Al coco le ponen el «coco»

Desde hace cinco años un equipo de jóvenes científicos del Centro de Desarrollo de la Montaña investiga las causas del deterioro de la producción cocotera en el macizo Nipe-Sagua-Baracoa

Autor:

Lisván Lescaille Durand

EL SALVADOR, Guantánamo.— Condenada al olvido parece estar la vieja polémica en torno al sitio por dónde le entra el agua al coco. ¿Dónde están los cocoteros? Esa es ahora la interrogante que más preocupaciones despierta en el extremo oriental cubano entre quienes buscan afanosamente una fórmula para detener el decrecimiento en la producción del denominado cultivo de los cien usos.

En los últimos años el acopio de la fruta y la elaboración de aceite, imprescindible para la industria nacional del cosmético, han caído estrepitosamente, desde que en 1990 se registrara su récord histórico de producción, situado en unos 600 000 quintales.

Este sensible asunto y otros problemas del coco son investigados por un equipo de jóvenes científicos del Centro de Desarrollo de la Montaña (CDM), junto a otras entidades, como parte del proyecto nacional Manejo agroecológico del cocotero en el macizo montañoso Nipe-Sagua-Baracoa.

Pese a las medidas organizativas, instrumentadas por los directivos de este cultivo en Baracoa, la producción continúa en picada, mientras la ciencia profundiza y hace recomendaciones para incrementar los rendimientos. En el afán de dilucidar estas sensibles cuestiones, JR entrevistó a algunos de los jóvenes científicos involucrados en el proyecto.

—¿La empresa del coco carece de una tecnología sostenible para ese cultivo; o esta existe, pero se le hace resistencia al cambio?

—La tecnología existente está basada fundamentalmente en la utilización de insumos externos (fertilizantes minerales y pesticidas, entre otros), la cual está descrita en el instructivo técnico del cultivo publicado en el año 1990 por el Instituto de Frutales, pero en la actualidad es poco factible económicamente su aplicación, por el costo de importación de estos productos, precisa el máster en Ciencias Álbaro Blanco Imbert, investigador Auxiliar del CDM.

«Con el proyecto, en cambio, se trabaja para introducir modificaciones en la tecnología existente, buscando una que sea más sostenible a partir del empleo de recursos locales y adaptados a las condiciones específicas de cada zona. Este es un cultivo que comienza a producir a partir de los cinco años; en lugares muy óptimos puede producir a los cuatro, pero no es la generalidad, por tanto las tecnologías para las fases de desarrollo y producción necesitan más tiempo para su validación.

«Se logró una tecnología para la producción de posturas de cocotero de mayor calidad —agrega Blanco Imbert—, en la cual se proponen prácticas relacionadas con el uso de las diferentes fuentes orgánicas propias de la zona, como la fibra de coco, y de fácil obtención, como el humus de lombriz. Se propone, además, el empleo de biofertilizantes que se producen en la provincia, tales como azotobácter y fosforina, así como el uso de reguladores del crecimiento de producción nacional, como el FITOMAS-E.

«La tecnología propuesta permitió disminuir el período de permanencia de las posturas en el vivero y el costo de producción, y elevar la calidad de las posturas al trasplante.

La también Máster en Ciencias Karen Alvarado ratificó su criterio de que «es posible sustituir importaciones y disminuir costos de producción que evitarían la dependencia del mercado exterior, introduciendo tecnologías que se adapten a nuestras condiciones, fomentando la fertilización orgánica con materiales procedentes del mismo cultivo y de la zona, y utilizando bioproductos de fabricación nacional. Esa intención mueve cada propuesta del equipo del CDM», sostiene Alvarado.

—¿Sus propuestas son tenidas en cuenta por los directivos y productores de coco?

—Se ha podido comprobar la aplicación de algunas de las propuestas de manejo de las plantaciones en las áreas donde el proyecto ha tenido incidencia directa: UBPC Roberto Blet, Vivero Playa Duaba, UBPC Mártires de Angola, CCS Caída en combate de José Martí y la finca estatal de la empresa del coco— encomia la experta, quien destaca el apoyo brindado por los directivos para las coordinaciones y el montaje de los diferentes experimentos en las áreas.

—¿En qué medida se ponen en práctica sus investigaciones y recomendaciones; por ejemplo, el mapa de agroproductividad de los suelos o la tecnología para la producción de posturas de coco?

