Cuando suena el teléfono

Son muy jóvenes y ya sintieron la emoción de arrebatarle vidas a la muerte. Sus historias, como las de muchos que cumplen con su deber militar, están ligadas al valor y el altruismo de quienes integran el Cuerpo de Bomberos de Cuba

Autor:

Yuniel Labacena Romero

No sobrepasan los 20 años y ya han salvado de la muerte a varias personas en circunstancias complejas. Aunque generalmente se les asocia con el enfrentamiento a los incendios, sus responsabilidades son más abarcadoras.

Se les puede ver ante desastres naturales, eventualidades meteorológicas, hechos destructivos ocasionados por el hombre y hasta accidentes. Llevan socorro casi a diario a muchas personas, aunque parezca imperceptible.

A estos soldados, que en su inmensa mayoría cumplen el Servicio Militar Voluntario (SMV), se les puede ver en cualquier sitio del país.

Yangel Acosta Torres.

La voz de Yangel Acosta Torres es la primera que se escucha en la pizarra telefónica del Comando del Cuerpo de Bomberos en Ciego de Ávila: «Bomberos… ordene», dice, mientras desde el otro lado del auricular alguien aclama por los servicios de este órgano del Ministerio del Interior (Minint). A continuación comprueba la certeza de la llamada.

Cuenta que le llama la atención la sorpresa de la gente que llama al Comando al escuchar una voz tan joven en ese sitio. No obstante, para él, como para decenas de sus compañeros, no importa la edad, ni hay trabajo pequeño, luchan por salvaguardar la vida humana y los bienes del país y de los ciudadanos.

Lo encontré junto a una decena de avileños listos en sus puestos de combate, sin el más mínimo nerviosismo, pese a los peligros que entrañan los servicios que ofrece el Cuerpo de Bomberos de Cuba.

Ingresó en enero en el Comando. Primero integró la dotación como bombero y ahora acomete este nuevo encargo. «Si complicado es ir al lugar de los hechos, también lo es estar aquí. Cada vez que suena el teléfono o una alarma uno se impresiona, no importa cuánto te hayas preparado para ese momento.

«En el escenario todo es diferente, y si ves que peligran vidas humanas o bienes materiales lo afrontas todo para protegerlos, pues esa es nuestra razón de ser. En ocasiones han llamado en broma, lo cual no debería ser, pero comprobar la certeza de una emergencia ha sido la clave del éxito. Así debe ser siempre para no dar una salida en vano de nuestras fuerzas», dice.

Cada experiencia es un reto, afirma este combatiente, a quien le impactó mucho la primera vez que participó en la extinción de un incendio. «Fue una vivienda de madera bastante malita, donde sus residentes tenían un altar con velas. El foco del incendio fue una de estas, que estaba encendida, se viró hacia la pared y esta cogió candela.

«Cuando llegamos las llamas eran fuertes. El humo no nos permitía divisar nada, logramos apagar el incencio, y por suerte no hubo pérdidas de vidas humanas. A pesar del susto fue algo emocionante llegar hasta allí y desplegar nuestros medios. Lo más gratificante es el reconocimiento de la población y sus aplausos a la labor que hiciste».

Tener valor

Miedo no, impresión sí. Esa es la respuesta de Orlando Almuñez Pelegrín cuando le pregunto sobre la primera vez que debió cumplir una misión como bombero. Según cuenta, la tarea fue a enfrentar un incendio en la zona de los grupos electrógenos, cuyo foco de ignición estuvo originado por la quema de maleza, que luego alcanzó grandes proporciones y llevó a activar nuestra fuerza para extinguirlo.

Orlando Almuñez Pelegrín

Más de un año lleva desandando los pasillos del Comando avileño y agrega que esta es una misión más que necesaria. «Cada vez que vas al terreno vives es algo nuevo y útil. Al principio es algo complicado, pero después, cuando aprendes, le coges el ritmo y cada día te gusta más. Igual sucede cuando participas en los ejercicios prácticos.

«Todavía me sigo conmoviendo cada vez que suena la campana. Ahora mismo estamos conversando, y si se activa tenemos que movilizarnos, porque algo sucedió y ahí tenemos que estar combatiendo», confiesa el joven, quien asevera que no han sido pocas las preparaciones recibidas desde que entró en el Servicio Militar.

«Desde la previa nos dan una preparación general, y luego en el Comando consolidamos nuestras funciones, nos familiarizamos más con los componentes del carro y con el modo de hacer el despliegue, el rescate y salvamento; aprendemos mejor cómo tratar a las personas y a garantizar nuestra protección. Todo ello es necesario para saber dominar más y mejor la técnica. Además, los conocimientos nunca sobran.

