En la gaveta del odio

Un descendiente de uno de los sobrevivientes del vapor La Coubre reveló en La Habana que la compañía operadora del buque pretende mantener en secreto, durante 150 años, documentos que podrían contener pruebas del criminal sabotaje

Autor:

Luis Hernández Serrano

Documentos secretos sobre la voladura del vapor La Coubre, realizada en la tarde del viernes 4 de marzo de 1960, en el muelle Pan American Dock, del puerto de La Habana, se encuentran aún clasificados en Francia por la Compagnie Génerale Trasatlántique, sociedad anónima francesa, operadora de la French Line, con la orden de que se mantengan desconocidos durante 150 años.

Lo anterior fue anunciado en conferencia de prensa efectuada en la mañana del jueves en el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) por Jean-Francois Guillotin, hijo de uno de los marineros franceses (Jean-Marie Guillotin), que sobrevivió al espeluznante sabotaje en el que perecieron más de cien personas, entre ellos seis franceses, con un número indeterminado de desaparecidos y más de 300 heridos.

En el encuentro, Jean-Francois estuvo acompañado por su coterráneo, amigo y vecino en París, Douglas Hallawell, ex tripulante de los aviones británico-franceses Concorde e historiador del sabotaje a La Coubre. Actuó como moderador el colega de Granma Internacional Jean-Guy Allard.

Comentaron la siniestra pretensión de que no se conozcan los citados documentos, que deben permanecer clasificados todavía 99 años, pues ya han transcurrido 51 del sabotaje.  el propio Comandante en Jefe Fidel Castro en la despedida de duelo de las víctimas, «(…) nosotros sí tenemos razones más que probadas para creer que se trata de un sabotaje (…) y entre los más interesados en que no recibiéramos las armas que traía ese barco para nuestra defensa, estaban los funcionarios del gobierno norteamericano».

«Yo iba a cumplir dos años cuando la explosión de La Coubre, y mi hermanita tenía seis meses de nacida, pero desde los 15 me he dedicado a estudiar el suceso y me parece muy extraño que sigan secretos los documentos que pudieran ser reveladores de tan lamentable explosión», declaró Jean-Francois.

Jean-Guy Allard calificó de «bomba noticiosa» el conocimiento de que importantes documentos permanezcan ocultos en los archivos de la referida naviera francesa, seguramente por un marcado interés de la CIA.

«Mi padre pudo salir ileso de la primera explosión, ocurrida a las 3 y 15 minutos de aquel fatídico día, y que provocara unas 30 víctimas, porque se encontraba dentro de su camarote, escribiéndole una carta a mi madre; y fue por eso precisamente que solo sufrió la pérdida de parte de una oreja y de la audición de ese mismo lado, entre otras leves heridas».

Efectivamente, tuvo la suerte, por la ayuda de los bomberos cubanos y de las personas del pueblo que enseguida corrieron al lugar, de no estar en el barco cuando se produjo la segunda y más intensa explosión, ocurrida 30 minutos después, que, como la primera, estremeció la capital cubana en el lado oeste de la Bahía de La Habana.

Aquella segunda detonación lanzó a distancia restos humanos mezclados con hierros incandescentes y retorcidos, de los cuales hay una muestra a unos metros del muelle conocido justamente hoy como La Coubre, adonde los dos ciudadanos franceses y familiares de los mártires del suceso, colocaron, luego de la conferencia de prensa, una ofrenda floral, acompañados por funcionarios del ICAP.

Jean-Francois comentó también que actualmente existe en Francia una asociación de historia que reúne datos e investiga aquel suceso.

También se supo en la conferencia que en Internet se pueden consultar detalles de la explosión, pero llega un punto en que uno lee que hay información bloqueada, no consultable, hasta que se cumpla un siglo y medio de lo que puede considerarse como un asesinato masivo inaudito.

Con ayuda de un grupo de cubanos —contó el hijo— Jean-Marie pudo rescatar parte de su equipaje y, luego de los primeros auxilios médicos, fue alojado en el Hotel Plaza, en La Habana Vieja.

