Por una producción más heterogénea

Alrededor de 50 000 productores de diez provincias se benefician con el Programa de Innovación Agropecuaria Local

Autor:

Patricia Cáceres

En sus más de diez años de trabajo, el Programa de Innovación Agropecuaria Local (PIAL) ha dado sobradas muestras de ser una alternativa viable para el país, sobre todo en un contexto como el actual, donde Cuba apuesta por la diversificación de sus producciones agrícolas.

La afirmación la hizo la Doctora Odile Rodríguez Miranda, investigadora auxiliar del Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas, quien dialogó este martes con el diario durante la IV Convención Trópico 2012, que sesiona en el Palacio de Convenciones de La Habana.

Este programa —destacó la especialista— ha basado su trabajo en la creación de una red de fincas donde se introducen, experimentan, conservan y diseminan una alta diversidad de cultivos con mínimo costo, a favor de las localidades, para así contribuir a la sostenibilidad alimentaria.

«Alrededor de 50 000 productores de diez provincias del país se benefician de manera directa con este proyecto, quienes han incorporado a sus fincas una diversidad de cultivos que pueden servir para la alimentación humana y animal.

«Cuando comenzamos el programa, había campesinos que solo producían y consumían arroz, frijoles y alguna que otra ensalada; poco a poco introdujimos diferentes variedades de frijol, arroz, maíz, soya, trigo, hortalizas, tubérculos…

«Más allá de la frontera familiar, el programa también ha contribuido a la diversificación de los cultivos a nivel comunitario, pues prepara a los campesinos para producir semillas y mantener bancos locales».

Para el logro de este propósito —dijo— han sido fundamentales las ferias de diversidad genética, que han permitido fortalecer un tejido de agricultores experimentadores, interesados en la selección y diseminación de semillas.

«Desde 1999 hasta 2011 hemos realizado alrededor de 680 ferias con más de 40 especies. Ha quedado demostrado que cuando los agricultores deciden sobre las variedades que se van a cultivar localmente, los rendimientos, la diversidad y el reconocimiento social de los productores se elevan de manera notable».

Las bases del PIAL también han incluido la capacitación de los productores, en temas claves como la alimentación animal y la protección de los suelos. «La idea de poder reconocer la finca como centro de diversificación de la agricultura es un principio fundamental de este programa. Trabajamos con productores a pequeña escala, que tienen fincas o patios. Pero no incorporamos nuevos recursos, sino que les demostramos sus potencialidades, les enseñamos a intensificar sus producciones y a aprovechar más lo que tienen», concluyó.

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