Madretierra

Autor:

René Tamayo León

No es el río. Es la cuenca. En el topónimo del río Mayabeque, palabra cara a los poetas siboneyistas de antaño y los repentistas de hoy, se encuentra una de las inspiraciones que dieron bautizo a la nueva provincia homónima.

Los ingenieros José de la Cruz Caballero y Osmany Campos, especialistas de la Dirección de Recursos Hidráulicos de la provincia de Mayabeque, y el resto de los miembros de una expedición que recorrió los nacimientos de agua que dan origen a esa cuenca, defienden un principio más abarcador.

El grupo, liderado por el máster en Ciencias Cruz Caballero y su colega, e integrado por compañeros del Partido provincial y el Gobierno municipal de San José de las Lajas, lugareños de la Sierra de Caraballo, y un equipo del telecentro de Santa Cruz del Norte y JR, piensa que es más legítimo enfocarse en la cuenca Mayabeque, la cual abarca parte de siete de los 11 municipios de la provincia.

De norte a sur, esta tiene su nacimiento en el parteaguas de las montañas que dan abrigo a Jaruco, Santa Cruz del Norte y Madruga. De ahí sus aguas bajan por San Nicolás, Güines y San José hasta desembocar en Melena del Sur, donde el río se integra al mar, al golfo de Batabanó.

De forma más o menos directa, se asientan o tienen su vértice en esta cuenca hidrográfica alrededor de la mitad de la población y el territorio de la provincia, además de que abastece de ese líquido a parte importante de la agricultura de la región, de la vecina Artemisa y también a zonas urbanas capitalinas.

En tanto, el río homónimo, el de mayor caudal de la provincia, toma su nombre a partir de la confluencia de los ríos Mampostón y Culebra (más conocido como Americano), que son sus afluentes principales y nacen mucho más arriba que este, cuyo origen su ubica en el Ojo de Agua de Catalina de Güines.

Mayabeque, en fin, es la primera provincia cubana que rinde homenaje al agua. Además de rescatar un vocablo de nuestras poblaciones originarias, es un monumento a algo sin lo cual la vida no podría existir. «Un recurso finito, y del que se asegura será el motivo, en el futuro cercano, de grandes conflictos mundiales», recuerda el ingeniero José de la Cruz Caballero.

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