La rebeldía masacrada

Los jóvenes Fructuoso Rodríguez Pérez, Juan Pedro Carbó Serviá, José Machado Rodríguez y Joe Westbrook Rosales fueron asesinados vilmente hace más de medio siglo por la tiranía batistiana

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

20 de abril de 1957. Cuatro jóvenes cubanos dejaron de ver la luz del sol tras poco más de dos décadas de vida. Fructuoso Rodríguez Pérez, Juan Pedro Carbó Serviá, José Machado Rodríguez y Joe Westbrook Rosales fueron asesinados vilmente hace más de medio siglo por la tiranía batistiana, esa que fue responsable de tantas páginas de dolor y muerte en nuestra historia.

Bajo el constante peligro que significa combatir desde la clandestinidad por una noble causa, estos miembros del Directorio Revolucionario, llevaban más de un mes ocultándose de los esbirros, quienes habían emprendido una cruenta cacería contra los sobrevivientes de las acciones del 13 de Marzo, cuando varios comandos revolucionarios asaltaron el Palacio Presidencial y tomaron la emisora Radio Reloj.

Una delación condujo a los asesinos, con el capitán de la policía batistiana Esteban Ventura Novo al frente, hacia un apartamento del edificio de la calle Humboldt, número 7, en la capital cubana, donde se sentían en aparente tranquilidad.

La orden de: ¡tráiganmelos muertos!, emitida por Ventura Novo, no dio margen a otra cosa que no fuera sorprenderlos y asesinarlos con ráfagas a quemarropa. Al parecer ello no resultó suficiente y sus cadáveres ensangrentados fueron «expuestos» a la vista del pueblo en la propia entrada del edificio.

¿Quiénes eran estos jóvenes? ¿Cuáles eran sus delitos?

Fructuoso Rodríguez, estudiante de Ingeniería Agrónoma en la Universidad, presidía en ese momento la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) tras la muerte de José Antonio Echeverría, y además ejercía como secretario general del Directorio Revolucionario.

Juan Pedro Carbó Serviá, quien estudió Medicina Veterinaria en la Universidad, se vinculó desde posiciones activas de oposición al régimen en cualquier actividad de lucha con ese propósito. Había despedido horas antes del asesinato a su futura esposa, Mirta Martínez. Ella lo cobijó y curó en su propia casa cuando Carbó escapaba de la represión luego del ataque al Palacio Presidencial.

José Machado, Machadito, era inseparable de Carbó Serviá. Estudiante de la carrera de Administración Pública en la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad de La Habana, no cesó de luchar heroicamente en las acciones estudiantiles que se gestaron contra la dictadura, como en enero de 1956, cuando resultó apresado por sus manifestaciones en homenaje al natalicio de José Martí.

El más joven de todos, Joe Westbrook, solo contaba con 20 años cuando las balas apagaron su espíritu revolucionario, incansable desde que fungía como responsable del Frente Estudiantil de la Enseñanza Secundaria en el ejecutivo fundador del Directorio Revolucionario. Fue él quien cedió el apartamento a sus compañeros de causa, y quizá era el único que podía haberse salvado, de no haber estado allí.

¿Qué tenían en común? Los ideales revolucionarios que defendieron a plenitud, en consciente asunción del momento histórico que les tocó vivir, desafiando cualquier sacrificio.

Al cabo de más de cinco décadas, el ejemplo valeroso de los mártires de Humboldt 7 enaltece la tradición combativa de nuestro pueblo e inspira a las jóvenes generaciones en su andar cotidiano.

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