Queratina, ¿eres mi amiga?

Si el producto no es confiable, el costoso tratamiento para el cabello no solo conlleva riesgos para la salud de quien se lo aplique, sino también para quien realice el procedimiento

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Esta es la época de «los pelos estirados», me dice una joven de 18 años que por tercera vez se «hace la queratina». La moda es tener el cabello muy lacio, comenta, y no con el torniquete sino con la plancha, o mejor con este producto. «Como las artistas de las telenovelas, un pelo que no tiene ninguna vuelta, bien liso».

Claro que hay que conseguir un champú sin sal para no echar a perder el trabajo, añade, «y hay que buscar un producto de calidad, pero después el pelo te lo agradece. Mira el mío, ¡cuánto brillo y soltura!» ¿No tiene algún riesgo para la piel o para el cabello este tipo de tratamiento?, le pregunto, y su silencio me hace dudar.

Como ella, muchas muchachas y señoras se inscriben en esta tendencia de los cabellos alisados que encuentra en la conocida plancha de pelo una aliada un tanto peligrosa, porque hay que controlar bien la temperatura. Además, no es tan duradera como este tratamiento químico, cuya garantía en cuanto al resultado es mayor.

Es necesario hacer la salvedad de que no es lo mismo un tratamiento de queratina que el alisado progresivo que conocemos por el mismo nombre, y al que se acude para reducir el volumen y los rizos del pelo. Se trata esta de una técnica capaz de nutrir, reconstruir, alisar y dar brillo, beneficios que no siempre compensan el no valorar sus riesgos para la salud ni el alto costo de su aplicación, según refirieron algunas adolescentes, jóvenes y mujeres adultas que fueron entrevistadas por esta reportera en la capital.

El empleo de un producto de origen confiable, una correcta manipulación para aplicar el tratamiento y el uso de adecuados medios de protección por parte de quien lo aplica, son factores que no deben ignorarse en el momento de querer lucir una cabellera deslumbrante.

¿Contra viento y marea?

¿Quién imaginaría hoy que gracias al asombro de un trabajador funerario en Brasil la queratina sería un producto altamente demandado? Él notó que, al entrar el cabello de los occisos en contacto con el formol , este se volvía más brilloso, y desplegó su inventiva con esta aplicación. La industria cosmetológica «no se durmió en los laureles», pues de inmediato innovó productos en los que se incluyera esta sustancia con el objetivo de reavivar el cabello sin que fuese necesario ejecutar la aplicación con mucha frecuencia.

Y no es que se trate del descubrimiento del agua tibia, pues la queratina existe en nuestro cuerpo de manera natural. Se trata de una proteína rica en azufre que le otorga resistencia, fuerza y vitalidad a las uñas y al cabello, aunque en este último suele desaparecer o disminuir sus proporciones considerablemente debido al polvo, la exposición al sol, el uso de secadoras, tintes, decoloraciones, numerosos productos químicos y planchas para alisar, entre otras prácticas.

Podemos someternos a un tratamiento de queratina natural y facilitaremos la nutrición del pelo, pero cuando hablamos de «hacernos la queratina», el proceso es más complejo y un poco riesgoso, pues hablamos de un producto basado en la combinación de esta sustancia con el formol, que permite la conservación de los tejidos y cuyas concentraciones no deben sobrepasar el 0,2 por ciento.

La estilista Gabriela Navarro, del municipio capitalino de Guanabacoa, refiere que es frecuente la ocurrencia de quemaduras en el cuero cabelludo y la caída del pelo si se emplean productos que superan las concentraciones mencionadas de formol.

«Sucede en los casos en los que las clientes compran el producto y lo traen para su aplicación, sin tener idea de su origen, la marca o la empresa productora. O cuando el envase que traen carece de la información sobre los ingredientes de su fórmula. Una estilista que se respete deberá tener siempre claro estos pormenores, porque no puede ofrecer un servicio tan costoso como este si el producto no es de calidad».

El producto no se elabora en el país, agrega Navarro, y quienes pueden importarlo en ocasiones prefieren comprar más cantidad que calidad con el ánimo de obtener más ganancias, pues aquí el precio de una onza oscila entre diez y 15 CUC y según el largo del cabello se necesitan varias onzas. «Los olores, la atractiva presentación del envase y la cantidad que este trae puede encandilar a los compradores, y quienes lo adquieren después aquí no pueden perder estos detalles de vista para su uso personal o para su venta posterior».

Dermatólogos advierten en artículos especializados publicados en Internet que si no se verifica la concentración de formol que trae el producto y se realiza la aplicación, pueden originarse irritaciones, quemaduras, congestión nasal y comezón en los ojos debido a la rápida absorción de esta sustancia que hace la piel.

«Hacerse la queratina» no es cosa de coser y cantar, como dice el refrán. Los manuales de aplicación explican que durante el procedimiento se abren los poros de los cabellos para que estos puedan absorber la proteína, los que deben sellarse después pasando la plancha. La impresión de enlaciado se obtiene gracias a la reducción y afinamiento del volumen del cabello, y es necesario evitar luego el uso de sustancias que puedan propiciar la apertura de los poros y, por tanto, el fracaso del tratamiento.

Lucio Jiménez, estilista del municipio de Diez de Octubre, comenta que esta es otra de las razones por las que resulta tan costosa esta aplicación. «No solo se trata de comprar las onzas, sino también el champú, que no debe contener sal, y no son muchas las marcas que se ofertan en el mercado con esta propiedad. También debemos evitar el baño en piscinas, pues el cloro actúa en detrimento del procedimiento».

Sin embargo, no solo el cuidado debe tenerlo quien compre el producto para su aplicación en su propio cabello o para la venta, sino también el estilista o peluquera que se dedique a esta actividad, pues la exposición al formol es muy peligrosa por encima de los límites saludables.

Según el toxicólogo chileno Juan Carlos Ríos, del Centro de Investigación Toxicológica de la Universidad Católica de este país sudamericano, esta sustancia es un químico altamente cancerígeno, y la exposición a él trae graves consecuencias.

«Las concentraciones permitidas de formol en los endurecedores de uñas no puede rebasar el cinco por ciento ni el 0,1 en el caso de los productos de higiene bucal; mientras que en el resto de los cosméticos, como estos que se utilizan para el tratamiento con queratina, el límite fijado es de 0,2 por ciento para evitar daños a la piel, a los ojos y a las manos.

«Quienes deseen alisarse el pelo con este tratamiento pueden padecer las consecuencias a nivel dérmico, pero quienes manipulan el producto pueden padecer además los peligros de la inhalación, entre estos bronquitis, laringitis, neumonías y alergias importantes».

Destaca el especialista chileno que los profesionales de estas labores deben tomar precauciones, y para ello no pueden faltarles los guantes, los protectores buco-nasales ni las condiciones idóneas de ventilación en el local de trabajo. «Una alternativa más saludable ofrecen aquellos productos que no contienen formol, aunque los resultados se mantienen en el cabello hasta un máximo de tres meses».

Y claro que lo ideal sería que no hubiera problemas de confiabilidad en los productos que se ofertan en los mercados, y que el afán de lucro no imperara en las compras que realizan quienes luego los ofrecen en nuestro país. Sin embargo, la verificación de su autenticidad debe ser prioridad para el consumidor y de estilistas y peluqueros, a quienes les corresponde además la toma de conciencia con respecto al cuidado de su salud.

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