales mundiales de la juventud y los estudiantes tropezará con las angustias que han pesado y gravitan sobre la humanidad, que han sido caldo de cultivo para que los jóvenes progresistas de diversas latitudes no plieguen sus banderas.

Este viaje a la semilla nos conduce al verano de 1945, en el que el deseo de paz animó a jóvenes de 63 naciones a celebrar la Conferencia Mundial de la Juventud de Londres, después de que el 8 de mayo de ese año los representantes supremos de los ejércitos fascistas firmaran en Korlshorst, Berlín, el acta de capitulación incondicional ante las fuerzas aliadas antihitlerianas, sellando así la insondable pesadilla vivida.

Aún con las ciudades pulverizadas y con el dolor punzante por los más de 54 millones de muertos que cobró la II Guerra Mundial, la propuesta de crear la Federación Mundial de la Juventud Democrática (FMJD) y la iniciativa de organizar periódicamente los Festivales Mundiales ganaron gran aceptación entre los 437 participantes en el trascendental cónclave.

Asaltadas por la juventud

Praga, la capital de la entonces República Socialista de Checoslovaquia, fue la ciudad que vibró al calor del I Festival, celebrado en 1947, en tiempos en que soplaban los primeros vientos de la guerra fría.

Reunidos bajo el lema ¡Juventud, únete en la lucha por una paz firme y duradera!, más de 17 000 muchachos, de 72 países, inauguraron la cita en el estadio praguense Strahov.

En el segundo evento, al que Cuba pudo asistir por primera ocasión, la sede fue Budapest, en 1949. Desde esa ciudad más 20 000 jóvenes de más 80 naciones se manifestaron a favor de los pueblos que mantenían la lucha anticolonialista.

La juventud griega y española, en lucha frente a los regímenes fascistas de sus países, recibieron el apoyo de cientos de miles de corazones que simpatizaban con las posiciones democráticas.

La tercera asaltada por los jóvenes del mundo fue Berlín, en 1951. En aquellos días transcurría un período de intensa agudización de los problemas internacionales. Por primera vez después de la II Guerra Mundial, los peligros de una nueva conflagración viciaban la atmósfera del planeta.

En la capital de la recién fundada República Democrática Alemana (RDA), unos 26 000 delegados desfilaron contra la militarización, el revanchismo y la guerra. Entre los cubanos allí reunidos estaban Nicolás Guillén, Alfredo Guevara, Raúl Valdés Vivó, Antonio Núñez Jiménez y Carlos Rafael Rodríguez.

El Moncada cambió el destino

En 1953 la popularidad de estos eventos comenzaba a preocupar seriamente a los ideólogos burgueses y a la prensa occidental. La guerra fría continuaba en su punto álgido y los focos de atención en el mundo se mantenían sobre la guerra de Corea y las causas independentistas de los pueblos de Vietnam y Argelia contra el colonialismo francés.

En América Latina, golpes militares convulsionaban al continente. Y Fulgencio Batista en el poder, frustraba los intentos democráticos del pueblo cubano e imponía su dictadura.

Fue en ese contexto en el que Rumanía mostró sus mejores galas para recibir a más de 30 000 jóvenes. Vísperas de la celebración se firmó el armisticio en Corea, por lo que este acontecimiento internacional se convirtió en el tema central del evento juvenil de Bucarest.

En la Constitución del Comité Internacional Preparatorio del evento juvenil estuvo presente Raúl, entonces miembro de la Juventud Socialista, quien presidiría la delegación cubana al encuentro. Sin embargo, una cita con la historia, dos meses después, le impidió asistir: el asalto al cuartel Moncada.

Banderas jóvenes

Dos años más tarde, 31 000 jóvenes se dieron cita en la capital de la entonces República Popular de Polonia, en la que celebraron el décimo aniversario de la derrota sobre el fascismo.

Entre los tópicos abordados trascendió la reunificación de Alemania y la eliminación de los focos de tensión que el imperialismo alimentaba en diversas partes del hemisferio.

No podía corresponderle a otra que a Moscú, primer Estado socialista del mundo, ser la sede del VI Festival en el año en que se festejó el 40 cumpleaños de la Gran Revolución de Octubre.

A pesar de los intentos por hacerlo fracasar, 34 000 jóvenes de 131 países desfilaron por las calles moscovitas adornadas con un mar de banderas rojas.

Hasta 1959 el éxito de los festivales solía explicarse porque se hacían en los países socialistas, pero cuando el movimiento juvenil mundial decidió organizar su fiesta internacional en Viena, Austria, se puso al descubierto el poder movilizativo y la unidad de ese evento.

