Nuevo ejemplo de guerra cibernética - Cuba

Nuevo ejemplo de guerra cibernética

La agresión de fuerzas aliadas contra Libia es también un escenario para poner a prueba la nueva doctrina militar que propugna el Pentágono

Autor:

Amaury E. del Valle

Aun antes de que las fuerzas aliadas que intervinieron en Libia se pusieran de acuerdo en los detalles, desde hacía semanas ya se había desatado una fuerte agresión contra ese país árabe, utilizando la red de redes como campo de batalla.

Esta agresión se ha convertido, para muchos analistas del tema, en un ejemplo clásico de la nueva doctrina militar norteamericana, que contempla el escenario virtual como decisivo y que intenta limitar al mínimo las bajas propias utilizando «armas inteligentes».

Y no se trata solo de aviones y bombas teledirigidos, o de cohetes crucero que con toda la sofisticación con que fueron diseñados terminan errando sus blancos «militares» y ocasionando la muerte de civiles.

Ahora las redes sociales o la guerra mediática se han convertido también en escenarios de conflicto, y a estos se destina tanta atención y soldados, e incluso más, que a la misma contienda convencional.

A la lógica de las nuevas intervenciones, de la cual no existe todavía una teorización concreta, se han referido entre otros oscuros personajes Michael Chertoff, director de Seguridad Nacional de Estados Unidos en el gobierno de Bush, o el general Keith Alexander, quien dirige el llamado Ciber Comando.

Esta estrategia parece seguir cuatro fases bien definidas: una primera de guerra sicológica y de desinformación, utilizando ampliamente para ello los nuevos medios de comunicación virtuales y las redes sociales; una segunda subrepticia, cibernética, inutilizando los sistemas informáticos del país que se va a atacar o distorsionando la información que circula por estos; una tercera de ataques estratégicos contra objetivos y víctimas geolocalizadas, con amplio empleo de aviones no tripulados y bombas inteligentes, para finalmente, y solo si fuera imprescindible, desembarcar las tropas.

El país norteafricano sufre las fases de esta agresión, que no son consecutivas y pueden superponerse entre sí, una por una, como si fuera una obra bien montada, incluyendo la transmisión de los ataques aéreos desde el aire, con imágenes estériles y «victoriosas» de objetivos vencidos, que nada tienen que ver con la mucha sangre, la mayoría inocente, que se derrama en una agresión.

Internet controlada

Las últimas informaciones provenientes del conflicto de Libia pudieran parecer incongruentes, si se tiene en cuenta un reporte de prensa de la agencia AP, la cual sostiene que si bien la coalición imperialista occidental que ataca a Libia, liderada por Estados Unidos, Francia y Reino Unido, califica de «exitosa» la operación, voceros militares norteamericanos anunciaron que entregarían el comando de esta a otras manos.

La razón parece radicar en que la denominada Odisea del Amanecer, nombre clave de la operación, no respondió a las expectativas creadas por las mismas campañas de desinformación montadas por ellos, que preveían solo unas cuantas incursiones para que el pueblo libio claudicara.

Así, y ante la expectativa de una resistencia fuerte, la Casa Blanca ha comenzado imperceptiblemente a lavarse las manos, dejando el trabajo sucio a las tropas de la OTAN.

Además, la operación tiene múltiples contradicciones internas, entre estas que, según el vicealmirante William E. Gortney, director de personal del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, matar al líder libio Muammar al-Gaddafi no es un objetivo de la campaña, y sin embargo su residencia personal fue ampliamente bombardeada.

Y esta fue solo la concreción final, porque en realidad el ataque virtual contra Gaddafi comenzó mucho antes en Internet, donde los grandes medios de prensa se apresuraron a satanizarlo de todas las formas posibles.

Para ello, y no es secreto, Estados Unidos cuenta con un cuarto ejército con alrededor de 90 000 hombres sobre los teclados, integrados en el denominado Ciber Comando.

Y por si fuera poco, hay un arma más poderosa todavía con la cual cuenta la Casa Blanca, y que ahora no ha tenido reparo alguno en reconocer su utilización, si bien la enmascaró con un pretexto como el terremoto de Japón, ideal para encubrir esta manipulación cibernética.

