¿Lloverá café este año?

Elevar las producciones cafetaleras en las montañas es más que prioridad, una necesidad. En el Escambray cienfueguero la nueva cosecha constituye un importante desafío para los montañeses

Autor:

Litzie Álvarez Santana

MACIZO DE GUAMUHAYA, Cumanayagua, Cienfuegos.— Una tradición que distingue al cubano, como «la hora del té» a los ingleses, es el despertar en la mañana con un buchito de café.

Por ello pocos le pierden «pie y pisada» a la cosecha del grano en el país, donde se ha acudido a estrategias para garantizar su entrega por la canasta familiar normada —dígase café mezclado— y así aliviar los gastos por importaciones.

Esa situación nos pone ante la siguiente realidad: elevar en las montañas de nuestro archipiélago las producciones cafetaleras constituye más que prioridad, una necesidad. Las complejidades de un mercado externo al que se ha tenido que acudir por la difícil situación del grano a nivel nacional no dejan margen a otra opción.

Sabedores de ello, los trabajadores de la empresa agroindustrial Eladio Machín trabajan para no reincidir en los problemas que mermaron la cosecha pasada, relacionados en su Informe de Balance del Plan Turquino de 2011. En el texto se precisa que las bajas temperaturas en el período de recogida atentaron contra el proceso de maduración, y que las adversidades climáticas provocaron la tardía floración.

También en el referido Informe se explica que entre los factores que influyeron en los negativos resultados se encuentran el efecto de plagas como la broca y dificultades en el desarrollo de las atenciones culturales.

Las mayores consecuencias de esto, según Vladimir Palmero Hernández, director general de la Eladio Machín, ya los montañeses cienfuegueros las conocen: una campaña donde solo se alcanzó cerca de un 50 por ciento de la cifra que debió acopiarse.

Eso ha motivado que en el Escambray cienfueguero se implementen estrategias para acelerar la recuperación de este cerezo con un plan de siembra de 350 hectáreas para este año.

La empresa, ubicada en Cumanayagua, es la encargada de orientar y garantizar el proceso en este territorio de la serranía, donde sobresale el consejo popular Cuatro Vientos por la agilidad del trabajo en sus cooperativas de producción agropecuaria, como la Victoria de Girón, primera en cumplir su plan de siembra.

Palmero Hernández señala que por primera vez en la historia se plantaron cafetos durante el mes de junio. «Desde la década de los 90 del pasado siglo no se siembran cifras como estas en las montañas cienfuegueras y aunque el objetivo es cumplir, siempre tenemos en cuenta la calidad del trabajo. Y para producir en 2015 las 577 toneladas pactadas, hace falta lograr plantaciones fuertes».

Explica que al finalizar la siembra de las 350 hectáreas en este año se asegurará el trabajo en los viveros para garantizar la siembra de 240 en 2012, paso imprescindible del proceso que cerraría un ciclo favorable para los planes productivos de estas nacientes plantaciones en cuatro años.

En el surco

La deprimida cosecha de café en períodos anteriores mantiene en vilo hasta a los más optimistas. El trabajo que realizan hoy los habitantes del lomerío trata de silenciar los pronósticos de los más escépticos.

Entre ellos se ubican los que laboran en cooperativas de producción agropecuaria (CPA) como la Victoria de Girón, que asumió el compromiso de cosechar más de 1 300 latas en la actual etapa productiva.

Su presidente Orlando Landestoy Moreno y sus 16 trabajadores han logrado mantenerse entre los primeros de la zona al asegurar su cultivo fundamental. «Incluso el año pasado cumplimos el estimado, algo realmente difícil si hablamos de la situación de esa cosecha, donde el interés de los lugareños por las plantaciones cafetaleras disminuyó mucho», añade.

Las estrategias de recuperación involucran también a los trabajadores de la CPA Diez de Octubre, quienes asumieron el compromiso de sembrar 15 hectáreas del grano.

José Ramón Guevara León, presidente de esta CPA, señala que los planes de siembra se cumplen hoy gracias a la decisión de todos, que han entendido la tarea de hacer el trabajo con calidad y terminarlo en los meses de primavera.

«El flujo de posturas también ha ayudado mucho; se ha tirado con los tractores, con los bueyes… los que están sembrando las han distribuido y han regado fertilizante. Además, sacamos adelante nuestros propios viveros, e incluso garantizamos las 60 000 bolsas que necesitaba la unidad básica de producción cooperativa Sabanita».

¿Se llenan las cestas?

Compromisos y estimados, hasta ahora, son los únicos que hablan de un despertar de la cosecha cafetalera en este nuevo período, iniciado en el mes de septiembre y que se extenderá hasta febrero del próximo año. El análisis de la arrancada no reporta felices recogidas, cuando este diario constató el atraso de 1 400 latas que hasta el 11 de noviembre existía.

