Sesenta y cinco días del joven Martí - Cuba

Sesenta y cinco días del joven Martí

La Finca Museo El Abra, uno de los lugares más importantes del territorio pinero, es un espacio obligado para que las nuevas generaciones se acerquen al pensamiento del Apóstol

Autor:

Roberto Díaz Martorell

NUEVA GERONA, Isla de la Juventud.— La Finca Museo El Abra es uno de los cuatro monumentos nacionales que existen en este territorio, y donde el joven José Martí vivió y se recuperó de las lesiones sufridas en las canteras de San Lázaro. ¿Qué hubiera pasado con él si no hubiera llegado a este lugar el 13 de octubre de 1870?

José Julián Martí Pérez tenía solo 17 años y era uno de los tantos otros reos que cumplían condenas de trabajo forzado en las canteras de San Lázaro, donde la muerte, el hambre y el abuso eran el pan diario de los que allí ansiaban más morir que ver la luz del sol al siguiente día.

En estas circunstancias lo conoció José María Sardá, maestro de obras graduado en la Escuela Profesional de La Habana en 1865, a quien se le atribuye la ejecución de construcciones en la capital cubana como la Plaza del Polvorín, la Plaza Vieja y la cerca de la Quinta de los Molinos.

Sardá conoció al padre de Martí cuando este fungió como inspector de buques en el puerto de Batabanó, lugar al que arribaban desde la Isla de Pinos los materiales para la construcción que se producían en la fábrica Brazo Fuerte, en áreas que ocupa hoy el motel Rancho el Tesoro, y en nombre de aquella relación, Mariano apeló al catalán para que con su influencia ayudara a su hijo.

Tan lastimosa era la imagen del joven y dramática la situación en que se encontraba, que Sardá solicitó al Capitán General el indulto para trasladarlo a la Isla de Pinos hasta el momento de la conmutación de la pena. Por eso en El Abra vivió Martí como confinado político durante poco más de dos meses.

José Martí se recuperó de sus heridas y para él Trinidad Valdés Amador, esposa del catalán, figuró entre los recuerdos más hermosos de su estancia en la finca; el cuidado y amor que recibió de ella generaron sentimientos de puro agradecimiento a la mulata, a la que envió una fotografía desde España en cuya dedicatoria se lee: «Trina, solo siento haberla conocido a usted por la tristeza de tener que separarme tan pronto».

Durante su confinamiento en este lugar, Martí dedicó muchas horas a la lectura y a disfrutar de la naturaleza del entorno. Nadie lo puede asegurar con certeza, pero los especialistas creen que los días en que vivió en El Abra le dieron el sosiego para pensar, o al menos esbozar, las ideas que después publicara en su denuncia El presidio político en Cuba.

La finca El Abra, construida por José María Sardá en 1868, se ubica entre dos elevaciones de la Sierra de las Casas y en aquel entonces comprendía 12 caballerías con excelentes condiciones naturales, en las que se cosechaban el maíz y el algodón, algo de tabaco y café, además de un área para la producción de cal, piedra y una fábrica de tejas.

En ese ambiente estuvo Martí los 65 días que permaneció en la propiedad de Sardá, donde ocupó el primer cuarto de la edificación del hoy museo, que fuera inaugurado el 28 de enero de 1944.

A dos kilómetros y medio de la ciudad de Nueva Gerona, la extensa entrada de acceso a la instalación la custodian hileras de robles que acompañan al visitante hasta la entrada de la residencia. Una vez frente a la edificación pintada de azul, rojo y blanco, una añeja ceiba da la bienvenida.

La casa es de dos plantas con pocas y pequeñas ventanas de madera. Está estructurada con un ala lateral, granero en la parte superior y en el piso inferior radican las habitaciones para huéspedes, un cuarto de costura y uno de baño. El agua la recibían a través de un acueducto por gravedad.

En los salones de exhibición se conservan piezas relacionadas con ese momento de la vida del Apóstol, varios objetos personales, muebles y parte de la lencería que usó mientras estuvo en El Abra. También se puede apreciar un libro autobiografiado por Fermín Valdés Domínguez, la réplica del grillete que llevara Martí en las canteras de San Lázaro, el crucifijo que regaló a Trinidad Valdés y otros documentos sobre la historia de Cuba.

Conectar más la historia a la gente

Motivados por el aniversario 160 del natalicio de José Martí, trabajadores del Centro Municipal de Patrimonio y jóvenes pineros meditan sobre cómo acercar más a las nuevas generaciones a la historia que atesora la finca-museo El Abra.

«Es un privilegio para este municipio especial ser uno de los lugares de Cuba donde José Martí vivió —desde el 13 de octubre hasta el 18 de diciembre de 1870— antes de su deportación hacia España el 15 de enero de 1871», expresó Jesús Ortiz Durán, director del Centro Municipal de Patrimonio.

«Aunque el promedio de visitantes supera los 3 000 al año —explicó—, todavía no es la institución cultural que queremos», comentó.

Una encuesta realizada recientemente a jóvenes trabajadores y a estudiantes en la Isla de la Juventud, reflejó que solo durante el mes de enero, motivados por el aniversario del natalicio del Héroe Nacional, la instalación cobra el mayor ajetreo. Y que en el resto del año las personas no la frecuentan con asiduidad.

Ortiz Durán informó que a partir de la primera quincena del mes de enero, con el propósito de estrechar más los lazos con el público pinero, el Centro Municipal del Libro y la Literatura abrirá un punto de venta de libros en este importante sitio. «Tenemos que aprovechar toda la potencialidad del lugar», acotó.

En busca de alternativas para conectar permanentemente esta instalación con los más nuevos, los jóvenes Nicolais Rondón Sánchez, profesor de Matemática, y Amilka Labaceno, profesora de Español, sugirieron realizar encuentros históricos, mientras que Maykel Blanco Espinosa, profesor de Ciencias Exactas, propuso desarrollar juegos infantiles y otras actividades recreativas en este espacio.

Al estudiante de décimo grado Carlos Jesús Mangana le gustaría después del recorrido realizar encuentros de conocimientos sobre la estancia de Martí en El Abra. Otros reclamos están dirigidos a caminatas por los lugares por los que el adolescente José Martí paseó, escaladas a la loma que custodia la finca y habilitar ofertas gastronómicas en el lugar.

En El Abra, los descendientes de la familia Sardá, quienes todavía viven allí, también pudieran aderezar la historia con las vivencias que a través de la tradición oral les legaron sus antepasados y que mantienen vivas en sus recuerdos.

Beatriz Gil Sardá, especialista de Patrimonio y una de las nietas de Elías, fundador del museo, es de las que piensa que El Abra tiene aún deudas con las nuevas generaciones. «Es una meta rescatar y devolverle la vida que tuvo a este espacio, por su importancia».

«Además —recordó—, por aquí han pasado figuras cimeras de la cultura y la política del país, entre los que figuran Fidel, Raúl, el Che, Camilo y Alicia Alonso, así como varios mandatarios de naciones amigas que visitaron esta isla».

Este es uno de los lugares más notables del territorio pinero y del país —por su significación ostenta la condición de Monumento Nacional desde 1981—, y por ello todo lo que se haga es poco para mantener a las personas conectadas con las esencias de su historia.

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