Un negocio con otra cuenta

Se puede tener un trabajo muy particular y una responsabilidad muy social. Bajo esa premisa se expanden por el país los comités de base de la UJC en el sector no estatal

Autor:

Yuniel Labacena Romero

El compromiso no tiene sector. Se puede tener un «negocio» muy particular y una responsabilidad muy social como revelaba un joven a este diario.

La creencia que algunos quieren alentar, de que, en la medida en que las personas dejan de trabajar en puestos estatales, se aíslan de los compromisos con su comunidad, del país y sus sueños, se difumina cuando se comparte con jóvenes de los sectores emergentes nacidos de la transformación económica nacional.

Eso lo corroboramos al dialogar con un cochero, un reparador de teléfonos, una manicuri, un vendedor de helados y otro de discos, y un trabajador de una cafetería, quienes integran uno de los comités de base de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) nacidos entre jóvenes del sector no estatal de la producción y los servicios.

La experiencia es incluso más interesante, pues resulta palpable la diversidad de opiniones que fluyen en las reuniones, las cuales hacen rotativamente en sus casas, como contó el joven capitalino Sandy Dilmer González quien, como elaborador-vendedor de alimentos, lidera esa estructura política juvenil.

Con sus 26 años, Sandy se las arregla muy bien para combinar su labor económica con la vida política. Puede vérsele de un lado a otro recorriendo cada área de concentración para compartir con los militantes, recoger la cotización, convocar a alguna actividad, o simplemente enseñando cómo ser útiles a los demás. Ello sin dejar a un lado el buen servicio de su cafetería ni de disfrutar de las cosas que prefieren sus contemporáneos.

«No ha sido fácil unir a todos los militantes y trabajar con ellos, porque están en áreas de concentración diferentes y sus horarios no son los mismos. Además, las actividades que realizan tampoco coinciden. No obstante, cada mes desarrollamos los encuentros y debatimos nuestro papel y las preocupaciones que tenemos dentro del sector.

«Ahora las reuniones son más dinámicas, frescas, más cerca de nuestros intereses. Después de ellas realizamos actividades, pero antes debatimos profundamente. El hecho de que se hagan en un escenario distinto no quita que sean fuertes y con sentido de pertenencia por el trabajo y la organización», apuntó orgulloso.

Igual criterio comparte Ariel Ramírez Falcó, también secretario general de un comité de base, pero en la cooperativa no agropecuaria Mónaco, del municipio de Diez de Octubre. El joven, quien se desempeña como económico, aseguró que es importante crear estas estructuras, porque los jóvenes están agrupados y poseen espacios donde debatir sus inquietudes.

«Hace tres años conformamos el comité de base, y lo mantuvimos al pasar de mercado agropecuario estatal a esta nueva forma de gestión. Además, unimos a otros trabajadores por cuenta propia cercanos al área. Somos cinco militantes: tres de la cooperativa, uno que arregla celulares y una dependienta de una florería.

«Antes militaba en un comité donde las reuniones se hacían solo por formalismo. Ahora las cosas cambiaron. En las nuestras se discuten el servicio que brindamos a la población y cómo mejorarlo, también el tributo al Estado, los aportes, el cierre de trimestre… Igualmente los otros cuentapropistas vienen, rinden cuenta y dialogamos de cómo los jóvenes participamos de manera directa en la actualización de nuestro modelo económico».

Aunque hay quien dice que estas estructuras no tienen el mismo resultado que otras del sector estatal por la manera en que asumen las tareas de la organización, junto a ellos asisten funcionarios de la UJC y directivos de sus entidades, quienes en conversación con este diario confirmaron cuán preparados están los noveles y la hondura con que realizan sus encuentros y participan de la vida de la organización.

Este ensayo en el sector no estatal se encuentra entre las principales transformaciones emprendidas desde febrero del año pasado por la vanguardia política juvenil, para adecuarse a los cambios que vive el país y perfeccionar sus estructuras, funcionamiento y quehacer.

Experimentar es cambiar

El experimento con las nuevas organizaciones de base comenzó por los lugares con mayor concentración de jóvenes, uno de ellos, el municipio capitalino de Centro Habana, el de más jóvenes vinculados a las nuevas formas de empleo, con más de 9 000.

Este paso se corresponde con el objetivo 91 de la Conferencia Nacional del Partido, que entre otras líneas plantea brindar atención a quienes inician su vida laboral, los que se vinculan a formas de trabajo no estatal y a los desvinculados del estudio y el trabajo.