«Jean-Paul Sartre, el famoso filósofo francés, amigo de Cuba y de Fidel, de visita en esos momentos en La Habana, le dio ropa suya (pantalón y saco), y aunque le quedaban cortos así apareció en algunas fotos, en el cementerio de Colón, que se publicaron en revistas y periódicos de la época», evocó Jean-Francois.

El sobreviviente del terrible sabotaje murió en 1974.

«Mi padre se formó primero en astilleros navales ingleses y después empezó a navegar, por esas cosas que tiene la vida, hasta que se hizo oficial mecánico. Como tal, si no hubiera sido por su amor a mi madre y estarle escribiendo una carta en el camarote, hubiera estado junto a las máquinas del vapor y sería uno de los muertos, uno de los numerosos desaparecidos o de los más de tres centenares de heridos que provocó aquella explosión», apuntó.

Los familiares de los mártires pidieron a Jean-Francois que tratara de que las autoridades francesas desclasificaran los documentos ocultos que seguramente contienen detalles reveladores de la mano enemiga que provocó la tragedia.

Jean-Francois expresó que se han dado algunos pasos diplomáticos y oficiales con ese fin, y recalcó que la Ley de su país prohibe esconder documentos de esa índole durante tanto tiempo, a no ser que atente contra la seguridad del propio Estado galo.

Explicó que en esta, su primera visita a Cuba, estuvieron en el lugar exacto del puerto de La Habana donde ocurrieron las dos explosiones del buque.

Acotó que es muy emocionante para ellos estar en Cuba, hablar con personas del pueblo, ver fotos que no conocían de la voladura de La Coubre, y que les entristece mucho conocer a cubanos que perdieron allí a familiares muy queridos.

Familiares de los mártires

Rosario Velasco, viuda de Arturo García Manduley, bracero fallecido aquella dolorosa tarde, pidió a Jean que luchara porque se desclasifiquen esos escritos ocultos para que no se pueda seguir escondiendo por más tiempo la verdad sobre el crimen que los cubanos no olvidamos.

«Llevamos 51 años de dolor. Mi esposo salió a trabajar, me dio un beso y no regresó más a mi lado. Estuvo nueve días grave, hasta que falleció, y nuestros hijos también quieren saber», apuntó.

Zoe Alfaro de la Peña contó que su padre, Carlos Alfaro Galbán, amaba su trabajo de inspector general del puerto, pero su cuerpo fue cercenado y destruido por aquellas explosiones. «No lo pudimos abrazar nunca más», argumentó.

Y Alberto Solís Sotolongo, representando el sentir de las víctimas de aquel sabotaje, dijo que no se puede cejar en el empeño de abrir la caja de Pandora que mantiene en el silencio más brutal aquella felonía, una de las más terribles que sufrieron Cuba y la Revolución triunfante en sus primeros momentos.

 

La Coubre

EL vapor La Coubre tenía 4 310 toneladas de peso bruto, 2 155 de peso neto, un calado de 17,8 pies y traía un cargamento de unos 490,156 kilogramos de municiones de explosivos. Pertenecía a la flota de la Compagnie Génerale Trasatlántique, sociedad anónima francesa, operadora de la French Line. En la hoja No. 358 del libro No. 104 correspondiente a la entrada de embarcaciones al puerto de La Habana, aparece registrado el arribo del buque francés el día 4 de marzo de 1960, con el manifiesto de carga No. 1621, a las 08:12 a.m., bajo el mando del capitán George Dalmas.

Los días 13 y 14 de octubre de 1959 ya el buque había estado en La Habana. Para la nueva visita había partido del puerto de Le Havre, en Francia, hacia Hamburgo, Alemania, y Amberes, Bélgica, para regresar nuevmente a Le Havre. Llevaba inicialmente 38 tripulantes, traía 525 cajas de granadas y 967 cajas de municiones de seguridad, según se revela en el libro Girón. Preludio de la invasión. El rostro oculto de la CIA, escrito por Manuel Hevia y Andrés Zaldívar, del Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado.

 

 

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