En busca del corazón de la sociedad

La FEU aspira a consolidar su movimiento de aficionados en los centros de la Educación Superior y lograr que se extienda a la comunidad

Autores:

Nelson García Santos
Yuniel Labacena Romero
Lázaro Chacón

SANTA CLARA, Villa Clara.— Esa imagen de rebosante lozanía, seductora y refrescante, por sí sola, era capaz de extasiar hasta al más indiferente. Allí estaban felices lo mismo mientras actuaban, que en sus tertulias prolongadas casi hasta la llegada de los claros del siguiente día.

Eran los protagonistas del XXI Festival Nacional de Artistas Aficionados de la FEU, quienes durante unos días sacaron a esta ciudad de su rutina habitual para imprimirle un matiz más cultural a ritmo de espectáculos de música, danza, teatro y exposiciones de artes plásticas, muestras de audiovisuales y análisis de obras literarias.

Ese muestrario reveló lo mejor de su talento artístico y dejó entrever quizá lo más trascendente: sus grandes posibilidades para ayudar a satisfacer las necesidades de esparcimiento en los centros de la Educación Superior y difundirse hacia la comunidad.

Alcanzar ambos propósitos no será fácil cuando incluso provincias como La Habana, Camagüey, Ciego de Ávila, Santiago de Cuba y Villa Clara, las punteras en el movimiento de aficionados, tampoco lo logran de manera cabal.

Lo que está claro es que existe consenso en la necesidad de sacar estas manifestaciones de la cultura del enclaustramiento en las universidades y exponerlas a la mirada de la sociedad.

Talento sobra

Para Julián González, viceministro de Cultura, lo más importante para que ese movimiento de aficionados trascienda más allá de la Universidad está en proponérselo. Hay suficiente talento para hacerlo.

—¿Cómo?

—Desde la propia institución debe haber una estrategia en ese sentido. Primero hacia las comunidades en las cuales están enclavadas las universidades y después a otras más lejanas. En la concreción de este objetivo tienen que aunar esfuerzos las áreas de extensión de las casas de altos estudios, la misma FEU y las instituciones de la cultura como rectoras de ello.

«Esa participación en la comunidad va a elevar la autoestima de los muchachos, la imagen de sus centros y sobre todo la calidad de la preparación de nuestros estudiantes, que van a ser la continuidad de este país, y nos hace falta que cada vez tengan una mayor vocación hacia la cultura.

«Sin esta, se contribuye menos al proyecto social que deseamos. Mientras más preparación cultural tenga un profesional, más contribuirá al desarrollo social socialista».

En la voz propia

Rosa Varona Álvarez, estudiante de la Universidad de Camagüey y miembro del Conjunto Artístico Maraguán, destaca que si bueno es actuar para sus compañeros, también resulta estimulante sentir que tu comunidad te apoya como artista. Nuestro centro patrocina actividades en las comunidades y esto constituye una experiencia muy buena.

Con ella coincide Leonel Daimel García Aguilar, de la Universidad Máximo Gómez Báez, de Ciego de Ávila, quien agregó que a veces la atención se centra en los grandes grupos que representan al centro y falta sistematicidad, además de que se descuida el trabajo con los que se inician.

Mientras Jorge Martínez Díaz, estudiante de Medicina, de Cienfuegos, dijo que en su provincia no se preparan actividades fuera del centro y deben retomarse porque es la manera en que los aficionados trasladan su arte a otros escenarios.

Ojeada hacia adentro

¿En qué situación está el movimiento de aficionados en la Educación Superior? Un conocedor del tema como Fernando de Ávila Rodríguez, director de Creación del Sistema de Casas de Cultura, del Ministerio de Cultura, asegura que las universidades cuentan con una gran fuente de talento artístico. Sin embargo, a su juicio, el movimiento de aficionados de la FEU ha perdido cierto auge.

Afianza su criterio en el hecho de que no hay una correspondencia entre la matrícula y la cantidad de unidades artísticas que pudieron, por ejemplo, estar representadas en el Festival que acaba de concluir.

Lo más importante, subraya, resulta concretar una mayor participación en los eventos, porque mientras más jóvenes asuman la práctica de la cultura mucho más desarrollo se alcanzará.

Razona que precisamente estamos en ese camino para engrandecerlo aun más. En las manifestaciones de teatro, música y danza se incorporan con nuevos bríos agrupaciones insignia en esos géneros, que tradicionalmente participaban en los festivales. Es decir, retoman su rumbo.

Debemos lograr que este movimiento sea mayor, más representativo de todas las universidades. Hay territorios que históricamente fueron sólidos en este movimiento e incluso se ausentaron algunas delegaciones en este Festival, precisa.

Fernando de Ávila Rodríguez está convencido de que para llevar a feliz término este reto hace falta también la participación de los instructores de arte, promotores culturales y especialistas socioculturales, para que participen desde la comunidad, porque es donde están la escuela, el cine, el teatro… Todos estamos allí.

En opinión de Miguel Cabrera, historiador del Ballet Nacional de Cuba, no se pueden circunscribir el arte y sus manifestaciones a un evento, una circunstancia, pues deben tener lugar en la vida cotidiana de las universidades y la extensión de este movimiento a la comunidad debe ser misión primera.

Lo que motiva

De hablar fácil y ágil, Lisara Corona Oliveros, presidenta del Secretariado Nacional de la FEU, se apasiona sin perder la claridad sobre este tema.

Allí, en el lateral del teatro La Caridad, en esta ciudad, estaba contenta tras concluir la Gala de Premiaciones. Tenía sobrados motivos: el Festival culminaba exitosamente y como nunca, según sus palabras, se había abierto hacia el corazón de la sociedad.

—¿Insatisfacciones?

—El Festival no puede quedarse solo en esta cita; hay que lograr que trascienda y para ello nos falta ser más activos, porque los artistas aficionados los tenemos y no podemos lograr que la vocación cultural de la FEU se genere solo en el año del certamen.

—¿Qué se debe hacer?

—Hay que aprovechar hasta los espacios de las residencias, porque así desde la cultura, el arte y la sensibilidad, ayudamos a aliviar las necesidades. Si logramos unirnos con el resto de las otras universidades del territorio y hacer un gran equipo con proyectos comunitarios o extensionistas, lograremos más alcance y que la gente de la ciudad nos vea.

«Necesitamos una mayor implicación no solo con las casas de cultura, sino también con la Asociación Hermanos Saíz y la Brigada de Instructores de Arte José Martí, que pueden fortalecer el movimiento para que tenga una mirada joven, acorde con nuestros estudiantes».

—¿Carencias?

—No existen en todas las universidades instructores que ayuden a los estudiantes en determinada manifestación. El Ministerio de Educación Superior no asume a los instructores como otros ministerios y en este sentido estamos trabajando.

«Debido a la situación económica existen dificultades para garantizar el vestuario, calzado o equipos de luces, por citar ejemplos, pero se busca siempre alguna solución, que es lo más importante.

—¿Algún hecho inédito?

—Lo que más logramos en esta ocasión fue la vinculación con la comunidad, y es algo que debe continuar. El Festival también asume, de una manera artística, la lucha contra la banalidad, la indisciplina y es exponente de lo cubano, lo autóctono.

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