Entre las acciones de la UJC para la atención de los jóvenes del sector no estatal aprobadas por su Buró Nacional el 26 de febrero de 2013, destaca que son las instancias municipales las responsables de evaluar, decidir y aceptar la propuesta de crear estos comités de base y, sobre todo, atender diferenciadamente el proceso para que nazca libre de tropiezos.

Según explicó a este diario Jorge Enrique Sutil Sarabia, miembro del Buró Nacional de la UJC, el proceso era necesario con los cuentapropistas jóvenes —militantes o no— a partir de los nuevos métodos de trabajo de la organización.

«Hay que atender no solo a sus miembros, sino a todos los jóvenes, con énfasis en los más de 133 000 trabajadores por cuenta propia, ya que existe un crecimiento sostenido de este grupo, entre los cuales más de 1 100 son militantes que se mantienen activos en la UJC.

«El trabajo por cuenta propia llegó para quedarse y los jóvenes que a él ingresan necesitan un acompañamiento. Este sector es amplio y diverso, de ahí la importancia de crear estas estructuras de la UJC. Ellos no están agrupados igual que los militantes en los centros estudiantiles o trabajadores de un sector estatal de la economía. Eso es un gran reto.

«Hasta aprobar esta decisión los jóvenes hacían vida política insertados en otros comités de base de centros con un objeto social que nada tenía que ver con sus intereses, preocupaciones y su propia labor, lo que desmotivó a unos cuantos. Muchos estaban en sectores afines, es decir, gastronomía, transporte…, y otros —en su mayoría desvinculados— no tenían una organización de base específica y los demás ni militaban».

Joven a joven

El proceso, que se extiende paulatinamente por el país y cuenta ya con 39 estructuras de base que agrupan a 323 militantes, tuvo en cuenta algunas experiencias que la Central de Trabajadores de Cuba y sus sindicatos desarrollaron para la afiliación voluntaria de quienes laboran en el sector no estatal.

Sutil Sarabia, quien atiende la esfera de Jóvenes Trabajadores y Combatientes en el Buró Nacional de la UJC, señaló que también hicieron un estudio de todas las legislaciones emitidas para el ejercicio del trabajo por cuenta propia, las cuales fueron cardinales para conocer y «llegarles» a los jóvenes.

«Nos apoyamos mucho en el líder sindical y creamos nuestros primeros comités de base donde estaban las estructuras sindicales, para aprovechar esa experiencia, pues años atrás estas formas de gestión habían proliferado en Cuba, pero no entre los jóvenes.

«También nos unimos al Ministerio y a las direcciones municipales de Trabajo y Seguridad Social para conocer sobre los ocupados menores de 35 años vinculados al trabajo por cuenta propia y sus áreas de concentración. Ello nos permitió localizarlos, unirlos y concretar el propósito.

«El trabajo fue joven a joven, a través de una vinculación directa, intercambiando sobre su labor; conociendo sus antecedentes y la relación con la UJC, y cómo mantener su vida como militante activo, lo que permitió avanzar. No es secreto que hoy un grupo de muchachos terminan sus estudios o el servicio militar, y no les interesan las ofertas estatales y buscan alternativa en el cuentapropismo».

Derechos y deberes: ¿los mismos?

Aunque muchos pudieran pensar que los derechos y deberes de quienes militan, según lo hagan en el sector estatal o privado cambian, no es así. Como explicó el joven Yuniel Quinkoso López, de Diez de Octubre, ellos participan de los movimientos juveniles, son reconocidos por los resultados de su trabajo, tienen la posibilidad de estimular la incorporación de otros jóvenes a la organización y de asistir a actividades como el XVIII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes.

Sutil Sarabia apuntó que los militantes vinculados a esta forma de empleo tienen los mismos deberes y derechos que el resto, incluido el de integrar las estructuras de dirección de la UJC a todos los niveles. «Tampoco hay normas específicas ni un reglamento aparte, y como las demás, podrán constituirse con al menos cinco miembros, y excepcionalmente con tres», agregó.

«En aquellos casos donde el número de militantes no permita constituir un comité de base se utilizan otras variantes: si existe núcleo del Partido se insertan en él; de no existir y sí militantes del Partido, se valora la creación de un núcleo mixto; y en último caso se podrá insertar en una organización de base de la UJC o núcleo en el sector afín», explicó.