Las nuevas condiciones en Cuba después del triunfo del 1ro. de enero permitieron que asistieran 186 compañeros, quienes recibieron el afecto y la admiración de los jóvenes de otras nacionalidades.

Helsinki, en Finlandia, acogió el próximo Festival, al que asistieron representantes de más de 1 500 organizaciones juveniles, cifra que superó en más de 300 a los asistentes de la cita precedente.

En estos años el mapa geopolítico cambió: bajo el empuje de los movimientos de liberación nacional comenzó a desmoronarse definitivamente el sistema colonial del imperialismo y en África aparecieron decenas de estados independientes, lo que propició que su juventud se integrara a los preparativos de este evento, en el que los jóvenes que representaron a Cuba fueron despedidos por Fidel.

«Por la solidaridad, la paz y la amistad!» fue el lema que aglutinó en 1968 a los jóvenes del mundo en Sofía, la capital de Bulgaria.

En este espacio, Vietnam fue centro de interés de todos los participantes y se concedió también gran importancia a la solidaridad con los pueblos y con la juventud de los países árabes que luchaban contra las consecuencias de la agresión de Israel.

En 1973, por segunda vez en la historia de los festivales, los berlinenses engalanaban su ciudad para recibir a los huéspedes del mundo.

El clima internacional que rodeó los preparativos del X Festival favoreció a los amantes de la paz. Vietnam en esta ocasión encabezó el desfile, mostrando su bandera victoriosa, y arrancó una impresionante ovación de la multitud.

En este encuentro se celebró por primera ocasión el Tribunal Internacional La juventud acusa al imperialismo. Los valientes testimonios de los jóvenes del planeta pusieron al desnudo el carácter agresivo del capitalismo.

Capital de la solidaridad

Con la XI edición, por primera vez la fiesta juvenil del mundo se alejó del territorio europeo para ir hasta el continente americano, específicamente hacia el primer país socialista del hemisferio occidental.

En esta especial ocasión el Comité Nacional Preparatorio fue presidido por Fidel, quien puso todos sus esfuerzos en una cita que se realizó en el mismo año del centenario de la histórica Protesta de Baraguá, del XXV aniversario del asalto al Cuartel Moncada y del natalicio 125 de nuestro Héroe Nacional.

En los días del Festival visitaron La Habana personalidades mundiales como los padres de Tamara Bunke, el padre de Ernesto Guevara, Hortensia Bussi de Allende; el dirigente comunista chileno Luis Corvalán; San Nujoma, presidente de la SWAPO; el líder palestino Yasser Arafat; Oliver Tambo, presidente del Congreso Nacional Africano; Vo Thi Tang, heroína vietnamita, y Romesh Chandra, presidente del Consejo Mundial de la Paz.

En el año 40 de la creación de la FMJD y de la victoria contra el fascismo, Moscú se dispuso nuevamente a organizar la fiesta de los jóvenes.

En la capital soviética, jóvenes cubanos sumaron a los debates la importancia de comprender la situación económica del Tercer Mundo y la imposibilidad que tienen estos países de pagar la deuda externa.

Fue en 1989 en que por primera vez la juventud progresista mundial alzó sus banderas en un país asiático, en la República Popular Democrática de Corea.

En esta oportunidad llegaron 15 000 delegados a Pyongyang, gesto que se convirtió en una expresión de solidaridad universal con la República Popular Democrática de Corea, en su legítimo derecho a la reunificación pacífica de la península, dividida y parcialmente ocupada por Estados Unidos desde 1945.

Alzar el vuelo

El XIV Festival, que se celebró en 1997 en La Habana, volvió a marcar una pauta en la historia de este movimiento. Ocho años después del evento anterior, muchos apostaban a que la iniciativa había sucumbido con el desplome del campo socialista.

Cuando Fidel, en agosto de 1995 en el Festival Cuba Vive, sugirió la idea de que el movimiento volviera a ser un sol de fuego, una chispa prendió en el corazón de los jóvenes. Y el 23 de abril de 1996, a solo ocho meses de aquella propuesta, se aprobó la convocatoria en Bruselas, Bélgica.

El XIV, dedicado a la memoria del Guerrillero Heroico, retomó las mejores tradiciones de los eventos anteriores y se readecuó a los nuevos retos de la humanidad.

Argelia, en 2001, retomó la llama encendida en La Habana. En esta ocasión, en que por primera vez llegó la propuesta a tierras africanas, la delegación cubana tuvo una composición multinacional.

El año 2006 fue el escogido por la juventud mundial para alzar sus voces desde la Revolución Bolivariana liderada por Chávez. En la trascendental cita de Caracas se ratificó, desde la tribuna del XVI Festival, el compromiso con la verdad y se abogó por un mundo de verdadera justicia e igualdad social, como garantía de la supervivencia de la especie humana.

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