Nostalgia por su calle 23

Murió en Mérida, Yucatán, México, uno de los más excepcionales compositores de boleros que acompañaba al piano de la historia musical romántica de Cuba: Frank Domínguez

Autor:

Luis Hernández Serrano

El miércoles 29 de octubre, mientras dormía, murió en Mérida, Yucatán, México, uno de los más excepcionales compositores de boleros que acompañaba al piano de la historia musical romántica de Cuba: Frank Domínguez. Su cadáver fue incinerado.

Nació en Güines, pero a los tres meses lo llevaron para la ciudad de las Cuevas de Bellamar. Sus padres eran Nicolás Domínguez Isla, güinero, y Francisca Padrón Sanz, de Matanzas. Él, del sector farmacéutico, y ella, diestra en alta costura. Tuvieron tres hijos: Freddy falleció hace una década, y Judith vive en Matanzas.

La primaria la cursó en el colegio anexo a la Escuela Normal para Maestros en la capital matancera. Sus primeras maestras de piano fueron Nery Ortega y Graciela Santiago.

Con su compañero de aula Gilberto Aldanás, hizo un dúo —él al piano y Gilberto cantando, los dos con 14 años— interpretando famosos boleros de autores mexicanos como Sabre Marroquín y Agustín Lara, escuchadas de la emisora radial XEW, se los aprendían y los presentaban en fiestas de la sociedad yumurina.

Su verdadero nombre era Francisco, le decían Panchito pero adoptó el artístico de Frank. A los 20 años vino a La Habana para estudiar Farmacia, pero pronto actuó como pianista en los centros nocturnos Ocean Club, Club 21 y fue director de un combo en el cabaré Sans Souci, en el que el guitarrista era César Portillo de la Luz.

Para él la Revolución creó, en 1963, el conocido club Imágenes, en la calle Calzada, en el Vedado.

«Blanquito, ¿no me vas a dar una canción tuya para que yo la cante?», le preguntó Benny Moré. Y le compuso Mi corazón lloró, que el Bárbaro del Ritmo interpretaba magistralmente.

Gilberto Aldanás confiesa haber oído decir que Armando Manzanero, al iniciarse en la música, comentó inspirarse en la manera de componer del autor de Cómo te atreves y Refúgiate en mí.

Ñico Rojas lo consideró entre los mejores pianistas acompañantes seguidores del filin. Le gustaba, amaba y cantaba mucho su canción Luna sobre Matanzas, en la cual le llamaba «femenina y coqueta».

Pocos recuerdan o muchos ignoran que Frank Domínguez fue uno de los primeros autores que en febrero del 59, para homenajear las comparsas de la Revolución, compuso el guaguancó Para ayudar a Fidel, escrito para una producción de Alberto Alonso en el cabaré Capri y que, entre otras cosas, decía: «Ven a ver, ciudadano, cómo canta y baila mi Pierrot, en este carnaval tan cubano, tan alegre y de la libertad. Oye, ciudadano, yo me voy con él, consume productos cubanos para ayudar a Fidel».

Su hermana Judith contó a Aldanás, que en su última visita a Mérida Frank le confesó: «¡Ay, mi hermanita, cómo yo extraño mi calle 23!», evocando con nostalgia su apartamento en los altos de La Zorra y el Cuervo, donde vivió mucho tiempo.

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