Un pueblo instruido, fuerte y libre

La cercana visita a Cuba de Su Santidad Benedicto XVI nos hace rememorar a los cubanos nuestra larga historia de luchas a favor de la redención del hombre

Autor:

Armando Hart Dávalos

Refiriéndose a la educación popular, José Martí llegó a conclusiones que, como todo su pensamiento, impresionarían por su vigencia, certeza y profundidad. Dijo el Apóstol:

«A un pueblo ignorante puede engañársele con la superstición, y hacérsele servil. Un pueblo instruido será siempre fuerte y libre. Un hombre ignorante está en camino de ser bestia, y un hombre instruido en la ciencia y en la conciencia, ya está en camino de ser Dios. No hay que dudar entre un pueblo de Dioses y un pueblo de bestias. El mejor modo de defender nuestros derechos, es conocerlos bien; así se tiene fe y fuerza: toda nación será infeliz en tanto que no eduque a todos sus hijos»1.

La Revolución Cubana, por tanto, hizo de la instrucción del pueblo —empezando por la Campaña de Alfabetización—, la piedra angular de todos sus propósitos, convencida de que ello serviría de base imprescindible a todo el desarrollo del país, tanto en lo intelectual como en lo material.

Este propósito podemos comprobarlo hoy como ventajosamente cumplido y avanzando en su perfeccionamiento. Es un hecho objetivo que se nos hace presente cada vez que en nuestro país tiene lugar un acontecimiento extraordinario, donde ciencia y conciencia van de la mano y se confirma que nos acercamos a la idea martiana de fe y de fuerza, suprema aspiración que tenemos como pueblo.

Un acontecimiento de esa naturaleza es la próxima visita a Cuba de Su Santidad Benedicto XVI, que nos hace rememorar a los cubanos nuestra larga historia de luchas a favor de la redención del hombre.

En el caso de nuestro país, no olvidar que esas luchas se comprendieron e impulsaron desde los tiempos del sacerdote Félix Varela, caracterizado por su discípulo José de la Luz y Caballero como «el hombre que nos enseñó primero en pensar», quien fue heredero de la más pura tradición cristiana y supo asumirla junto a la redención del hombre como un compromiso ético a favor de los pobres de la Tierra.

Varela, cubano de profunda vocación ecuménica que había abrazado los ideales del hombre que murió en la cruz, incluía obviamente, el compromiso universal de la nación que se gestaba, formulándolo como postulado ético de su vida y convirtiéndolo en contenido de su proyección apostólica.

Siempre le he agradecido que su fe religiosa no se manifestara en antagonismo con los principios y métodos de la ciencia; mucho debió ser el valor de su fe cuando estimuló el pensamiento científico en un tiempo en que se le situaba en contradicción con los sentimientos religiosos.

Todo lo anterior nos sirve para explicarnos por qué creyentes o no, en Cuba, cuando han sido consecuentes con la pureza de sus sentimientos humanistas y más allá de concepciones filosóficas, se han colocado siempre junto a los ideales más puros y profundos de la nación y los más avanzados de la humanidad en cada momento de la historia.

Los días en que, hace más de diez años, el Beato Juan Pablo II, entonces Sumo Pontífice, estuvo junto a nuestro pueblo resultaron inolvidables, pues fue la primera ocasión en la historia de nuestro país en que el jefe de la iglesia católica, apostólica y romana nos visitó, dejando un grato recuerdo y agradecimiento hacia quien fue sin duda una de las figuras fundamentales de la historia contemporánea.

Cuando, en los años iniciales de la Revolución, Fidel Castro pudo afirmar que «quien traiciona al pobre, traiciona a Cristo», abrió premonitoriamente un camino y posibilitó un diálogo coherente con todas las denominaciones religiosas, haciendo un aporte sin precedentes en la historia de las creencias y de los no creyentes; conviviendo respetuosamente no solo en teoría sino en la práctica viva de la cotidianidad.

Eso es posible porque somos un pueblo instruido, fuerte y libre, capaz de articular hacia el futuro los sentimientos emocionales y principios más puros con las aspiraciones sociales y democráticas de la contemporaneidad.

Ese será el pueblo que recibirá al Papa Benedicto XVI, quien nos honrará con su presencia en esta segunda visita que hace a América Latina, acompañando a los feligreses que celebran el aniversario 400 del hallazgo de la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre en su año jubilar.

Gracias, en nombre de todos los martianos, por esta visita pastoral y por su gesto noble y valiente. No lo olvidaremos.

1 Educación popular, Obras Completas vol. XIX, Págs. 375-376, Editorial Ciencias Sociales

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