Europa asume la militarización y el belicismo antirruso. Autor: Getty Images Publicado: 18/07/2026 | 12:46 am
Europa continúa equivocándose y va por muy mal camino en su obsesionada alineación con Kiev y Estados Unidos contra Rusia, a pesar de los maltratos y vejaciones que recibe desde la Casa Blanca y el Departamento de Estado.
La intensificación de la guerra en Irán y la renovación de una fracasada colonización del territorio persa mediante la fuerza bruta repercute ya de forma muy preocupante en Europa Occidental, donde algunos de los gobiernos más sometidos a EE. UU. —aunque busquen aparentar lo contrario— renuevan las viejas ambiciones del Comando del Atlántico Norte de nuclearizar toda la región, como si mañana fuese a comenzar la guerra atómica.
Todo está tan entrelazado en el mundo de hoy que los planes anunciados hace solo unas horas por Donald Trump, que, según él, llevarán pronto a la liquidación de Irán y a la desaparición del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), cayeron como unas bombas de fragmentación en los hogares europeos porque temen que la crisis energética los reviente a todos.
Pero los asusta más los anuncios de la OTAN de rebajar el umbral nuclear de la región para involucrar a los países en su área de influencia en una nueva carrera armamentista que es un sinsentido. Políticos y generales saben que el hecho de tener más misiles no afecta en nada la paridad nuclear. El potencial existente es más que suficiente para convertir a la Tierra en aerolitos.
¿Qué busca la OTAN con su presunta «nueva estrategia de disuasión nuclear» que obliga a varios países europeos a eliminar las restricciones al despliegue de este tipo de armas? Parece que militarmente nada, porque por muy rápido que anden, o por muchos cohetes que desplieguen, eso no los libra de ser destruidos en minutos si estallara un conflicto atómico.
En cambio, la «estrategia» moverá cientos de miles de millones de divisas muy útiles para llenar bolsillos y poner al empresariado del sector militar industrial y a políticos vinculados a él a tratar de igualar al multimillonario Elon Musk, quien en esta nueva oleada podría llegar incluso a ser trimillonario y darle una ayudita a Trump para que se siga enriqueciendo con sus guerras.
Serán los pueblos europeos quienes más sufrirán, y no solamente por los problemas energéticos que aumentarán en relación directa con el auge militar, sino porque sus líderes políticos y generales tratarán de repotenciar a la OTAN para caldear el ambiente e impedir que la guerra en Ucrania termine, todo bajo la falacia de una amenaza rusa.
Por supuesto que no engañan a nadie con los argumentos de que «un mayor despliegue de capacidades nucleares reforzará la seguridad del continente», como dijeron. Esos tiempos ya pasaron y no regresarán debido a la extraordinaria capacidad de destrucción acumulada en el mundo y el carácter ofensivo del uso de ese armamento diseñado para liquidar a la especie humana.
Ya esa capacidad está lograda. Ese demonio infernal está en cada continente. Si se incrementa, es para acabar más rápido con el planeta, no para conseguir una victoria militar o dominar al mundo.
Ni siquiera tiene un valor simbólico. Es una fuente de ingreso empresarial y un saqueo de los recursos que legítimamente les pertenecen a los pueblos y que deberían formar parte de los programas sociales de bienestar.
Si el mal fuera solamente desviar recursos sociales para la producción letal con fines de aumentar riqueza, no habría tanto problema. El asunto es que la carrera nuclear potencializa la convencional y con ella las guerras locales como las de Ucrania e Irán, y genera reacciones y acciones malevas como las de Trump.
Se está viendo, lamentablemente, que el imperialismo, y en general el sistema capitalista, no puede prescindir de los conflictos armados, los cuales, en realidad, son parte de su condición de hegemón.
Al paso que marcha todo, y con la obsesión de líderes políticos a quienes les importa un bledo la seguridad y el bienestar de la gente que los eligió, lamentablemente el concepto de paz en su sentido lato está dejando de serlo gracias a que el régimen social imperante ha creado monstruos como Donald Trump, Benjamín Netanyahu, Volodimir Zelensky y un montón de subordinados y lamebotas que les sirven a todos ellos de saco de boxeo, pero siguen ahí, colgados del techo, para que los sigan golpeando.
La gran cultura europea seguramente sigue allí, brillando como siempre, solo que tiene tanta basura encima que su reflejo ya no se percibe. Ahora no se ve a nadie con la escoba en la mano para limpiarla y que vuelva a resplandecer, sino, por el contrario, echando más légamo propio sobre ella, incluida la morralla nuclear. Parodiando a Silvio Rodríguez, haría falta un rabo de nube que se llevara lo feo y nos dejara el querube.