—El mapa de agroproductividad de los suelos, obtenido en conjunto con la Dirección Provincial de Suelos, es esencialmente un resultado para la toma de decisiones sobre dónde se puede o no plantar. Vale destacar que ambos resultados fueron tenidos en cuenta por la Empresa para elaborar el Programa de Desarrollo del cocotero 2009-2013, así como la carta tecnológica del cultivo.

—¿Cuánto han hecho o les falta por hacer a los extensionistas de áreas y cómo concretamente ha influido el CDM?

—En el proyecto se trabaja directamente con los productores y con algunos extensionistas de áreas, al tiempo que se capacita también a quienes no participan directamente en los resultados, para cuando llegue el momento de la generalización sea más fácil y no tener que comenzar de cero, responde Álbaro.

«A pesar de que los productores están dispuestos a introducir nuevas tecnologías que contribuyan al incremento de los rendimientos, no es tan fácil, porque están adaptados al empleo de productos químicos y los resultados no se ven en corto período de tiempo, de manera que siempre hay resistencia al cambio. En este aspecto, tanto a los investigadores como a los extensionistas y directivos, nos queda una tarea ardua que realizar», reconoce Karen Alvarado.

—El equipo del proyecto determinó y mapeó también las áreas cultivadas de cocotero por variedad y ecotipo. ¿Qué les hace falta, adicionalmente, a los cultivadores de coco para plantar las variedades más recomendables?

—Se demostró que el ecotipo indio verde es el que posee mayor distribución, con un 40 por ciento de área cubierta, seguido de los ecotipos verde-cobrizo, chocolate e indio rojo, los cuales se encuentran distribuidos en un 31 por ciento, un 12 por ciento y un 10 por ciento de las áreas, respectivamente.

«El estudio realizado fue de distribución espacial de las variedades y ecotipos en Baracoa. Los productores por sí solos hacen su propia selección teniendo en cuenta lo que ellos son capaces de valorar, pero nosotros les hemos recomendado que no deben plantar en sus áreas una sola variedad o ecotipo, porque hasta lo que se ha podido comprobar la existencia de un mosaico varietal (muchas variedades juntas en una sola plantación) nos ha salvado de los estragos que provoca la enfermedad conocida como amarillez letal. Por lo tanto, mientras no se haya podido determinar (llevará años) cuáles son las mejores combinaciones de variedades y ecotipos por suelo y zona agroecológica, deben tratar de mantener sus mosaicos varietales», sostiene Karen.

Pienso alternativo a partir de harina de coco

El proyecto en cuestión arrojó además la formulación de un nuevo pienso alternativo a base de la harina de coco para la alimentación de conejos y aves semirrústicas, que permite obtener un 99 por ciento de huevos por ave, comparado con el pienso convencional, aseguró Marisol Lafargue Savón, doctora en Medicina Veterinaria del CDM.

«El pienso alternativo para conejos permitió obtener una ganancia en peso de un 90 por ciento, comparado con el pienso convencional. Ello favorece la sustitución de importaciones sobre la base del empleo de materias primas de producción local», afirmó la experta, quien detalló que además de la harina de coco se utiliza maíz, girasol, soya, semilla de mango, harina de boniato (desechos) y plátano burro. Y, en el caso de las dietas para conejos, se empleó maíz, soya, «pergamino» de café y harina de pescado.

Para esa formulación de pienso criollo se tuvo en cuenta los   requerimientos del animal, el aporte en nutrientes de los alimentos con que se confecciona y los límites de inclusión de cada ingrediente, explicó Marisol.

Multimedia sobre el cocotero

Conozca al cocotero se titula la multimedia elaborada por el equipo del CDM para ser introducido en las escuelas de enseñanza primaria, secundaria y politécnica del municipio de Baracoa, con el fin de  despertar en la joven generación el interés por el cultivo del cocotero.

En esta se explican aspectos generales del cultivo, tales como la descripción botánica de cada una de sus partes, las características de clima y suelo en los cuales se desarrolla, así como las principales plagas y enfermedades que lo afectan y la importancia económica del mismo, reseñó Lianne Iglesias Lescay, técnica informática del Departamento Ecológico-Social del Centro de Desarrollo de la Montaña.

«Para ayudar al usuario a adentrarse más en el mundo de este cultivo —expresó— y lograr mejor comprensión de los aspectos que refleja la multimedia, cada uno de los textos está acompañado de fotos y en algunos casos se emplean videos. La información procede de una amplia revisión bibliográfica de literatura, tanto nacional como internacional, además de la comunicación personal con investigadores de reconocido prestigio », añadió Iglesias.

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