Huellas que perduran

Cinco décadas después del inicio de la constitución de la UJC en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el 15 de julio de 1964, continúan llegando a la Brigada de la Frontera jóvenes para custodiar el perímetro fronterizo con la ilegal base naval yanqui de Guantánamo

Autor:

Lisván Lescaille Durand

GUANTÁNAMO.— Era una noche fría y sin luna aquella que le tocó en suerte cuando le asignaron su primera «enorme» misión: el servicio de guardia en el perímetro fronterizo en torno a la ilegítima base naval norteamericana de Guantánamo.

Camino a la posta combativa, una montaña de provocaciones enemigas anteriores que desencadenaron trágicos acontecimientos discurrían en su mente: pedradas lanzadas desde el lado de los usurpadores, palabras ofensivas, intimidación con disparos, y la muerte criminal del primer mártir y militante de la organización juvenil, Ramón López Peña, el 19 de julio de 1964.

Sin embargo, la joven de 19 años Mirthia Julia Brossard Oris pensaba que ninguno de estos sucesos pudo entonces —ni hoy si fuera el caso—, perturbar la determinación de los jóvenes cubanos que allí cumplieron el sagrado deber de contener inteligentemente al enemigo, sin darle un motivo para desatar una guerra contra nuestro país.

A la mente de la muchacha acudía entonces aquella anécdota contada por uno de los primeros combatientes del antiguo Batallón fronterizo quien, tras el regreso del funeral de su madre, soportó estoicamente las ofensas a su progenitora, vociferadas a bocajarro por un yanqui. Cuentan que el himno nacional a todo pulmón fue la respuesta viril y cauta del cubano patriota.

«Ahora es de verdad», meditaba mientras ponía todo su empeño en registrar cada detalle al alcance de su vista, «como si en mis pupilas estuviera la seguridad de toda la nación; de manera que todo debía hacerlo impecablemente durante ese tiempo».

Pero la más impactante visión la alcanzó Brossard Oris al amanecer de ese día, según contó a Juventud Rebelde. «Aunque tenía toda la preparación requerida para pasar esa prueba una no deja de sorprenderse por la realidad de aquel teatro de operaciones militares que te hace sentir verdaderamente útil y, entonces, cobra mucho más sentido el entrenamiento en el campo con obstáculos, las prácticas de tiro, las clases tácticas… En fin, te sientes una combatiente en cuerpo y alma», confiesa.

Jóvenes en la vanguardia

Los hay de varias provincias, aunque mayoritariamente del oriente cubano. Llegan con una carta de presentación: sus cualidades humanas y espíritu de sacrificio encomiables, humildad, modestia y disciplina; pero, por sobre todas las cosas, vienen a cumplir un deber que se les torna sagrado: custodiar el sueño de los cubanos a escasos milímetros del enemigo.

Este numeroso grupo de jóvenes soldados integra la Vanguardia combativa Ramón López Peña, que dirigida por la Unión de Jóvenes Comunistas, promueve su captación y atención en las cinco provincias orientales, para el cumplimiento del Servicio Militar Activo en la Brigada de la Frontera (BF).

Algunos, además, tienen en esta insigne unidad militar, Orden Antonio Maceo, su bautismo de fuego como requisito esencial para emprender estudios universitarios. Ese es el caso de Mirthia, y de la guantanamera de apenas 18 años Jadis Camila Díaz Campos.

Ellas no lo dudaron un instante cuando llegó la hora de venir a la BF hace ya casi un año. Afirman que incluso si no fuera un requerimiento de su futura disciplina, habrían ingresado de todas formas al Servicio Militar Voluntario Femenino: «Teníamos el compromiso como dirigentes de la FEEM de dar este paso y la vida aquí nos confirma que fue acertado. Una aprende a enfrentar sus propios miedos, superarse físicamente, crecer en lo espiritual, departir con otras personas, valorar sus cualidades, practicar la solidaridad en los momentos difíciles…», abunda la joven santiaguera.

«En mi caso —opina Jadis Camila— vine con mucha disposición. Tiene un elevado simbolismo para mí como guantanamera ser una combatiente en esta unidad que acumula tantas glorias y muestras de patriotismo. Aquí hemos aprendido de todo…

Jadis Camila Díaz Campos

«Recibes una preparación integral —argumenta— desde el punto de vista militar, político e ideológico que te pone en condiciones de responder adecuadamente ante cualquier circunstancia que se te presente. Con los días sientes que cambias como persona y que vas moldeando poco a poco tu carácter.

«A nosotros nos queda claro siempre que representamos a Cuba ante un enemigo que nos acecha y no perdería su chance si cometemos un error en este perímetro fronterizo», reafirma Jadis Camila.

