Artemisa, la llave de Occidente

La cultura e historia de Artemisa, su plantel industrial e infraestructura y sus perspectivas económicas la convertirán en un territorio clave para la nación. Así piensan los lugareños de la nueva provincia, surgida de la división político-administrativa de la antigua La Habana y Pinar del Río

Autor:

René Tamayo León

Era el camino a Vueltabajo. O viceversa. Artemisa fue parada obligada para todos los cubanos enrumbados por esos lares. Punto de trasbordo de ómnibus, con sus viejas Skodas de colores pasteles y franjas rojas que hacían la ruta desde La Lisa hasta allí —y viceversa. O estación de alto para merendarse un batido de plátano, tenido por mucho tiempo como el mejor de Cuba.

Así fue hasta que la autopista Habana-Pinar del Río se terminó. Artemisa comenzó a ser entonces un pueblo más. Fuerte y único, con una historia independentista y revolucionaria envidiable, pero otra ciudad mediterránea más, como las muchas que tiene la Isla... La geografía, sin embargo, siempre se impone.

Desde el este, por la Carretera Central, Guanajay lleva a Artemisa. Kilómetros antes, Caimito y Bauta también. Desde el norte, Mariel va hasta allí. Loma abajo, Bahía Honda también. Por el sur, Alquízar, Güira de Melena y San Antonio de los Baños trepan por sus llanuras. Desde el oeste, San Cristóbal y Candelaria hacen el viaje al revés... Todos los caminos de Artemisa (la provincia) conducen a Artemisa (su capital).

Claves identitarias

Recién nacida en 2011 por la división político-administrativa de la antigua La Habana y Pinar del Río, Artemisa tiene dos ejes culturales e idiosincráticos muy definidos, explicó a JR Daniel Suárez Rodríguez, presidente de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba aquí, en un encuentro que permitiría al equipo de este diario hacerse un juicio propio sobre las claves identitarias —reales y potenciales— de la nueva provincia.

Un eje es el ariguanabense. Otro, el artemiseño.

En el primero convergen San Antonio de los Baños —con una tradición artístico-literaria de proyección citadina—, Güira y Alquízar. Y además Caimito. Bauta, geográficamente está más cerca de la capital nacional, pero en lo espiritual no deja de ser ariguanabense, o, al menos, el cinturón entre esa idiosincrasia y el cosmopolitismo habanero.

Para el resto de las demarcaciones (mayoritarias en territorio y población), Artemisa ha sido el núcleo sociocultural y económico de referencia. Ella, Mariel y Guanajay, y Bahía Honda, Candelaria y San Cristóbal —que hasta ahora pertenecían a Pinar del Río— comparten un mismo origen.

Tienen su tronco en lo pinareño. En realidad, antes de la división político-administrativa de 1976 casi toda esa geografía atañía a esa provincia. Mas Pinar del Río, al mismo tiempo, tiene un temperamento dual, determinado por la estructura económica principal en cada una de sus dos regiones matrices.

La zona occidental pinareña (que ahora es toda la provincia) es fundamentalmente tabacalera, lo cual determina un tipo de cultura muy específica; y la zona oriental —la que se incorpora a la nueva provincia— está marcada por la agroindustria cañera —lo que también sienta claves y haceres propios— y manufacturera, con una formidable planta industrial en Mariel y Artemisa y parte de Guanajay.

Vínculos de sangre

La provincia recién nació. Pero los sólidos nexos sanguíneos en la región sugieren una existencia añeja y perdurable. En su zona oeste, un gran número de familias tienen repartidos a sus miembros por todos los municipios aledaños, en especial la ahora capital territorial. Algo parecido ocurre con las de Ariguanabo; muchos de cuyos hijos, además, estudiaron en centros educacionales de la ciudad cabecera.

Por otro lado, mientras la capital de Pinar del Río les quedaba muy lejos a los tres municipios que ahora cambiaron de término, y los antiguos habaneros ni siquiera tenían capital provincial, Artemisa —la urbe más sólida de la región— les era adyacente. Constituía en sí misma una fuerza inmanente. Y regresó. Y nadie duda de que sea la ciudad centro. Y esto es visto con muy buenos ojos por los nuevos coterráneos.

El desarrollo infraestructural, agrario e industrial —actual y perspectivo— convertirán a la provincia de Artemisa en la «Llave de Occidente». Así lo sentenció el viejo Hilario Quintana. Fue en el parque de Candelaria, cuando leía el primer número del periódico El artemiseño. Es un criterio que compartieron los entrevistados para este reportaje.

Si en algo coincidieron todos, fue en eso...

Artemiseños ciento por ciento

Ninguna de las personas que participaron en las consultas sobre la incorporación del municipio de Candelaria a la nueva provincia de Artemisa emitió una opinión desfavorable al cambio. Fue un debate realizado en barrios, comunidades y centros de trabajo. Así lo señaló a JR Rolando Díaz Bencomo, primer secretario del Partido en esa localidad.

