Ayúdame, que yo te ayudaré - Cuba

Ayúdame, que yo te ayudaré

Los cursos que imparte la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC) a trabajadores por cuenta propia, a más de ampliarles sus horizontes, habilidades y compromisos, son apenas el comienzo de un largo aprendizaje, que requiere más apoyo del Estado y toda la sociedad

Autor:

José Alejandro Rodríguez

Debe ser más agradable: eres tu jefe, tienes el trabajo aquí en la casa, tu propio horario, ganas mucho más, y solo dependes de lo que hagas… Le comento a Dolbys Alexis Palleijas, y levanta la careta de soldador para reírse en mis mismas narices, con cierta ironía.

Me confiesa que ha sido muy duro el cambio desde que sacó la licencia de soldador en abril de 2011, luego de pedir la baja en Cubalub, la Empresa Cubana de Lubricantes, donde laboró durante años como técnico de nivel medio en aplicación de productos derivados del petróleo.

No fue fácil el cambio de trabajador estatal a por cuenta propia. Se asomó a un mundo nuevo apenas con unos cuantos papeles, cuños y firmas de por medio, muchas ordenanzas y apenas escasa orientación o asesoría… Dale a los pedales, pórtate bien, cumple con el fisco y las leyes y ábrete paso, así fue en la Dirección de Trabajo y en la ONAT: algunas informaciones preliminares y arréglatelas como puedas.

Como muchos cubanos que han optado por el trabajo por cuenta propia, Dolbys se lanzó a una aventura desconocida en medio de la apertura a ese sector no estatal. Fue una decisión bien pensada, no porque fuera a quedar disponible. Quería probar por sí mismo. Y resultó un riesgo caminar sin bastones, muy solo, en el mundo del negocio y del trabajo, casi sin conocimientos ni habilidades.

Al principio los pedidos eran esporádicos, y las ganancias bajas. Pero cualquiera tiene que soldar misceláneas: una cerca de metal, una ventana, la tapa de una cisterna o un soporte aéreo para un tanque de agua… Lo otro fue la voluntad de trabajar duro que aprendió de su extinto padre, un gran innovador y obrero de la industria metalúrgica cubana en aquellos años de gran hegemonía estatal.

Dolbys vislumbró el salto cuando la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba, por medio de su entidad docente, Cespanec, tuvo la iniciativa y la primicia a la vez, de impartir por todo el país cursos para trabajadores por cuenta propia, en materia de contabilidad y sistema tributario, adaptados a las necesidades de estos. Ya egresado de un aula en la sede de la ANEC provincial de la capital, constata que no solo con el insumo, las herramientas y la mesa de trabajo se vence en estas lides.

Considera que, con la tormenta de ideas que recibió, ha ganado en destreza y preparación para llevar sus cuentas y papeles. Antes veía el dinero recaudado al final, mediante una ciega operatividad diaria, que no le permitía detectar sus «puntos rojos». Ahora ya está intentando llevar una ficha de costo de cada servicio que presta, para explorar su reserva de eficiencia y no solo creer que con precios altos se sostiene un negocio.

«¿Cuánto me cuesta hacer cada cosa? Esa es mi obsesión hoy —señala y se rasca la cabeza—. Ahora, cuando terminó, es que empieza el curso de verdad, en la concreta».

La ventaja es que allí, en medio de una ausencia de entidades consultoras estatales para facilitarles el desenvolvimiento, sí tienen en esos notables profesores de alto rango de Cespanec, una asesoría especializada a la cual pueden retornar, ante cualquier duda o acechanza a su gestión económica.

Ahora, con el seguimiento a la ficha de costo, Dolbys intenta promocionar la calidad como garantía, aun cuando cobre por debajo de lo que promedian en la calle esos trabajos, y haya competidores. Esos no le preocupan, porque «la calidad trae gente; eso va de boca en boca, aunque cobres un poco menos», sentencia.

El aula de la concreta

En el mismo curso, a solo unos pupitres de Dolbys, Lázaro Menéndez se tensó mucho en las clases, porque en solo una semana, en su consideración, es muy escaso el margen para aprender y desarrollar tantas habilidades que requieren los trabajadores por cuenta propia.

