Sembrada en mi tierra como una palma más

Carilda Oliver Labra cumple 90 años este 6 de julio, y dialogó con este diario sobre pasajes entrañables de su vida y obra

Autor:

Hugo García

MATANZAS.— Ella, con su don y gracia para comunicarse, sorprende por su ingenio y los valores que transmite. Apenas unas horas antes de cumplir 90 años, nos recibe en su vetusta casona de Tirry 81.

Pinturas de diversos artistas, diplomas, un reloj de péndulo en la pared, un antiguo buró con una máquina de escribir, un perro salchicha de 13 años, gatos y una envidiable vegetación en el patio interior, le imprimen un sosiego especial al lugar donde tantos poemas han nacido.

La excelsa creadora Carilda Oliver Labra, premio nacional de Literatura aparece, por supuesto, bien vestida, maquillada y peinada. Me le acerco como un hijo, porque aunque en ocasiones entona la voz, en otras casi susurra.

—¿Con quién quisiera compartir este cumpleaños 90?

—Tendría que preferir primero a la familia que me queda: mis hermanos Olivia y Efrén. Quisiera que ellos y mis sobrinos estuviesen presentes. Pero no es posible. Aunque en Cuba también tengo otra familia: mis amigos, el pueblo… con cuya compañía me siento muy feliz.

—¿Nunca pensó emigrar a Estados Unidos junto a su familia?

—He viajado seis veces a ese país y allí he estado bien atendida, pero cada día me alegro más de no haber emigrado. Nunca lo tuve en mis deseos. Al contrario, estoy feliz de estar con mi pueblo. Estoy cada día más sembrada en mi tierra como una palma más.

—¿Alguna vez ha podido inspirarse y crear fuera de Cuba?

—En el único país que escribí un poema fue en Bulgaria, cuando asistí hace muchos años, representando a Cuba, a un encuentro por la paz. Es un poema que se titula Declaración de amor, con motivo del peligro nuclear que tuvimos en aquella época, y ese poema me ha traído problemas.

—¿En qué sentido?

—El poema dice en inglés haga el amor, no la guerra, y termina diciendo que no hablen tanto de cohetes atómicos, porque se hablaba de eso constantemente por la crisis que tuvimos. Digo que amo mi patria y que no tengo miedo, pero que sucede una cosa terrible, que he besado poco. Y me salieron personas al paso para decir que era un poema débil porque no estaba dispuesta a enfrentar la guerra en la defensa de mi país. Pero esas interpretaciones no me importaron, porque no me atengo a convencionalismos. Escribo lo que siento, a lo que soy fiel, y en este caso a la bondad de la vida en sentido general.

«Con el tiempo ese tipo de lecturas se han superado, porque el arte va progresando, y la vida también, y va transformando no solo las motivaciones, sino el modo de pensar. La Revolución no es sino una máquina activa y constante para ir evolucionando en muchos aspectos».

—¿Qué significa la patria para Carilda?

—Todo. En la patria está todo: la casa donde vivo, la infancia en la cual fui muy feliz, mi escuela primera, mi instituto, mi universidad… Patria es el paisaje telúrico. Me gustan los decires de mi gente, el vocabulario nuestro que no llega a tener ninguna perfección, pero en su manifestación criolla me es familiar y querido.

—¿Fue valiente el correr riesgos en pleno batistato?

—Fue una locura mandar el poema Canto a Fidel para la Sierra Maestra, pero si no lo hacía ¿para qué lo había escrito?, porque tenía un mensaje y quería, no solo que Fidel lo leyera, sino que de la Sierra emanara con fuerza y lo dijeran por Radio Rebelde.

—¿Cuál considera su mejor libro?

—El libro que considero más audaz y que trajo algo nuevo para la juventud en el año en que nació, es Desaparece el polvo. Otro libro entrañable es Calzada de Tirry 81. Después hice libros más técnicos, no perfectos, porque no existe la perfección, como Se me ha perdido un hombre. En este recorro todas las fórmulas estróficas, todas las facturas de la literatura para hacer poesía.

—¿Le incomoda que identifiquen su obra más con lo erótico que con lo social?

—No me molesta. Es una confusión. Es una cosa normal casi, porque el pueblo se aficiona más a la rima que al verso libre, y a lo erótico y amoroso, porque todo el mundo se enamora. El deseo y las pasiones son normales en el ser humano. Tengo poesía que algunos autores dicen que no es filosófica, que es más bien emocional, pero no coincido en ello porque es imposible que la poesía sea emocional y no sea idea. La poesía siempre es idea y las formas tienen que adaptarse al fondo.

«El soneto Me desordeno, amor es muy popular. Lo escribí cuando era adolescente. Es desenfadado, atrevido para la época aquella. Hoy día no es nada atrevido, es un soneto casi inocente, pero ese, unido a otros poemas de amor, me dieron cierto relieve en la poesía de tipo amoroso.

«Mi otra poesía, que podría decir meditativa, reflexiva, me parece más importante porque puede penetrar más en la verdadera poesía y es menos conocida.

«Fuera de Cuba he tenido también la suerte de tener varias publicaciones, y en España, por ejemplo, no me consideran una poetisa erótica, sino con cierto desenfado en la expresión femenina.

«Pienso que la que hice después de aquella primera etapa es más audaz y con una forma más expresiva, más parecida a como escribe el hombre cuando se refiere a la mujer, con cierto desparpajo y confianza, con la misma libertad y sensualidad, y mi poesía trajo eso que es novedoso, que luego caló en el pueblo».

—¿Se considera una poetisa feminista?

—Raidel, mi esposo, tiene esa visión. Escribió el prólogo de una antología para la editorial Matanzas, que va a aparecer pronto —Una mujer escribe—, en el que plantea que mi poesía feminista marca la libertad de la mujer cubana. Desde luego, recibo una cantidad de cartas de mujeres que es asombrosa, ellas se identifican con la libertad que una aparentemente proclama, que no es libertad ninguna, porque no hago muchas de las cosas que la gente se atreve a hacer.

—A sus 90 años, ¿cuál es su mayor nostalgia?

—No caminar por las calles de Matanzas. Porque por una fractura en la cadera hace como diez años, no me es posible caminar tanto, como cuando desandaba las calles con mi pueblo.

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