El complejo escultórico que universalizó a Santa Clara - Cuba

El complejo escultórico que universalizó a Santa Clara

Tras la llegada al memorial de los restos del Comandante Ernesto Guevara, en octubre de 1997, esta ciudad empezó a conocerse más ampliamente en el mundo, incluso en lugares donde posiblemente jamás habían pronunciado su nombre

Autor:

Nelson García Santos

SANTA CLARA, Villa Clara.— El brío, el esfuerzo, el cansancio y la alegría quedaron atrapados para la historia en las fotos sobre la construcción del Complejo Escultórico Comandante Ernesto Guevara en esta ciudad, inaugurado el 28 de diciembre de 1988 por el hoy Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro.

A partir de ese momento y, en especial, con la llegada al memorial de los restos del Comandante Ernesto Guevara en octubre de 1997, esta ciudad empezó a conocerse más ampliamente en el mundo, incluso en lugares donde posiblemente jamás habían pronunciado su nombre.

El Che Guevara liberó la ciudad, ayudó decisivamente a su desarrollo social e industrial, y, como si fuera poco, la universalizó. Se cuentan por millones las personas que llegan hasta aquí de casi todos los confines del planeta para rendirle tributo al héroe, y de paso recorren la urbe en busca de sus huellas, que afloran en disímiles lugares.

El amor resulta la palabra exacta para connotar la consagración con que asumieron los villaclareños la construcción del Complejo Escultórico Ernesto Che Guevara. Puedo dar fe de ello, porque fui testigo desde los inicios de la obra hasta su conclusión.

Fue masivo el apoyo de la población al Contingente 14 de Julio, que lo construyó, como lo confirman las miles y miles de horas de trabajo voluntario aportadas.

Al pedido de recolectar el bronce para la confección de la figura del Guerrillero Heroico de 6,8 metros, la avalancha del mineral no se hizo esperar. También se utilizó para realizar las letras de las jardineras.

Allí trabajaron, en jornadas memorables, desde sus compañeros de lucha hasta trabajadores de distintos sectores, campesinos y jóvenes para quienes su entrega, más que una obligación, constituía un privilegio.

Los artífices

Los proyectos de la monumental obra estuvieron a cargo del escultor José de Lázaro Bencomo (Delarra) y los arquitectos Jorge Cao Campos y Blanca Hernández Guivernau.

El complejo lo integran la plaza, que mide más de 17 550 metros cuadrados, dedicada a la realización de actos políticos y culturales, con una capacidad superior a las 50 000 personas. En esta área hay 14 palmas a cada lado que simbolizan el 14 de junio de 1928, fecha del nacimiento del Guerrillero Heroico.

En la tribuna, con capacidad para 900 personas, se levanta, en un pedestal de 16 metros, la estatua del Comandante Che Guevara —con su uniforme verde olivo, su boina, su fusil en la mano y el brazo en cabestrillo—, que está orientada hacia el sur de nuestra América.

También posee un mural a relieve que muestra diferentes etapas de la lucha del Ejército Rebelde en la Sierra Maestra, la figura del líder histórico de la Revolución Fidel Castro, al inolvidable Comandante Camilo Cienfuegos, la invasión de las columnas guerrilleras desde Oriente hasta el Occidente del país; al Che en el Escambray y la Batalla de Santa Clara.

En el Memorial se encuentran los nichos donde reposan los restos del Comandante Guevara y una parte de sus compañeros caídos en la gesta de Bolivia. El impresionante lugar semeja la selva donde libró sus combates; mientras que en el museo se exhiben fotos, documentos y objetos personales de su niñez, adolescencia, juventud y de la lucha revolucionaria en Cuba, el Congo y Bolivia.

La obra que nos distingue

El complejo escultórico constituye un significativo exponente del eclecticismo local, aplicado a la arquitectura, y es uno de los sitios mejor conservados y con mayor frecuencia de visitantes de nuestro país.

A un cuarto de siglo de terminada, la obra de significativos valores socio-culturales, asociada a la personalidad histórica del Guerrillero Heroico y sus compañeros de lucha, se ha erigido en símbolo por antonomasia de la ciudad donde el Che, sin dudas, experimentó grandes satisfacciones desde aquellos días en que, con su brazo en cabestrillo, paseó su victoria, la del Ejército Rebelde y el pueblo, en medio de la aclamación popular.

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