Repentismo contra el olvido

Cuba es el único país en América Latina que tiene un movimiento repentista infantil y juvenil, pero coexiste la desmotivación de una parte de la nueva generación de campesinos por este género musical

Autor:

Lisandra Leyé Del Toro

Asunción de nuevas prácticas culturales, imbricación idiosincrásica del campo y la ciudad, cierta pérdida del legado de los ancestros… Estos y otros motivos inciden en que géneros tradicionales de la música cubana, como el repentismo, no se encuentren en la preferencia de muchos jóvenes cubanos, incluso en un grupo cuyo origen está ligado a la ruralidad.

De hecho, si analizamos los resultados de la última Encuesta nacional sobre prácticas culturales, realizada por el Instituto Cubano de Investigaciones Culturales Juan Marinello, es posible percatarse de que lo campesino no figura entre las prioridades musicales de los adolescentes, y entre la población adulta está en un quinto lugar, detrás de las canciones románticas, bailables, las rancheras y el reguetón.

Sin embargo, a nivel nacional el repentismo todavía es asumido como parte de la identidad de quienes habitan los campos de Cuba, pero ¿será que las nuevas generaciones no se sienten representadas por esta música? ¿Estará en crisis el legado repentista cubano?

La máster y socióloga del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas Yenisei Bombino Campanioni, quien también es miembro del equipo de estudios rurales de la Universidad de La Habana, opina que existen múltiples factores que inciden en que se haya deteriorado o modificado la identidad de muchos jóvenes que viven en zonas rurales.

«En ello influye el poco desarrollo de esas zonas, en el sentido de que hay escasas ofertas de empleo que no estén relacionadas con la agricultura, sector que suele ser poco atractivo para la juventud. De manera general el acceso a la universalización llega a todos los lugares de Cuba, pero los jóvenes del campo salen de su medio rural para ir a las cabeceras municipales o provinciales a estudiar y luego no quieren volver al campo».

Afirma que, incluso, desde la familia se inculca la necesidad de migrar hacia la ciudad y se produce el desarraigo, los espacios urbano-rural se mezclan cada vez más y los «jóvenes del campo asumen patrones culturales de consumo urbano».

Sobre si este fenómeno y otros han afectado al repentismo, el sitio web Soy Cuba, de nuestra editora, conversó con reconocidos decimistas como Alexis Díaz Pimienta y Luis Paz Esquivel (Papillo); con la investigadora Yeisa Sarduy Herrera, del Centro Juan Marinello, y consultó estudios del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana (Cidmuc).

Luis Paz Esquivel (Papillo), director del Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado (Cidvi), comentó que el género no está en crisis, sino que tiene puntos débiles, como que algunos repentistas ya consagrados y muchos jóvenes no saben cómo cantar y acompañarse al mismo tiempo del laúd, instrumento musical usado en este tipo de interpretación.

Pero, según explicó, existe un proyecto llamado El punto cubano y otras tradiciones campesinas, rescate e incursión, que desde hace un año busca insertar a los niños con aptitudes para el repentismo a los cursos que promueve para que se fortalezca el género.

El mencionado proyecto está financiado por la Comunidad Europea y entidades cubanas como el Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana, el Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado, la Asociación de Agricultores Pequeños, la Dirección Provincial de Cultura y la Casa de la Décima de la provincia de Mayabeque.

Papillo comenta que en El punto cubano… buscan que «los niños y jóvenes que no son repentistas se vean representados en los que sí lo son. Debe haber una conexión, donde los códigos generacionales lleguen más al individuo, no ya desde una generación que tiene o tuvo otros puntos de vista y otros gustos sino desde la misma preferencia de los jóvenes», concluye.

El impulsor de los talleres de repentismo que se imparten en Cuba desde el 2000, Alexis Díaz Pimienta, intercambió algunas opiniones sobre los posibles obstáculos que en los tiempos actuales frenan la divulgación de este tipo de música.

«Medios de difusión como la prensa escrita, la televisión y la radio siguen estando de espaldas, o al menos de lado, con el fenómeno del repentismo nacional. Esto no tiene nada que ver con el arte del repentismo en sí, y mucho menos con los jóvenes que están levantando la bandera de la tradición.

«La prensa nuestra debe acercarse más al movimiento repentista que se lleva a cabo con niños y jóvenes, de los que hay egresados desde hace 13 años que hoy día hacen teatro, cine, periodismo y siguen promocionando sus raíces», comentó.

Acerca de la preferencia de los jóvenes por la música foránea en detrimento de la tradicional cubana, Sarduy Herrera explicó que «el mercado internacional provoca una primacía de la música extranjera con respecto a la popular cubana de manera fundamental; pero esto no quiere decir que la solución sea obviar la música foránea frente a la del patio; debe existir una simbiosis entre ambas direcciones».

Según su punto de vista, «debemos apostar por la unión de lo propio y lo extranjero, sobre todo en el sentido de la promoción. Porque existe una heterogeneidad en la población joven, no todos tienen los mismos gustos, motivaciones e intereses; pero sí todos se sienten identificados con sus gustos y determinados agentes de socialización como los programas de radio y televisión».

La visibilidad de la cultura guajira en los medios de divulgación nacionales se realiza principalmente a través del programa televisivo Palmas y cañas que sale los domingos; en Radio Progreso, de lunes a viernes se emite Fiesta guajira y en casi todas las emisoras provinciales y municipales, sobre todo en horario de la mañana, se transmite alguna revista campesina.

Pensar en posibles soluciones que rescaten esta tradición, más allá de los programas culturales que desde la década de los 70 se desarrollan en algunas Casas de cultura, debe ser una prioridad porque un país sin tradiciones es casi un desmemoriado: sin pasado, sin futuro y sin caminos para volver a la esencia cultural de lo que fue.

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