Una casa para los estudiantes

La reapertura en octubre pasado de una instalación de ese tipo en Holguín devino desafío a la creatividad

 

Autor:

Héctor Carballo Hechavarría

HOLGUÍN.— Día tras día crece la cantidad de niños, adolescentes y jóvenes que prefieren pasar algunas horas de tiempo libre en la Casa del Estudiante de esta ciudad, una instalación cuya reapertura en octubre pasado devino desafío a la creatividad para su colectivo.

La aseveración anterior resume el sentir de Maidel Leal Verdecia, administrador de ese establecimiento, perteneciente a la Empresa Municipal de Recreación y Alimentación Pública, en Holguín, quien asevera que tanto los agradecimientos como la asiduidad de algunos visitantes es lo que verdaderamente les «coloca la varilla cada vez más alta» a sus propuestas.

La recuperación capital de la cubierta de esta antigua y céntrica casona, de grandes dimensiones, ha permitido que la Casa del Estudiante haya abandonado finalmente la reducida nómina de instalaciones de uso social que restan todavía por recobrarse en Holguín del devastador paso del huracán Ike, en septiembre de 2008.

Con un promedio de edad que no sobrepasa los 31 años, el personal labora desde las diez de la mañana hasta igual horario de la noche, en tres rotaciones: la primera, dedicada a los pioneros; en la tarde se reciben estudiantes de secundaria y preuniversitario, y a los universitarios en la sesión nocturna.

«En todos los casos los interesados reservan las capacidades directamente en la unidad, tanto a título personal como colectivo. Nuestro principal reto está en lograr satisfacer las expectativas de cada uno de esos grupos, con gustos e intereses diferentes, y es algo que cumplimos con sumo placer», aseguró Maidel.

Con un total de 36 trabajadores —en su mayoría consagrados fundamentalmente al servicio gastronómico— el colectivo vincula su quehacer con el de instructores del INDER, artistas y promotores del sectorial de Cultura en el municipio, quienes se encargan de materializar las propuestas recreativas y culturales.

En opinión de Liset Batista, responsable de la programación de actividades, lo que más les interesa es «que los visitantes no dejen de sentirse en este lugar tal cual y lo que son: estudiantes».

Con ofertas y precios muy módicos, la estancia se armoniza, además, con la realización de competencias de juegos didácticos, de agilidad mental, preguntas de conocimiento general, así como de baile y canto, entre otros, en muchas ocasiones organizados por los mismos colectivos que visitan la casa.

Aunque tres meses resultan muy poco tiempo para adelantar un juicio crítico de hasta dónde pudiesen llegar el trabajo y el tesón en este espacio de esparcimiento para los jóvenes holguineros, lograr incrementar la disponibilidad de medios y juegos didácticos infantiles, y el fortalecimiento de relaciones de trabajo con otras instituciones, como Salud Pública y Educación, podrían engrandecer mucho más la trascendencia de esta obra.

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