Ni religión, ni dialecto, ni invento sin importancia - Cuba

Ni religión, ni dialecto, ni invento sin importancia

Apostar por el esperanto significa hacerlo por la unión internacional y el beneficio de la humanidad, aseguran sus promotores y estudiosos. Perseguido y hasta estigmatizado, en la actualidad se afirma que unos dos millones de personas son hablantes de esa lengua. En Cuba lo han estudiado alrededor de 15 000

 

 

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Los sustantivos terminan en o y los adjetivos en a; las formas verbales en -as, -os, -is, según hablemos en tiempo presente, futuro o pretérito; los números después del diez, se combinan entre sí…

Podemos decir entonces dimanho, londo, mardo… kantas, kantos, kantis (domingo, lunes, martes… canto, cantaré, canté) y guiados por otras 16 reglas gramaticales, muchas otras cosas.

Así es el esperanto, un idioma que se considera de fácil aprendizaje dada su estructura lógica y regular, que fue creado a finales de 1879 por el oftalmólogo polaco Luis Lázaro Zamenhof, con la intención de que se convirtiera en una lengua de uso internacional y vehículo neutral para la comunicación mundial.

Hoy, se afirma que unos dos millones de personas son hablantes del esperanto, y lo han aprendido de manera autodidacta o por un régimen de estudios. En Cuba alrededor de 15 000 lo han estudiado desde finales de los años 70 y principios de los 80. Sin embargo, muchos aún se preguntan, ¿para qué sirve el esperanto?

Esa es una de las interrogantes más comunes, reconoce Alberto Fernández-Calienes Barrios, presidente de la Asociación Cubana de Esperanto, institución fundada el 16 de junio de 1979 con el objetivo de garantizar la enseñanza, difusión y uso del idioma en el país, difundir nuestra realidad en contextos internacionales y facilitar las relaciones espirituales y materiales sobre la base de la solidaridad y el respeto.

«Existe un desconocimiento generalizado de esta lengua moderna, que se encuentra, aunque algunos lo duden, entre las cien más utilizadas en el mundo. Muchos piensan que es una religión, un dialecto, un invento sin importancia, y por ello su estudio no ha sido una prioridad al mismo tiempo que el inglés, el francés, el alemán, el italiano, el portugués, e incluso el chino, idiomas de alta presencia en el mundo.

«Se desconoce también su origen pacifista y la visión armónica que propone del mundo, pues a diferencia de lo que sucede con otras lenguas, con el esperanto no nos circunscribimos a la realidad de un país en específico», añadió Fernández-Calienes.

Desde dentro

El esperanto es un idioma cuyo vocabulario está mayormente vinculado al latín por medio de las lenguas romances como el francés, el español y el italiano; y en menor medida a lenguas germánicas, como el alemán y el inglés; y eslavas, como el ruso y el polaco.

Su alfabeto consta de 28 letras, sin la Q, W, X y Y. Seis de ellas llevan un acento diacrítico y no son muchas las reglas de su gramática, lo que lo hace atractivo para aquellos que comienzan a estudiarlo, sobre todo porque las formas verbales no llevan tantas conjugaciones como, por ejemplo, el español.

La primera publicación en este idioma, la gaceta La Esperantista, vio la luz en 1887. En ella se publicaron artículos del propio Zamenhof y del conocido León Tolstoi, razón por la cual la censura zarista prohibió la entrada de ejemplares de la revista al Imperio Ruso.

Según detalla Fernández-Calienes, en los primeros años del siglo XX, el esperanto fue muy utilizado por el movimiento obrero de Europa, al punto de que era conocido en Alemania como el latín de los obreros, como lo fue durante la Guerra Civil Española, momento en el que se probó su utilidad comunicativa.

«Hubo épocas muy difíciles para el auge del esperanto durante la Segunda Guerra Mundial; por ejemplo, cuando Hitler lo mencionó como una lengua que podía utilizarse para la dominación del mundo por una conspiración judía internacional, lo que provocó la persecución de esperantistas durante el Holocausto; y en los años en los que Stalin la denominó «lengua de espías» y también prohibió su empleo.