Eduardo González Carranza, a cargo del Puesto de Mando de la Eladio Machín, explica que esta situación se presenta porque la maduración no se ha comportado de acuerdo con lo esperado.

«Nosotros necesitábamos para cumplir el plan estar en las 4 000 o 5 000 latas de café maduro —hoy solo se reportan alrededor de 2 000—, lo que se revertiría si aumentan la productividad y los niveles de recogida. Aunque los técnicos afirman que podemos recuperarnos, porque ahora nos encontramos al 10 por ciento del estimado de 62 948 latas, es decir, 6 163 latas del grano acopiadas hasta el 11 de noviembre», refiere.

Además, declara que «en estos momentos prestamos especial atención a todo el proceso para cuidar que no se repitan situaciones perjudiciales como la caída de café, que se pase de maduración, peligros que pueden acentuarse con las lluvias».

A estos cuidados se añade la vigilancia constante para evitar el hurto del grano, incidencia negativa que contribuyó al fracaso de la pasada contienda. Según refiere Raúl Chaviano Ojeda, jefe de Seguridad y Protección en la Empresa, se han ocupado más de 500 libras de café en lo que va de cosecha.

El administrativo alude a que «si bien se adoptan medidas, como los cierres operativos y en la vía, y la activación de los puntos de control, la población tiene que apoyarnos más para cerrar el cerco».

¿Dónde hace aguas el café?

Jornadas de «baños en sudor» y descanso solo para almorzar caracterizan el trabajo en las montañas sureñas, donde aún no todos los campesinos comprenden la importancia de fomentar el café como un producto clave, dada la situación económica del país.

De ahí se desprende la campaña para que los productores se dediquen primero a este tipo de cosechas y luego a la búsqueda de la excelencia a la hora de escoger los granos, lo cual, al final, se revertirá en beneficios para sus bolsillos y para el pueblo.

«Una tonelada de café de primera que se cultiva solamente en zona alta, por encima de los 400 metros sobre el nivel del mar, ese que denominamos Cristal Mountain (que debe tener el tamaño adecuado, el sabor o lo que llamamos prueba de tasa), está valorada en unos 18 000 dólares en el mercado internacional. Por eso, es necesario que la gente recoja café de esta clase. Nosotros influimos con más del 40 por ciento de lo que debe aportar la zona del Escambray en su totalidad. Pueden imaginarse entonces el trabajo que deben desarrollar los productores…», explica el jefe del Puesto de Mando, González Carranza.

«La calidad de la plantación del de segunda, el nivel de afectación por la broca y sobre todo del manejo de los cafetos, depende del recogedor», explica Jesús Delgado Casaña, comprador de la despulpadora de San Blas, quien precisa que también existe el llamado café fuera de norma. Y todos se pagan a precios diferenciados al productor: la lata del de primera se le paga a 65 pesos, el de segunda a 40 y el fuera de norma a 21.

«Es justo el pago, pero lo complicado es ponerse a separarlos por su calidad, asevera Cándido Gómez Villa, de la finca Sampayo, perteneciente a la cooperativa de créditos y servicios (CCS) Piro Guinart, situada en El Sopapo. Se pierde mucho tiempo pasando los granos por agua, para apartar los que flotan de los otros».

González Carranza argumenta: «La indicación de la dirección nacional de nuestra empresa es continuar aplicando estas tres escalas de pago, porque debemos buscar la calidad».

Estas opiniones versan sobre una problemática común relacionada con el beneficio del café y la importancia que le pueden atribuir los campesinos a este ejercicio. «Aquí muchos no tenían la cultura de lavar el grano, y escoger el verde para que saliera con calidad. No se comprende aún que al no hacerlo están perdiendo dinero, ellos y el Estado», considera el joven Delgado Casaña.

«A esta cuestión del pago del café al productor se unen los diversos cultivos con los que compiten. Un quintal de col, por ejemplo, se paga a cien pesos y uno de malanga a 130, y a veces son más viables para cultivar», explica Raúl Chaviano Ojeda.

Es así como esta nueva cosecha, con un estimado previsto de 62 948 latas, y a la cual se llega con las tareas culturales al día —dígase limpia manual de 1 499,2 hectáreas, conservación del 94 por ciento de los suelos, regulación de la sombra en 1 025,8 hectáreas, y la poda sistemática de otras 42,3 del preciado grano—, obliga a los montañeses sureños a enfrentarse a sus desafíos.

Y aunque no abandonan la idea de volver a producir los más de 25 500 quintales en el sector estatal, y los 30 000 del campesinado logrados entre 1984 y 1985 —años en los que, según las autoridades cafetaleras de Cienfuegos, se registraron las mayores cosechas del territorio—, el camino no parece tener un color rosa.

Sí, porque el reordenamiento agrícola en las serranías y la siembra de nuevos cafetales no mitigan las necesidades de los productores y de los cultivos del aromático grano, y en las cuales deben basarse las medidas que permitirán «aterrizar», por fin, a la cosecha cafetalera.

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