El dirigente juvenil subrayó que no solo es sustancial que la organización funde estas estructuras, sino además que respete el horario y la actividad que realizan estos jóvenes. «Si pensamos que deben reunirse cuatro horas al día, que desde “arriba” tiene que llegarles lo que discuten, los puntos a seguir, la experiencia no tendría el éxito deseado. Eso lo tuvimos muy en cuenta y buscamos la manera de que la UJC no causara rechazo.

«Estos comités de base también tienen la posibilidad de realizar procesos de crecimiento, por solicitud personal, en atención a los méritos de los jóvenes de su área de concentración, y siempre bajo el principio de la selectividad. Tampoco están en desventaja para participar y aportar en el resto de los movimientos de la organización.

«No se trata de crear estructuras por crear, ni crecer por crecer, pero hay que trabajar con intencionalidad en el universo juvenil, con énfasis en aquellos lugares donde la vanguardia tiene que estar presente para garantizar, con su ejemplo y exigencia, el cumplimiento de las tareas y el aporte necesario al país».

Nuevas formas de funcionar

Para Lázaro Peña Rodríguez, militante de un comité de base en    Centro Habana, es muy buena la idea de estar organizados. El joven, quien también cursa el tercer año de Derecho en la Universidad de La Habana, afirmó que la organización ha cambiado en sus formas de funcionar. «Tenemos más dinamismo e interés, no hay que esperar las cosas de “arriba”», consideró.

El cooperativista Ariel Ramírez, por su parte comentó que ahora los militantes debaten más sus intereses y preocupaciones. «Creo que la gente está más motivada, proponemos las cosas que vamos a realizar y el cómo. También apoyamos la entidad con un buen servicio».

Su compañero, Michel Reyes Diago, a quien se le comenzó el proceso para ingresar a la UJC, aseveró que esto será un paso importante en su vida y le brindará confianza para asumir las tareas. «Veo que los jóvenes de aquí participan en actividades, están al tanto de lo que sucede en la cooperativa e intercambian sobre muchos temas. Esas son razones que me motivan a pertenecer a la UJC».

Según apuntó Sutil Sarabia, este paso de la organización ha sido cardinal en lo concerniente a la estructura de la Juventud Comunista. «Las tareas propias de la UJC son diseñadas y efectuadas por los jóvenes del colectivo. Con esta idea no se pierde autonomía. Se afianza esta última en la manera en que los jóvenes y su vanguardia —los militantes— sean capaces de debatir, enfrentar, proponer y participar en cada espacio.

«Hemos orientado que su orden del día sea libre, que la vía de instrucción política responda a sus necesidades y a las de la organización, y pueda concebirse de conjunto con otras organizaciones del área de concentración.

«Ellos discuten con fuerza. Algunos son jóvenes muy preparados, pues los hay abogados, maestros o médicos veterinarios que un día decidieron abandonar sus profesiones y se sumaron al trabajo por cuenta propia.

«Deben crear sus propias tareas en correspondencia con sus necesidades, motivaciones y problemas. Deben generar espacios de participación desde su oficio y actividad; y tenemos que acompañarlos en sus iniciativas, sin nada de recetas ni imposiciones».

El oficio de enamorar

Jóvenes entrevistados por este diario manifestaron que los comités de base en este sector no deberían arrastrar las malas prácticas de esas estructuras en otros ámbitos, como la de solo interesarse por reuniones, documentos y crecimientos.

«Creemos que se debe reorientar ese concepto, sobre todo con los jóvenes cuentapropistas, para que de veras le aporten otra visión a la organización, sobre todo a la hora de crear sus espacios y desarrollar las actividades», aseveró Ariel Ramírez Falcó.

Sandy Dilmer González opinó que para este sector también se requiere el apoyo de los movimientos juveniles, por ejemplo, en cursos de superación sobre temas que a ellos les interese para desarrollar su trabajo. También aconseja mayor flexibilidad en las reuniones, que podrían ser cada dos meses, pues «para funcionar bien y cumplir no es preciso reunirnos mes por mes», recalcó.

Mailin Albety Arozarena, primera secretaria de la UJC en Centro Habana, explicó que muchos de estos jóvenes no son dueños de sus negocios, sino trabajadores contratados que tienen que hablar con los jefes para cumplir sus tareas como militantes. «Lo más difícil ha sido agruparlos y lograr que se motiven. Ellos tienen ahora la oportunidad de apoyar al país y desarrollarse como jóvenes», expresó.