«También nos enseñan el código de seguridad del Cuerpo de Bomberos, compuesto por varias medidas preventivas, las cuales no se pueden violar, con el propósito de preservar también nuestra vida. Este deber implica mucha entrega para desafiar cualquier eventualidad, pero es una experiencia inolvidable».

Tensiones de familia

No todo el día es de tensiones en el Comando, aunque eso no se abandona jamás, pues hay días en que se ha tenido que salir más de una vez, aseguran los entrevistados. Cuando eso no ocurre, los jóvenes realizan diversas actividades recreativas en sus puestos de «combate», comparten con los amigos y hasta con adolescentes, quienes se interesan por ser bomberos.

Según Yangel, cadete insertado del Minint que el próximo septiembre desandará las aulas universitarias en la carrera de Ingeniería Química, tienen un círculo de interés con muchachos de la secundaria básica René Ramos Latour, a quienes enseñan cómo es la extinción del fuego, el rescate y el salvamento, y otras misiones.

«A propósito de la Jornada Nacional de Prevención contra incendios hicimos un ejercicio práctico con ellos. Se trata de enamorar a los muchachos y también a las muchachas de nuestra profesión. Les mostramos al pueblo el trabajo de los bomberos, que incluye la labor preventiva».

Orlando, quien está optando por la Orden 218, asegura que en ese noble oficio también se forman como hombres íntegros, con un especial sentido de la amistad y el deber, pues sus misiones requieren casi siempre de la ayuda entre todos, lo que hace más fuerte la labor.

«Recuerdo que cuando dije en mi casa que me habían seleccionado para pasar el Servicio Militar como bombero mi mamá se puso muy nerviosa y el resto de la familia estaba un poco asustada por ser esta una profesión tan compleja y, sobre todo, porque siendo yo tan joven afrontaría la misión de salvar la vida de otros.

«Ya están acostumbrados, saben que este es mi deber, se sienten orgullosos de lo que hago y me apoyan mucho», dice satisfecho Orlando.

A sus consideraciones se une Yangel, quien añade que esta es una barrera más que están venciendo junto al sostén familiar, pues esta es una labor que se aprende para la vida.

«Al pertenecer a este órgano del Minint siento que estoy aportando a la Revolución. Es una forma de sentirme más patriota y de contribuir al bien de la sociedad. Ahora cumplo el Servicio Militar pero regresaré aquí cuando termine mi carrera», alude.

¿Qué distingue a un bombero?, pregunto a los jóvenes. Sin titubear, Yangel asegura que la disciplina, el valor y la exigencia. Su compañero Orlando añade que no debe faltarle un buen oído, saber escuchar al jefe y comprender que esta es una labor que hay que cumplir en bien de todos.

Experiencia que influye

Tenemos un vínculo muy fuerte con la juventud para transmitirle nuestros conocimientos, como relevo en este Cuerpo de Bomberos, asegura el capitán José Carlos de la Rosa, quien se inició en esta profesión asistiendo a un círculo de interés. Más de 30 años en misiones difíciles le han demostrado que los más viejos han de aportarle su experiencia a los jóvenes.

Bajo su tutela, los jóvenes soldados avileños asumen su accionar cotidiano y con el «profe», como le llaman, aprenden algo más que técnicas y habilidades de bomberos, porque se enamoran de esta altruista profesión y del sentido del deber.

«Ahí está el secreto de que muchos de ellos cuando concluyen su deber como soldados anhelan ser bomberos», afirma José Carlos.

Asegura que en las principales misiones que cumplen como Comando, los soldados desempeñan un papel esencial. «Muchos se sorprenden cuando llegan aquí, pues desconocen a lo que se enfrentan. Sin embargo, con los días están listos para enfrentar cualquier contingencia.

«Su principal misión es entrenarse, participar en eventos y servir de apoyo, pero llegan a ocupar los primeros puestos en misiones muy fuertes, que incluso les hacen perder el miedo que nuestros servicios puedan generar».

¿Un momento difícil en su vida como bombero?, indago con el Capitán, y me habla del apoyo que debió brindar en la papelera de Jatibonico, en Sancti Spíritus, ante un incendio de grandes proporciones, que casi le cuesta la vida.

«Había un vacío que el bagazo no me permitía ver, así que por poco me “voy del tiro”. Suerte que mis compañeros me agarraron, pues hoy no estuviera haciendo el cuento».

Este oficial atestigua que estos años le han aportado mucha madurez y responsabilidad. «Eso es lo que le transmito a los jóvenes que llegan al Comando y a quienes se interesan por las carreras. Lo más importante aquí es tener honestidad, valentía y disciplina, considerar cada orientación y las voces de mando del jefe, pues no solo está en juego la vida de la población, la tuya también».

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