No obstante, reconoce el valor sustancial de estas clases, porque realmente la ANEC ha sido la única preocupada por ayudarles desde el conocimiento.

En marzo de 2011, Lázaro abrió su cafetería a la entrada de un vasto jardín que conduce a su casa, en el barrio San Agustín: pizza, espagueti, jugos de fruta deliciosos y refrescos. Menú sencillo y esmero en la confección, confiesan sus vecinos.

Trabajaba de jefe de abastecimiento en una empresa constructora, tenía experiencia de años atrás como gastronómico. Y se decidió a dar el salto antes que llegara la reducción de plantillas…

«Mamita y Gume» se llama la cafetería. Mamita, su hermana, y Gume, su cuñado, ambos residentes en el exterior, fueron los financistas iniciáticos de esa empresa, por medio de remesas. Es sencillamente un gesto de gratitud.

Lázaro confiesa que con el curso se siente más preparado para llevar su negocio y controla mucho más la cadena de ese servicio, en el cual tiene trabajadores contratados y el apoyo de toda su familia.

Pero hay muchas limitaciones en la realidad que conspiran contra la aplicación de lo aprendido en clases:

«Es muy difícil mantener esto. No cuentas con una venta mayorista de insumos por el Estado. La harina, el queso, la salsa de tomate, el jamón… todo lo tienes que comprar en la red minorista, al mismo elevado precio que el consumidor. Y no siempre lo hay; se ha vuelto más inestable el abastecimiento con la apertura de tantas licencias.

«Para ser sincero, no siempre se puede comprar todo en el mercado oficial, y hay que  tratar de salvar la ganancia; y que tire la primera piedra quien no lo haya hecho. En muchos sitios donde compras oficialmente, como en el antiguo Ten Cent de 23 y 10, no te dan vale, necesario para luego cumplir con el porcentaje de gastos que debes justificar. Tampoco lo dan en los agros. Al menos para mí, ha sido imposible firmar un convenio con una entidad estatal suministradora».

El otro impedimento que le acosa constantemente son los inspectores. Lázaro no está en desacuerdo con el control y la fiscalización, siempre que sean razonables y justificados, «pero no que estén arriba de ti como las moscas, por cosas innecesarias, como si tuvieran que cumplir una meta con tu bolsillo».

Aun así Lázaro persevera y le tiene puestos todos sus sentidos al negocio, para que prospere, sobre la base de una sola divisa: la calidad y la confiabilidad allí en el barrio. En un lugar tan alejado, sus clientes son, por lo general, sus mismos vecinos, que te ven la cara al otro día.

Sueños de nuevos cursos

A diferencia de Lázaro, Dolbys ha podido navegar con más suerte y sin incertidumbre con sus insumos. En los rastros estatales y en otras unidades comerciales, las varillas de soldar las adquiere a un precio relativamente razonable. Y ya está pensando en asociar a un buen vecino a su empeño. Contratarlo.

No se arrepiente del cambio ni de los riesgos y azares, porque cualquier trabajo hecho con calidad es digno y es útil socialmente. Y quiere tener sus cuentas claras, porque estas también contribuyen a la riqueza del país. Cuentas que no solo conservan amistades, sino también el negocio, esa palabra que comienza a desatanizarse en la sociedad cubana.

Sí considera que el aislado gesto benemérito de la ANEC, esa mano tendida para abrirles los horizontes y comprometer aun más a los «cuentapropistas», debían tomarlo como ejemplo muchas entidades e instituciones estatales, mediante cursos de entrenamiento.

Sueña, por ejemplo, con un curso sobre contratación impartido por el Ministerio de Justicia; otro de normas de calidad, a cargo de la Oficina Nacional de Normalización… y un tercero sobre derechos laborales, por el Ministerio del Trabajo y la CTC. Y en tal sentido vislumbra una gran potencialidad en las teleclases de Universidad para Todos…

Lo mejor lo dejó para el final: mantiene una excelente relación con su antiguo centro de trabajo como asalariado: Cubalub. Ya les está haciendo algunos trabajos a pedido, e incluso va a firmar con ellos un contrato que viabilice la cooperación mutuamente ventajosa para ambas partes. Algo así como aquello de que el hijo pródigo vuelve a casa…

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