Por donde la libertad entró a La Habana

En el mismo punto por el que la Caravana de la Libertad liderada por Fidel entró a la capital, lo hicieron este sábado los jóvenes ciclistas que recorren el país en apoyo a la causa de los Cinco

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

Hoy Brayan Lamazón Gamboa cumple siete años y su papá no estará cerca para darle un beso. A estas horas Manuel debe andar pedaleando rumbo a Artemisa, la penúltima provincia de la ruta, junto a Noreivis, Erlin, Orlando y Josué.

Aunque su corazón rueda en reversa, Manuel espera que el chiquillo entienda sus motivos: tampoco René, Ramón y Antonio han podido estar junto a sus hijos en los últimos 13 años, y Gerardo y Fernando ni siquiera han tenido la oportunidad de ser padres.

Esa es una de las injusticias que el grupo de ciclistas denuncia en las comunidades y escuelas que encuentran a su paso, y lo hacen con un lenguaje sencillo, cercano a la cotidianidad de esa gente de cualquier edad a quienes regalan postales y libros sobre los Cinco Héroes.

Se dice fácil: recorrer la Isla de punta a cabo en 18 días siguiendo la Carretera Central, pero en la práctica es un reto digno de la causa que defienden. Avanzan un promedio de 80 kilómetros por día, y aunque ayer fueron menos (de Mayabeque a La Habana no pasan de 30), el cansancio acumulado y el tráfico capitalino fueron también una prueba para su estado físico y mental.

A la entrada del Cotorro, en la fábrica de cerveza Guido Pérez, Irma Sehwerert los esperó desde temprano. En cada abrazo una pregunta: ¿Se sienten bien? ¿Quieren comer algo? ¿Se han cansado mucho? Disimula su emoción al ver la foto de su hijo René en una de las bicicletas y vuelve a prodigar sus mimos maternos a la tropa guantanamera, mientras una representación de jóvenes del municipio los agasaja con canciones y décimas.

El día 3 de abril esperan subir el Faro de Roncali, en el Cabo de San Antonio, pero saben que ahí no terminará esta aventura. Luego tendrán que revivir para sus estudiantes y colegas del club de Cicloturismo cada una de las peripecias y caídas, las lomas desafiantes y las rectas cansonas, el entusiasmo de la gente que los acompañó por tramos y las iniciativas de la UJC en cada territorio, la voluntad puesta a prueba minuto a minuto y, sobre todo, la solidaridad que repartieron y les fue devuelta, como fruta endulzada con miel de La Farola.

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