Así llegó a Cuba el Primero de Mayo

El triunfo de la Revolución, en enero de 1959, garantizó que los desfiles por el Día Internacional de los Trabajadores se reanudaran masivamente, con marchas que sobrepasan el millón de personas

Autor:

Juan Morales Agüero

La tradición cubana de celebrar el Primero de Mayo data de hace más de una centuria. Debutó en el Congreso de la II Internacional, celebrado en París en 1889, cuando, unánimemente, los delegados acordaron adoptar la fecha como Día Internacional del Trabajo para honrar a los Mártires de Chicago, los cuatro obreros norteamericanos —Albert Parsons, August Spies, Adolfo Fischer y George Engel— juzgados y ejecutados injustamente en el mes de mayo de 1886.

José Martí, a la sazón corresponsal en Estados Unidos del diario La Nación, de Buenos Aires, cronicó de esta manera aquel crimen:

«… salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas plateadas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos abajo la concurrencia sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro plegaria es el rostro de Spies, firmeza el de Fischer, orgullo el de Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita que la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora los encapuchan, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos cuelgan y se balancean en una danza espantable».

El suceso hizo que en parte del mundo se tomara conciencia acerca de las condiciones en las que laboraban miles de trabajadores, y para que la demanda de la jornada de 8 horas deviniera reivindicación obrera de todo el planeta.

Cuba figuró entre los países que efectuaron el desfile acordado para 1890 en el Congreso de la II Internacional. Era todavía colonia de España. Pero en diversos lugares se intensificaban los planes para iniciar una nueva etapa de la guerra independentista. Al poco tiempo, el Capitán General Emilio Polavieja prohibió las marchas. La medida duró hasta 1902, cuando se instauró la República Mediatizada.

Desde entonces, hubo momentos solidarios, como aquel Primero de Mayo de 1918, cuando nuestro movimiento obrero acordó enviarles una felicitación a los trabajadores de la Rusia soviética por el triunfo de la Revolución Socialista de Octubre. Y otros de combate, como en 1925, cuando criticó con la situación económica del país. El régimen antipopular del presidente Gerardo Machado reaccionó vedando los actos.

En 1930, los trabajadores habaneros ignoraron la arbitraria prohibición y salieron a las calles a desfilar. Fueron reprimidos por la policía con saldo de dos sindicalistas muertos y 17 heridos, todos en la Colina Lenin, en Regla.  Pero la violencia no consiguió amilanarlos. Finalmente, la lucha del movimiento obrero consiguió que en 1937 el Gobierno se viera obligado a autorizar nuevamente el festejo.

La fundación de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC), en 1939, trajo aparejada un ciclo de celebraciones signadas por la masividad y la combatividad.  Pero tal panorama se fue a pique luego de 1947, cuando la dirección de la organización gremial, luego de sucios manejos de sucesivos gobiernos, fue escamoteada vilmente por una camarilla divisionista que encabezó Eusebio Mujal.

Solo una personalidad como la de Lázaro Peña, el legendario dirigente sindical, pudo mantener viva una conmemoración con la unidad de sus miembros. Así, en aquellos años consiguió organizar desfiles paralelos a los actos oficiales.

El triunfo de la Revolución, en enero de 1959, garantizó que los desfiles por el Día Internacional de los Trabajadores se reanudaran masivamente, con marchas que sobrepasan el millón de personas. Por contextos muy puntuales, los desfiles se celebraron una vez (1970) en los campos de caña. Y en 1994 y 1995, se suspendieron para no incurrir en gastos a causa de la depresión económica derivada de la caída del campo socialista. Se reiniciaron en 1996, esta vez con el nombre de Marcha del Pueblo Combatiente. Entre el 2000 y el 2004, el tradicional desfile fue sustituido por Tribunas Abiertas que igualmente desbordaron la Plaza de la Revolución.

Este jueves el pueblo tomó de nuevo las calles, en un desfile que hizo «temblar la tierra», como pidiera el General de Ejército Raúl Castro.

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