«Aunque no todos participan con sistematicidad en las actividades, sí tienen una comunicación muy activa, y son atendidos también en sus consejos populares. Han creado su propia identidad y hemos organizado ferias juveniles donde participan y exponen sus resultados. El trabajo con ellos debe ser sin imposición», estimó.

Caridad Herrera Cárdenas, presidenta de la cooperativa no agropecuaria Mónaco, reconoció la importancia de que estén sumando dos jóvenes a la vida política juvenil. «Ellos sintieron esa necesidad atraídos por las actividades que hacen sus amigos militantes, por ver cómo se organizan y son estimulados los mejores. Son muy activos y participan de nuestras decisiones», indicó.

Alain Delcort López, miembro del Buró Provincial de la UJC en   La Habana, explicó que tienen registrados 89 militantes de este sector y ya han creado cinco estructuras de base. «Hay que intencionar más el trabajo con los funcionarios que los atienden. Muchos no dominan las acciones aprobadas y deben vincularse más con estos jóvenes», agregó.

Según Sutil Sarabia, el acercamiento a los jóvenes ha sido favorable, pero aún quedan muchas insatisfacciones. «El método y el cómo lo están adecuando. Muchos están ávidos de orientación, seguimiento, y tenemos que lograr responder a sus intereses para que se sumen a nuestros espacios.

«Tienen mucha disposición para participar en actividades de formación de valores, movilizaciones, asistencia a centros de niños discapacitados… y lo han realizado», puntualizó.

Aun así, falta por hacer pese a que se ha creado la primera Brigada Técnica Juvenil (BTJ) en este sector, existe la propuesta de entrega de la Bandera de Honor de la UJC al comité de base de la cooperativa no agropecuaria Mónaco, y Sandy Dilmer pasará a la historia como el primer joven cuentapropista miembro de un Comité Municipal de la UJC.

«Nuestras estructuras tienen que comprender que los movimientos son esenciales para el trabajo político e ideológico con los jóvenes, y que mucho pueden contribuir a la superación y formación jurídica, tributaria, ambiental, económica y social de los jóvenes del sector no estatal, muy ansiosos de estos temas, consideró Sutil Sarabia.

«Las BTJ, como la creada en La Habana —la primera del país que nace en el sector no estatal—, tienen el deber de definir los intereses de los jóvenes y diseñar cursos que ayuden a resolver estos déficit, que sean acogedores, abiertos, que les lleguen, al joven, y así estaremos en condiciones de lograr mejores cosas.

«El Movimiento Juvenil Martiano puede apoyar mucho en la formación de valores, en la ética y la disciplina que ellos deben asumir ante sus nuevas profesiones», agregó.

Para este año se prevén los primeros activos e intercambios de experiencias de estos jóvenes, con el propósito de dialogar y conocer vivencias en presencia de los Organismos de la Administración Central de Estado (OACE) y otras entidades con las cuales mantienen relación.

«En estos momentos nos encontramos en la elaboración y actualización de los convenios de trabajo de este movimiento con los diferentes OACE, los que, junto a las BTJ, ofertarán cursos de superación que respondan a los intereses de este grupo juvenil.

«Tenemos que comprender —insistió Sutil Sarabia— que este sector es prioridad para el trabajo de la UJC. No como consigna, sino que nuestras estructuras lo interioricen. Contar con una vanguardia juvenil dentro de este sector es fundamental, para los propósitos de nuestra organización y de la Revolución».

Números que hablan

Datos del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social al cierre de diciembre de 2013 indicaban que hasta esa fecha estaban registrados 133 278 jóvenes como trabajadores por cuenta propia y de ellos 109 234 estaban afiliados a secciones sindicales.

De la cifra general, 24 346 eran amas de casa, 81 665 desvinculados del estudio y el trabajo, 20 883 provenían del sector estatal, 2 214 eran sancionados, 1 074 estudiantes,     1 698 procedían de las nuevas formas de gestión, 1 043 eran egresados de establecimientos penitenciarios y 355 habían resultado disponibles.

Las provincias con mayor número de ocupados en esta forma de gestión son La Habana (37 244), Matanzas (11 114) y Holguín (10 450). En cambio, las de menor cifra son el municipio especial de la Isla de Juventud (957), Guantánamo (3 514) y Mayabeque (3 934).

En el caso de los militantes de la UJC, Cienfuegos, Sancti Spíritus y Ciego de Ávila, son los territorios que más tienen.

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