Juan Guillermo Sagarra Babastro, un santiaguero que desde hace siete meses cumple su Servicio Militar Activo aquí, comprueba todos los días cuánto se desarrolla políticamente a la par que adquiere herramientas para ser más organizado en su trabajo y en su vida personal.

Juan Guillermo Sagarra Babastro

Cuando este muchacho de 19 años quiere graficar la certeza anterior, expone sus experiencias en los procesos de ingreso de nuevos jóvenes a la organización de vanguardia de la Juventud cubana.

«Ser militante de la UJC aquí entraña un compromiso, de modo que los crecimientos siempre tienen el mismo rigor y el simbolismo que convirtió a Ramón López Peña en el primer militante post mórtem de la UJC en las FAR, estructuras que empezaron a constituirse hace 50 años en esta misma unidad.

«De tal manera, uno le toma el pulso a las tareas y las acomete con la mayor responsabilidad posible», sostiene.

A pesar de la valía de estos jóvenes, sus aptitudes no surgen por generación espontánea, interviene el teniente Adriel Oscar Hodelín Moya. «Justamente en ese cometido pone toda su pasión y experiencia la oficialidad de esta unidad, que procura conocer a fondo las cualidades de cada soldado, saber cómo piensa, responder sus inquietudes y mantenerlos constantemente motivados», alega Hodelín Moya.

Teniente Adriel Oscar Hodelín Moya

Para este joven de 25 años, que cumple una tarea de la Revolución allí, estos muchachos y muchachas, a pesar de tener mejor formación académica que los fundadores de la BF, deben librar disímiles batallas en el terreno ideológico contra la subversión enemiga, dirigida especialmente a las nuevas generaciones.

«En ese sentido es intenso el trabajo que desplegamos para que el joven soldado sepa conscientemente lo que defiende en aquel perímetro, que no es otra cosa que su patria y las conquistas de la Revolución», remarcó el teniente Hodelín Moya.

Recuerdos de un nacimiento

Fue el 15 de julio de 1964, en la Brigada de la Frontera, y en medio de un clima de hostilidad permanente en el perímetro fronterizo con la ilegal base estadounidense, que se inició el proceso de construcción de la Unión de Jóvenes Comunistas en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, como consecuencia lógica del proceso partidista. Un número importante de combatientes resultaron admitidos como militantes o aspirantes de la organización a partir de métodos y estilos juveniles de trabajo.

Tal necesidad se tornó imprescindible con la incorporación de miles de jóvenes a las FAR en virtud del primer llamado al Servicio Militar Obligatorio (SMO), en 1964.

«Había regocijo en la tropa —recuerda Rafael Piquera, uno de los fundadores del Batallón Fronterizo, entrevistado por JR en ocasión del aniversario 45 de este acontecimiento—. Las asambleas se realizaban lo mismo bajo un árbol, que en un improvisado ranchón, pues allí no existían ni remotamente las condiciones de vida que exhibe hoy la Brigada de la Frontera.

«El nacimiento de la UJC contribuyó al fortalecimiento del trabajo político-ideológico, a cohesionar más a la tropa y elevar sus principios revolucionarios», afirma Piquera, quien relató a este diario el entusiasmo con que aquella hornada de combatientes no solo cumplía cabalmente su servicio de guardia en el frente, sino que apoyaba las tareas de la economía.

«Después de la misión principal, que era la custodia de aquel perímetro, y de elevar la preparación combativa, participábamos en los cortes de caña del antiguo central Los Caños, conocido después como Paraguay, y en las tareas agrícolas que se nos asignaran. Eran los frentes en que se libraba la batalla por la naciente Revolución».

Ramón López Peña: el primer militante

El joven tunero Ramón López Peña había estampado en la autobiografía para la solicitud de ingreso a la organización: «Quiero ser comunista». Y fueron sus cualidades las que determinaron su selección como soldado ejemplar horas antes del vil asesinato por disparos de la guardia yanqui el 19 de julio de 1964.

Alrededor de la cuatro de la tarde de aquel día se inició la entrevista al soldado López Peña, quien impresionó por su fuerte carácter, pero sobre el cual se imponía la nobleza del campesino. Sus compañeros lo recuerdan como un combatiente disciplinado y dispuesto a cumplir cualquier misión por arriesgada que fuera.

Afirman que al mismo tiempo se hacía notar su espíritu alegre y la pasión por las canciones mexicanas, guitarra en mano. En la asamblea de ejemplares no le hicieron ningún señalamiento que le impidiera alcanzar la categoría de militante. En el sepelio, el entonces Ministro de las FAR, General de Ejército Raúl Castro Ruz, entregó al padre de López Peña el carné que acreditaba al joven como el primer militante de la Unión de Jóvenes Comunistas en las FAR.

Fuente: Libro A escasos metros del enemigo. Historia de la Brigada de la Frontera, de Felipa Suárez y Pilar Quesada.

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