«En Cuba las primeras manifestaciones del esperanto datan de principios del siglo XX, y entre sus difusores más importantes estuvo Fernando Ortiz. Los mejores momentos, en sentido general, para la evolución de este idioma en el país se dieron en los años 80, cuando hubo un boom de su estudio, teniendo en cuenta la bonanza económica de ese entonces», agregó el también coordinador de la Comisión América Regional de la Asociación Universal de Esperanto, a la que pertenece la cubana desde 1983.

El prestigio de la enseñanza de este idioma en Cuba es reconocido en otras latitudes, en las que se celebran eventos internacionales, a los cuales nuestro país es invitado; aunque también aquí se han celebrado congresos mundiales, precisó Maritza Gutiérrez, jefa del programa de esperanto en la emisora Radio Habana Cuba y miembro de la directiva nacional de la Asociación Cubana.

La especialista lamenta, no obstante, que la difusión del aprendizaje de esta lengua no sea tan elevada, pues cuando las personas se acercan a ella, por curiosidad, y advierten su amplio uso en el mundo, principalmente en Francia, Japón y Alemania, lamentan no haberla conocido antes.

«Nuestra asociación comenzó en la antigua biblioteca Máximo Gómez de la calle Prado, luego se trasladó a Neptuno e Industria, más tarde al edificio Focsa y finalmente a Vista Alegre 264, en el municipio de 10 de Octubre, donde residimos en la actualidad. No es una zona céntrica y muy pocas personas lo saben, lo que influye en que no muchos conozcan de la existencia del esperanto en Cuba como una opción más de ocupación sana del tiempo libre. No obstante, contamos con alrededor de 400 miembros de todas las provincias del país, cifra que debe duplicarse a finales de este año y mantenemos abierta nuestras matrículas para los diferentes cursos regulares que ofrecemos en la institución», explicó Pedro Fernández, secretario general y profesor de la Asociación.

¿Por qué y para qué?

Siempre que decidimos estudiar un idioma nos preguntamos para qué sirve y cuánto podemos beneficiarnos con su conocimiento. Seleccionamos el aprendizaje de uno o de otro en dependencia de nuestra afinidad cultural, la atracción por su fonética y, en no pocos casos, por el servicio que podemos ofrecer y obtener con su utilización.

«Sucede con el inglés, el chino, el francés, el portugués, el italiano… pero el esperanto queda relegado, aun cuando sus objetivos de hermandad mundial son tan nobles. Lo que sucede con él, al igual que con todo aquello que obviamos o ignoramos en un primer momento, es que, al conocerlo, nos percatamos de su riqueza infinita, no desde el punto de vista fonético, lexical o semántico, sino de su capacidad de favorecer las relaciones humanas», insistió Pedro, quien ha incursionado en la literatura en esperanto con cuentos breves, además de sus habituales traducciones.

Se cree, a veces, que no hacemos nada más que hablar el idioma, añadió Maritza, también miembro de la directiva internacional de la Asociación Universal. Hemos publicado, desde 1989 en que salió La fuerza del silencio, otras obras como Martí: de donde crece la palma, La historia me absolverá y algunos cuentos de La Edad de Oro, entre otros títulos.

«Desde el arte se han dado muy buenas propuestas, como los trabajos que han hecho las cantantes Miriam Ramos y Beatriz Márquez y el trovador Vicente Feliú. También tenemos al grupo Amindaj —que grabó un disco en Francia el año pasado— y el dúo rapero Los Hermanos Él, del municipio santiaguero de Contramaestre. Son ejemplos que ilustran lo que puede hacerse desde la combinación del arte y el esperanto, aun cuando la organización de los miembros de la asociación en estas zonas del país no siempre tenga las mejores condiciones», agregó la especialista.

Es que desde su origen esta lengua siempre estuvo relacionada con gente progresista, tolerante, inclinada al pensamiento de izquierda y defensora de la esperanza, enfatiza Alberto Fernández-Calienes. No es casual que la bandera que nos identifica lleve los colores verde y blanco, con una estrella, simbolizando los cinco continentes, la paz y la esperanza.

«Los esperantistas confiamos en los caminos que abre esta lengua y en la posibilidad de un mundo mejor en la medida en que más personas se sumen a su estudio y a su propuesta de enfoque de la vida. Apostar por ella y por lo que se quiso siempre conseguir desde su surgimiento, significa también apostar por la unión internacional y el beneficio de la humanidad», concluyó.

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