Fuentes del Ejército de Estados Unidos afirmaron a raíz del temblor en la nación nipona y posterior tsunami, a lo cual se le sumó el accidente en la central termonuclear de Fukushima, que habían decidido restringir el acceso a Internet a determinados sitios muy populares, con tal de priorizar la coordinación de las tareas de apoyo al devastado país asiático.

Curiosamente, la decisión casi coincidió con el lanzamiento de los primeros ataques contra Libia y la intensificación de la campaña mediática y la guerra virtual contra los sistemas informáticos de ese país, en la cual realmente se precisa mucho más ancho de banda que para mantener las comunicaciones con las fuerzas apostadas en Japón.

Los ataques a Trípoli, Bengazi y otras ciudades se han realizado con varios aviones teledirigidos, que son controlados desde una base en Stuttgart, Alemania, para lo cual se precisa ancho de banda, así como se necesita para la campaña de desinformación sobre lo que ocurre en Libia, que desde hace semanas cobró intensidad especialmente en las redes sociales, uno de los espacios priorizados por la manipulación de Internet que hizo Estados Unidos.

Un despacho de prensa consignaba que los soldados cibernéticos habían creado unos 500 perfiles de usuarios ficticios en redes sociales para interferir e investigar en las corrientes de opinión de servicios como Facebook o Twitter, aunque muchos sospechan que en realidad estaban dando su propia versión de los hechos.

Las mentiras y tergiversaciones en las redes sociales son de tal magnitud, que incluso se difundió el rumor de un supuesto ataque kamikaze contra el palacio de Gobierno libio, de la muerte de sus hijos a manos de terroristas, o que se habían utilizado armas químicas contra Gaddafi, todo lo cual fue desmentido por el Gobierno y hasta por los medios de prensa internacionales en el terreno.

Porque las redes sociales, a no dudarlo, son en los últimos tiempos un campo de batalla, como lo reconoció Dick Costolo, director ejecutivo de Twitter, quien explicó a la agencia EFE que «la red social ya permite seguir la oleada de cambios en los países árabes como si fueran partidos de fútbol en directo».

Lo que olvidó decir el directivo es que desde hace semanas el servicio de Internet en Libia es irregular, en parte por la misma situación de conflicto que vive ese país, y también porque el Gobierno se vio obligado a desconectar muchos servidores para evitar ser atacado por esa vía.

Si eso es así, e incluso los corresponsales de prensa que cubren el conflicto tienen muchas dificultades para comunicarse con sus medios, llama poderosamente la atención que haya tantos y tantos perfiles en Facebook y Twitter que dicen ser libios y narran pormenores del conflicto, en su gran mayoría contrarios al gobierno de Gaddafi, y que además silencian los destrozos que están causando los bombardeos entre la población civil.

Ordenadores soldados

Lo último en materia de guerra cibernética es que ni los nombres de las operaciones militares los eligen los humanos, sino que lo hace una computadora con un programa diseñado para ello.

Así, Odyssey Dawn, en inglés, que además fue mal traducido al español, pues significa Amanecer de la Odisea, y no Odisea del Amanecer, fue seleccionado por un ordenador del mando Africom, con sede en Stuttgart, Alemania, que dirige la operación, según fuentes del Ejército norteamericano citadas por varias agencias de prensa.

No tiene un significado concreto, sino que salió al azar de tres grupos de letras dobles —de JS a JZ, de NS a NZ y de OA a OF— con una serie de palabras predeterminadas que elige la máquina, y como ya se habían utilizado recientemente los dos primeros grupos, la operación esta vez se nombraría con O.

Pero los microchips no seleccionaron, aunque los dirijan, a los B-2, los aviones de combate ultramodernos y los misiles de crucero Tomahawk que ametrallan a Libia.

Este es el principal aporte del Pentágono después de haber encendido la mecha, y querer ahora tomar más distancia, como dejó entrever el general Norton Schwartz, jefe de personal de la Fuerza Aérea, quien anunció que su ejército respaldará la agresión mediante equipos cisterna de reabastecimiento aéreo, aviones de alta tecnología y de vigilancia, monitoreando las comunicaciones y prestando servicios satelitales, así como desde la asepsia del lanzamiento de misiles cruceros a distancia.

Embarcados en una guerra sin fin en Afganistán e Iraq, con una crisis económica apabullante, Estados Unidos ha optado por la nueva ciberguerra como modus operandi.

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