A prueba de cualquier freno - Cuba

A prueba de cualquier freno

Tan dura como los bloques que producen, es la voluntad de avanzar de los socios de la cooperativa de construcción y fabricación de materiales Kb-Bloquín, ante las piedras que se interponen en el camino…

Autores:

José Alejandro Rodríguez
Susana Gómes Bugallo

En junio de 2014, cuando la cooperativa de construcción y fabricación de materiales Kb-Bloquín se paralizó tras cuatro meses de creada, cualquiera hubiese augurado el fracaso de sus socios en una forma de gestión no estatal que tanto el país como ellos sueñan.

Pero son tan duros como los bloques y losas salidos de sus manos, y tan resistentes como las paredes que renuevan, que han sorteado frenos, ignorancias e inercias, y se han impuesto con tal de validar esa manera de trabajar, vivir y cooperar entre todos.

La perseverancia de María Teresa ha ayudado a abrir los caminos de Kb-Bloquín. Foto: Roberto Suárez.

Gran parte de la serenidad la da con su ir y venir la vicepresidenta y fundadora, María Teresa Rodríguez: una mujer de armas tomar cuando se trata de tocar puertas y no cansarse ante olvidos y silencios. «Si no fuéramos así, este proyecto aún estuviera engavetado», sentencia oteando alguna certeza quién sabe dónde.

Cedeño sabe que las cooperativas llegaron para quedarse. Foto: Roberto Suárez.

Luis Antonio Cedeño, el presidente de Kb-Bloquín, transmite nobleza y seguridad a ultranza. Así ha podido liderar esta expedición hacia la autonomía. Así nos cuenta que Kb-Bloquín nació con buen atasco.

En marzo de 2013 los cuatro fundadores presentaron por primera vez la propuesta de una cooperativa productora de losas de pisos, bloques, y rehabilitadora de edificaciones, al Consejo de la Administración Municipal (CAM) de Marianao. Y encontraron el primer muro: allí no dominaban la legislación del cooperativismo e ignoraban cómo procesar la solicitud. Los solicitantes trillaron el camino una y otra vez, infructuosamente. Entre tanta evasiva, antes de elevarlo al Consejo de la Administración Provincial (CAP), les decían que no tenían local en el territorio. Y cuando los emprendedores gestionaban alguno, volvía la negativa.

«Nunca nos cansamos, confiesa Cedeño, porque sabíamos que era una idea nueva, y merecía triunfar. Yo andaba siempre con la Gaceta Oficial en el bolsillo, para defendernos con la legislación que nos amparaba».

Cansados de insistir, recurrieron a la Dirección Provincial de Trabajo y Seguridad Social, que instó a su Dirección Municipal a abogar por la solicitud. Solo entonces, el CAM elevó el caso.

Ya habían gestionado con la Empresa Nacional de Servicios de la Educación Superior, unas naves abandonadas por ella que les sirvieran de sede, cuando el Consejo de Ministros los aprobó como cooperativa en noviembre de 2013. Pero no fue hasta el 22 de enero de 2014 que se constituyeron.

Cuando parecía aclararse todo, comenzó el litigio por el local, en el cual habían invertido tiempo y recursos. El Instituto de Planificación Física dictaminó que el arrendamiento era posible, pues las naves están registradas en el expediente de la Empresa. Pero la Dirección Provincial de la Vivienda argüía, arguye aún, que solo ella puede permitir el arrendamiento. Así, la reconstrucción continúa paralizada. No tienen baño y tuvieron que demoler una pequeña oficina que levantaron. No poseen límites y linderos, ni micro-localización.

Otro escollo inicial fue el desconocimiento de las instituciones bancarias correspondientes sobre las facultades de estas cooperativas, dotadas de personalidad jurídica. En enero de 2014 pidieron crédito al Banco, y no fue hasta junio de ese año que les otorgaron 150 mil pesos. Pero no los dejaban usarlos para cualquier operación. Entonces, Kb-Bloquín no tenía contrato con nadie. Y el Banco no aceptaba los vales de compra de la red minorista donde adquirían los materiales. Desconocía que las CNA pueden comprar no solo por cheque, sino también con efectivo.

Cuando iban a sacar dinero para pagar a los socios, las negativas. Hasta los llevaron al Departamento de Capital Ilícito y congelaron su cuenta, porque no entendían que se extrajera dinero del depositado por sus clientes estatales, para pagar la mano de obra de sus servicios de construcción, previamente aprobada por el inversionista. Si no hubiera sido porque explicaron con vehemencia y fundamento que estas operaciones eran posibles, el banco no se hubiera decidido a analizar el caso. Un día después, los recibieron en sus oficinas para darles la razón.

De las contrataciones y sus agonías

No fue fácil aceptar el cierre de las labores entre junio y agosto de 2014, por la falta de contratos y materiales. Se quedaron sin fondos y no pudieron repartirse ingresos.

