La Protesta de Jarao, monumento a la resistencia cubana

Este 15 de abril se cumple el aniversario 136 de una de las epopeyas más heroicas de nuestra historia, protagonizada por el villaclareño Ramón Leocadio Bonachea

Autor:

Rolando Rodríguez*

Se cumple este 15 de abril el aniversario 136 de una de las epopeyas más heroicas de nuestra historia. Ese día de 1879, después de 14 meses de lucha, luego del Pacto del Zanjón, se firmó en Hornos de Cal, a unos kilómetros de Sancti Spíritus, la heroica y poco conocida Protesta de Jarao, protagonizada por el villaclareño Ramón Leocadio Bonachea, al que acompañaron durante ese tiempo solo unos cien hombres.

Ramón Leocadio Bonachea nació el 9 de diciembre de 1845 en Santa Clara, en la calle de Buenviaje, entre San Francisco Javier (Maceo) y Parque.

Ya hecho un jovencito, por un incidente con militares españoles fue enviado a casa de un amigo abogado en Puerto Príncipe, donde el ambiente parecía más remansado, y sin embargo era un hervidero de separatistas. Se inició en la masonería en la logia Tínima, junto a Ignacio Agramonte, en la cual el Venerable Maestro era Salvador Cisneros Betancourt.

Se alzó en Puerto Príncipe, a los 19 años, el 4 de noviembre de 1868. Participó en numerosos combates. A fines del 69 ya era comandante. Entre los combates librados en que participó estuvo el de las Minas de Juan Rodríguez, en el que se le causó al general Puello 223 bajas. Se le citó en el parte cubano del día. Peleó en Las Guásimas. Enviado a territorio espirituano, libró operaciones sobre la trocha y Morón. Aquella la cruzó más de diez veces. El 25 de enero de 1875 se incorporó a las fuerzas de Gómez, quien había invadido Las Villas.

Cuando la sedición de Lagunas de Varona, encabezada por Vicente García, Gómez salió de Las Villas para tratar de desmontar el motín y, dejó a Julio Sanguily al mando. Bonachea pasó a Camagüey y, en gesto indebido, transmitió el disgusto de los villareños a Gómez por esa designación. Por tal causa, en febrero del 78 solo había llegado a teniente coronel.

En Camagüey lo sorprendió la paz del Zanjón. Siguió la lucha después del vergonzoso pacto, con menos de un centenar de hombres. Libró una campaña solitaria de 14 meses más, en que peleó contra miles de hombres. Incluso se enviaron sicarios a matarlo.

El 10 de noviembre del 78 el Comité Revolucionario de Nueva York le envió el diploma de general de brigada. Lo vino a recibir en abril, pues hombres como el general Maestre le interceptaban la correspondencia. A todas estas los hacendados y jefes capitulados le expresaban la conveniencia de que abandonara la lucha, porque querían paz para desarrollar sus negocios. Otros más lo pedían porque alertaba a los colonialistas, mientras ya preparaban la nueva guerra, o como el gran patriota Serafín Sánchez ejercían su influencia para tratar de salvar su vida.

Por fin el 15 de marzo de 1879, después de muchas presiones, dejó las armas. Bonachea lo hizo en Hornos de Cal, a 22 kilómetros al sudoeste de Sancti Spíritus, poblado de Jarao. En la protesta afirmó que si bien no había capitulado ante los españoles, ni con sus autoridades, ni aceptaba el Zanjón, se encontraba conforme en cesar la lucha. Evidenció, junto a Maceo, con su Protesta de Baraguá, ser la encarnación de la rebeldía cubana.

Cuando partió de Cuba en 1879, los hacendados trataron de entregarle unos 20 000 pesos, más diez mil pesos puestos por los españoles. Él pidió que le repartieran el dinero a sus hombres y no tocó ni un centavo. No marchó hasta que el Gobernador General le entregó un comprobante de que no había recibido cantidad alguna.

En la segunda mitad de abril Bonachea embarcó rumbo a Jamaica, desde Tunas de Zaza. Pronto volvió a conspirar y se unió a Calixto García para iniciar la Guerra Chiquita. Después marchó a Nueva York a encontrarse con Calixto. El Comité Revolucionario Cubano, firmado por Calixto García y Carlos Roloff, le entregó el 7 de julio de 1879 el diploma de general de división. Fue el primero en las armas rebeldes en ostentar ese grado. El Consejo de Gobierno lo validaría en Ciego Potrero, el 4 de noviembre de 1895, cuando acordó reconocer los grados otorgados con motivo de los movimientos de 1878 a 1895. A pesar de sus múltiples empeños para llegar a Cuba durante la Guerra Chiquita no pudo lograrlo.

En junio y julio de 1880 cayeron presos en Cuba los más destacados jefes mambises sublevados. El 4 de agosto Calixto entró prisionero en Manzanillo. Bonachea persistiría en el intento de desembarcar en Cuba todavía hasta septiembre de 1880, cuando le advirtieron que la situación era contraria a toda tentativa expedicionaria.

El villaclareño no cesó de conspirar. Él sería el jefe de una expedición de vanguardia que desembarcaría en Cuba. Esperaría a Maceo y Gómez con las armas en la mano. Bonachea se dedicó hasta 1884 a recorrer las emigraciones de la cuenca del Caribe, en busca de armas y apoyo y agitándolas para la causa de la independencia.

Por fin el 29 de noviembre Bonachea partió con 14 hombres rumbo a Cuba. Pero fue delatado y cayeron prisioneros de los colonialistas. Juzgado, fue condenado a muerte junto a cuatro expedicionarios más. A otros se les condenó a cadena perpetua o largas penas de prisión.

En 1926, en Hornos de Cal, en la misma casa donde estaban los hombres que se congregaron para que Bonachea redactara y firmara la protesta el 15 de abril de 1879, se inauguró un obelisco que recordaría la gesta inmortal.

En el parque Vidal, de Santa Clara, debía haber una gran escultura a la rebeldía de Bonachea y el pueblo cubano, junto a Marta Abreu. También una tarja en la casi derruida morada de Buenviaje y una calle de las del centro, que todavía llevan el nombre de connotados machadistas, como Berenguer, debía llevar el de este extraordinario patriota.

*Profesor titular de Historia de Cuba de la Universidad de La Habana, miembro de número de la Academia de la Historia de Cuba, premio nacional de Ciencias Sociales y premio nacional de Historia

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