Candelaria tiene fama de lugar turístico. Las Terrazas y Soroa, de renombre nacional e internacional, lo confirman. Incluso ahora será el territorio de mayor desarrollo en ese sector para la nueva provincia.

Sin embargo, es un municipio agrícola, pecuario y forestal. «Con alrededor de 20 000 habitantes y más de 6 000 trabajadores, todos los sectores económicos están representados aquí», señala el dirigente político.

Para nuestros habitantes —agrega— la nueva división político-administrativa traerá diversas ventajas. «Solo en cercanía, la ciudad de Pinar del Río nos queda a 92 kilómetros; Artemisa está a 25 km. La reducción en las distancias y por ende en el transporte, beneficiará a la ciudadanía en sus gestiones a nivel provincial».

—¿Y cuál es su criterio personal?

—Es algo ventajoso en todos los órdenes. La Habana tenía 19 municipios y Pinar 14. Mayabeque, Artemisa y Pinar del Río, ahora quedan cada una con 11 municipios.

«La experiencia dice que es difícil la atención de las instancias provinciales a tantos municipios. Ahora, sin embargo, podrá haber una mejor atención y distribución de los recursos y un trabajo superior en el resto de los órdenes. Se acortan distancias, se reducen municipios. Creo que son medidas correctas, que contribuirán al desarrollo social y económico de las tres nuevas provincias.

Tiempo de molienda

El central azucarero 30 de Noviembre está haciendo una excelente zafra. Fue el primero hecho por la Revolución que comenzó a moler, en 1980, dice el ingeniero Osniel Crespo, director de esa fábrica de San Cristóbal.

Tras pasar este municipio y Bahía Honda a la nueva provincia, el sector cañero de Pinar del Río desaparece. Se trata de una cultura que aglutina a parte importante de los mejores obreros agrícolas e industriales del país, con un sinnúmero de técnicos e ingenieros de la más alta calificación.

«La división político-administrativa fue una decisión de país, y si se adoptó, tiene que ser una política correcta que apoyamos. Pero sin dudas, la antigua provincia de La Habana no era funcional, este cambio era imprescindible, señala Crespo.

«San Cristóbal es un municipio económicamente muy fuerte. Era el segundo en producción mercantil de Pinar del Río. En 2010, solo nosotros aportamos varias decenas de millones de pesos, por lo que pienso que nuestra integración a Artemisa será un aporte para su consolidación y desarrollo, una fortaleza.

«Soy nacido y criado en San Cristóbal y le puedo decir que hay una aceptación mayoritaria en la población por el cambio. (“Más del 95 por ciento de las personas que participaron en las consultas sobre la nueva provincia aquí lo aprobaron” —señala durante la conversación el funcionario del Partido municipal que nos acompaña  en el recorrido).

«Exacto —retoma la palabra el ingeniero. En realidad, nosotros “caminamos” más para el este, en vuelta de Artemisa, que para Pinar y la mayoría de nuestras familias viven por allá.

«La división, por otro lado, permitirá una organización más funcional del gobierno y las organizaciones políticas y de masas. Hay condiciones para que mejoren todas las gestiones.

«En fin, como cristobaleño no tengo ninguna objeción, todo lo contrario. Pero eso sí, al menos nosotros, los que pasamos ya la adolescencia y la primera juventud, seguiremos siendo pinareños, es algo inevitable».

Loma arriba

Las llanuras de Candelaria y San Cristóbal quedan atrás. Refresca a medida que se avanza hacia el norte. La brisa baja por la Sierra del Rosario y la carretera intramontana que lleva hasta Bahía Honda, que serpentea y sube drástica hasta el batey Ciro Redondo; luego, cae, pero sin estrépito.

Cándido Cruz Oporto tiene 72 años. «Todavía estamos un poco desconocidos, los ciclones del 2008 nos desbarataron los cafetales, pero aquí estamos, recuperándolos, aunque debemos organizarnos un poco más y luchar. Los viveros de café marchan bien, tenemos miles de plantas y mucha voluntad.

«Hasta en esto pienso que nos va ayudar que San Cristóbal se incorpore a la provincia de Artemisa, porque nosotros seremos sus montañas, y eso es bonito. Usted se imagina Artemisa sin la Sierra del Rosario. No tendría lomas. ¡Oiga, y una provincia sin sierras es como Cuba sin mar! ¿No cree?

Amor hondo

Dimelis González, Lileana Martínez, Elizabeth Fonseca y Yésica Fuentes estudian en el instituto preuniversitario urbano de Bahía Honda. La integración del municipio a una nueva provincia es bienvenida para ellas. «Vamos a tener más desarrollo y serán mejores las cosas», dice Lileana.

