Salvar la condición humana

Los programas de reeducación en el Sistema Penitenciario de la Revolución cumplen 50 años

 

 

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Quienes deben cumplir una sanción penal se benefician de un intenso proceso de transformaciones, que comenzó a implementarse hace cinco décadas con el objetivo de contribuir al mejoramiento de la condición humana y la conducta social, y cuyos resultados son satisfactorios.

La adopción de un sistema progresivo más justo y avanzado; nuevas clasificaciones de la población penal que aseguran mejor tratamiento colectivo e individualizado; la incorporación voluntaria al trabajo socialmente útil y remunerado con fines educativos, así como el desarrollo de actividades de carácter artístico, cultural y deportivo son algunos de los frutos de esas transformaciones, que dieron al traste con la corrupción judicial y administrativa, la discriminación racial y social, el crimen despiadado y el tratamiento cruel que caracterizaban al sistema penitenciario cubano antes de 1959.

En correspondencia con la idea del Comandante en Jefe Fidel Castro, cuando expresó que de todos los programas, el que más le apasionaba era el de convertir las prisiones en escuelas, por ser el más humano, más justo y solidario, se incluyó la organización de un subsistema educacional para la enseñanza general y técnica que les permite a los internos elevar su grado de escolaridad y aspirar al estudio de carreras universitarias.

A ello se suma el programa audiovisual que desde octubre de 2001 ha dotado a cada centro penitenciario de televisores y equipos de video para el desarrollo del plan de estudio Por nuevos caminos, sobre la base de materias impartidas en los diferentes cursos de Universidad para Todos, complementado con la existencia de bibliotecas.

Garantizar mejores condiciones en los centros penitenciarios y lograr la participación de los reclusos en la ejecución de obras sociales y económicas y en la producción de alimentos son otros de los desafíos asumidos, que contribuyeron a la formación de valores humanos y a un mayor impacto social en sus vidas y las de sus familiares, con quienes mantienen estrecha comunicación.

Claro está, para lograr efectividad en el proceso formativo se requiere la preparación técnica profesional de quienes en calidad de educadores penales se mantienen en contacto directo y constante con los internos, la cual ha sido una prioridad en el sistema penitenciario.

La atención médica y estomatológica a todos sin distinción; el tratamiento diferenciado a aquellos que por su edad aún tienen en formación su personalidad, y la inserción en el estudio de oficios para su futuro desempeño al concluir su sanción —la cual puede reducirse anualmente hasta cuatro meses según su comportamiento— son reflejo fiel de que este 16 de septiembre el Sistema Penitenciario Cubano sigue brindando «manos» para la rehabilitación y reinserción social de los que un día cometieron un error.

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