Aunque todavía no tienen un mercado mayorista que los abastezca sistemáticamente y con ventajas, «seguimos vivos gracias a los contratos con la Dirección Nacional de Túneles del Minfar, que nos vende desechos que convertimos en  polvo; también  con una bloquera para la arena, y la Empresa Roca Real nos garantiza el mármol. Sin embargo, estamos esperando por ser incluidos en el Plan de venta de Áridos del Ministerio de la Construcción», dice Cedeño.

El talón de Aquiles es el cemento. Primero firmaron contrato con la Empresa de Cemento del Mariel, pues el Micons resolvió vender en moneda nacional con rebaja del 20 por ciento al precio minorista el cemento P-250 (que no es el adecuado para hacer bloques y losas porque demora en fraguar). En marzo se interrumpió ese suministro, porque los igualaron a las empresas estatales, aunque a estas se les vende con el cambio un CUC por un CUP, mientras que a la cooperativa es a uno por 25 CUP.

No es negocio adquirir el cemento, porque sale prácticamente al precio minorista, sin contar los gastos de transporte. Sobre este último, dice María Teresa que, aunque arrendaron un camión a la Empresa de Servicios de Equipos del Ministerio de Transporte, no siempre pueden usarlo, pues el contrato faculta a los arrendatarios a detener el servicio por necesidades de la Empresa.

Un autorizo para cumplir la ley…

Además, cuando adquieren el combustible con Fincimex, lo hacen sin la rebaja del 20 por ciento establecida, al mismo precio que las personas naturales. ¿Argumentos? Que necesitan un autorizo para cumplir la ley (¡…!)

Al final de tantos avatares, según Cedeño, lo lamentable es que todo se traslada al precio a sus clientes, personas jurídicas o naturales, quienes, aún así, hasta ahora prefieren acudir a ellos por baratura y calidad.

No se han dejado vencer por las adversidades, y ya van a nuclear 72 socios. Muchos solicitan trabajo allí; la propia mañana de nuestra visita  fueron seis. Pero Cedeño insiste en que solo aceptan y pagan calidad, porque esa es la cara y el sello de la cooperativa. La estrategia es preparar al optante a ver lo que da. Y seguir al ya aprobado. Conversar con ellos y hacerles firmar documentos para que conste si incurren en alguna indisciplina, hasta tanto se resuelva el problema. Pero es la asamblea de socios la que decide democráticamente quién ingresa y quién debe quedar fuera. Están en juego la salud de la cooperativa y los ingresos de todos…

Elocuente es la historia de un trabajador excelente, que permanecía ebrio en la jornada. Se le alertó hasta que se convocó la asamblea para expulsarlo. Pero los socios  no estuvieron de acuerdo. Le dieron un voto de confianza, y el hombre no ha bebido más, pero sí trabaja mucho.

Aparte de los bloques y losas que fabrican y venden junto al polvo, tienen contratos para realizar reparaciones y rehabilitaciones en instituciones sociales y en hospitales, como el Freyre de Andrade (Emergencias), además de ciudadelas de la Habana Vieja.

Aún la cooperativa no ha desplegado su contribución social a la comunidad, y siente que el Gobierno local pudiera acercarse más a ellos y proponerles proyectos de colaboración. Pero tienen en mente, con la iniciativa del emprendedor Enrique Alberto Aguilar, crear el círculo de interés Construyendo con arte para fomentar en jóvenes la estética de la construcción con ornamentos de barro.

En Kb-Bloquín cambia la vida cuando se está motivado para trabajar, por el bolsillo y por el ánimo colectivo, al punto de que en una quincena un socio puede ganar 800, 900 y hasta mil pesos, en dependencia de sus resultados. Muchos de los que hoy laboran allí con esmero, y cuidan  su trabajo, antes perdían el tiempo sentados en la esquina del barrio.

El mejor ejemplo de mejoramiento humano es Alexis Quesada. Con 42 años, cumplió una larga condena en prisión, y ahora se siente muy bien por la confianza depositada en él. Le ayudan con sus problemas, lo apoyan con materiales para el cuarto que está construyendo. Trabaja hasta los domingos, muele alrededor de cien vagones diarios de polvo, fabrica bloques. Percibe hasta mil pesos quincenales y algo que no se compra: el respeto de sus compañeros. En siete meses su vida ha dado un vuelco. Y hay que darle candela como el macao para que deje la cooperativa.

Como Alexis, la Kb-Bloquín persevera por encima de prejuicios y tropiezos, que no son pocos. Lo nuevo siempre cuesta Dios y ayuda, pero allí se está fraguando una  democrática manera de trabajar solidariamente, entre todos. La cooperativa vino para quedarse, sentencia Cedeño.

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