«Ahora seremos una potencia agrícola, porque algunos de los municipios de la antigua La Habana eran muy fuertes en eso, como Güira de Melena. Eso ayudará, porque aquí somos eminentemente cañeros, cafetaleros y tenemos un puerto», agrega Dimelis.

«Sí, yo creo que tendremos mayores condiciones. Y esperamos prosperar un poco más: que mejore el transporte, que le pasen la mano a las carreteras, que tengamos más recreación...», agrega Elizabeth.

«Que seamos artemiseñas ahora me parece muy bien. En realidad nosotros aquí en Bahía Honda siempre hemos estado más cerca de Mariel, Guanajay, Artemisa. Yo creo que nunca nos hemos sentido pinareñassssssssss —silabea Yésica para exagerar la connotación que quiere expresar.

Meca de la agricultura

La carretera del Gabriel, rumbo a la finca de Julián, divide a Artemisa de Mayabeque. Es la frontera entre Güira de Melena y Quivicán. Del lado mayabequense, caña, mucha caña. Del lado güireño, hortalizas y viandas.

Además de buenas casas y robustos cuerpos, Güira de Melena es la meca de la agricultura cubana. Sus campesinos están entre los mayores y mejores productores del país. Y por supuesto, tienen un nivel económico alto.

Julián es uno de los pequeños agricultores más destacados de la cooperativa de créditos y servicios Antero Regalado. Va a nuestro encuentro pelando una caña. «Ahora somos artemiseños y esta caña es del lado mayabequense, pero bueno, al final somos lo que somos, cubanos, y un cubano que no chupa caña es como niño que no mama teta», dice en broma.

«La formación de la nueva provincia fue correcta. Pero estamos empezando ahora. Hace falta que las cosas marchen bien, que los dirigentes no le saquen el pie a lo que se está haciendo y que todos aportemos los que nos corresponda. Eso es muy importante, porque no solo es decir se armó Artemisa, se hizo Mayabeque, se compactó Pinar del Río.

«La decisión solo es el punto de arrancada. Pero los resultados dependen de todos nosotros. De “indios” y “caciques”.»

Jorge es hijo de Cuco Hernández, uno de los campesinos más legendarios de la región, que hasta sus últimos años de vida fue un importante impulsor en el país del cultivo de hortalizas y uvas. Hombre querido y admirado por su sabiduría y su humildad, algo que lo llevó a ser asesor del gobierno.

Su hijo dice que él no tiene nada que aportar, que solo camina sobre las huellas que dejó su padre. Era contador. Regresó a ocuparse de las tierras de su padre. Piensa que solo su hija, que con apenas 24 años se encamina a doctorarse en ciencias agrícolas, podrá igualarse a Cuco.

Pero él trabaja la tierra tanto y tan bien como su padre. Y así seguirá. Es del criterio de que «ante la nueva división político-administrativa, a los campesinos lo que les corresponde es trabajar. Y si se juntan los potenciales agrícolas de los municipios de la provincia, sin dudas contribuiremos a incrementar el nivel de vida de nuestra población, además de cumplir los compromisos con el país.

«Creo que sí. Que fue bueno. Incluso, yo estudié la carrera en Artemisa, por lo que no tengo ninguna objeción. Eso sí, yo seguiré siendo güireño y habanero. Ya eso no lo podré  sacar de mi cabeza».

Soy de donde hay un rio

Es tierra de artistas de la plástica, trovadores, humoristas, literatos. Es San Antonio de los Baños.

María Isabel Torres Alonso dirige la Academia Provincial de Artes Plásticas Eduardo Abela.

«Siempre La Habana —la surgida en 1976— quiso tener una capital. Y estoy de acuerdo con que era necesario hacer algo al respecto», dice.

Y se remonta a los primeros años de la Revolución, cuando el territorio estaba organizado en regiones. «Una era Mayabeque y otra Ariguanabo» —Pinar del Río llegaba hasta Guanajay—, agrega para explicar que existen antecedentes para entender mejor el actual proceso.

«Dos cosas que me gustaban y gustan de Mayabeque y Ariguanabo son el origen y la musicalidad de esos nombres aborígenes.

¿Artemisa? Es un lugar fundamental en nuestra historia y también en nuestras vidas, incluso mi papá y mi hermano viven allí».

Sobre la división político-administrativa en sí opina que «las características geográficas hacían un poco agobiante, casi imposible, el funcionamiento de la provincia, las comunicaciones y las gestiones de las personas; se hacía muy complejo resolver los problemas».

—¿Cómo usted caracterizaría a sus coterráneos?

—Esta parte del país es de una espiritualidad muy grande. Se nos caracteriza como agricultores, pero tenemos un gran desarrollo cultural y científico.

—¿Qué rasgos identitarios ve usted en la nueva provincia?

—Deberemos empezar a aceptarnos como artemiseños. En esto creo que las instituciones culturales tienen que jugar un papel muy importante: diagnosticar y empezar a formar la identidad de la provincia. Hacia ahí debemos ir.

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