¿Hábito perdido?

Causas sociales, culturales y educativas han agudizado la falta del hábito de lectura en la mayoría de los estudiantes espirituanos de las enseñanzas primaria y secundaria

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

SANCTI SPÍRITUS.— Cuando a Glenda María Mayedo Garrido se le pregunta por los libros que ha leído resulta interminable la conversación. A pesar de sus escasos años ya suman unos cuantos los textos que junto a su mamá ha disfrutado.

«Junto a mami leo ahora La noche. Me lo compró en la Feria del Libro. Ella, desde pequeñita, me ha enseñado a quererlos. Fíjate que cuando no comprendía las letras me aprendí de memoria Araña nena», dice la estudiante de tercer grado de la escuela Julio Antonio Mella, de la ciudad del Yayabo.

Glenda María se destaca como una de las lectoras más asiduas de la sala infanto-juvenil de la biblioteca provincial Rubén Martínez Villena, de Sancti Spíritus, adonde asiste con frecuencia con su mamá Gretel.

«Gracias a los libros he podido participar en varios festivales. Además, me ayudan a tener buena ortografía», aclara más con los ojos que con las palabras.

Lamentablemente, pocos son los niños y niñas espirituanos que, como ella, poseen el hábito de la lectura, a pesar de que existen estrategias bien establecidas en los centros educacionales y culturales para fomentar el placer y el disfrute por los libros.

Y aunque no hay estudios científicos que evidencien cuantitativamente cuál es el índice de lectores en edad juvenil —etapa que, a juicio de expertos, es la idónea para formar ese hábito— docentes, escritores, así como personal de las bibliotecas y librerías consideran que en los últimos años, de forma general, la lectura no acompaña usualmente a los pequeños.

Según la Doctora en Ciencias Literarias Yanetsy Pino Reina, entre las causas de esa realidad se destacan las de índoles social, cultural y educativa.

A pesar de que el Programa Nacional por la Lectura involucra a la mayoría de las instituciones y organismos, resulta aun insuficiente la articulación de todos para revertir la realidad, dice Lilia Rosa Oliva, directora de la biblioteca provincial de Sancti Spíritus.

Donde nace el gusto

El seno familiar resulta la base esencial para la formación del futuro ser social. De acuerdo con el Doctor en Filología Ramón Luis Herrera, la toma de conciencia en ese espacio de cuánto influye la lectura a todos, pero principalmente a las más jóvenes generaciones, resulta primordial. Los lectores —a su juicio— se dotan de un conjunto de riquezas espirituales, cognitivas y afectivas que les abren el camino de la vida.

Explica, además, que para formar a los lectores debemos apropiarnos de ambientes afectivos, no impositivos, donde no se prohíban los soportes más contemporáneos.

Arturo Delgado, de la Editorial Luminaria, coincide en que el ejemplo de los padres lectores es esencial para seducir a los más pequeños de casa. La explotación de las nuevas tecnologías también puede influir en lograr la motivación por la lectura, sostiene.

Para la espirituana Matilde González Quesada, quien es la mejor lectora de la biblioteca provincial de Sancti Spíritus, «primero hay que sentirse interesado en disfrutar de un libro, y para ello debe haber un patrón».

Esta ávida lectora resume en unos pocos aspectos los beneficios de la lectura: mejora el vocabulario y la dicción, enriquece emocionalmente, permite la adquisición de conocimientos y es un ejercicio mental.

Otra parte de la historia

Todos los centros de la educación cubana poseen bibliotecas, las cuales, entre sus objetivos, fomentan el interés y gusto por la lectura. En Sancti Spíritus existen 272 de esas instituciones, ocho centros de documentación e información (CDI) y uno de Recursos para el aprendizaje y la investigación (GRAI), así como 29 de las conocidas como bibliotecas públicas.

Precisamente la biblioteca escolar representa un eslabón esencial en la creación y consolidación del hábito de lectura. De acuerdo con Yolanda León Guerra, metodóloga provincial del Sistema de información para la educación en Sancti Spíritus, en cada una de estas se realizan actividades en correspondencia con sus currículos, donde se promociona a creadores no solo de la literatura cubana y universal, sino también a los de la localidad.

Junto al trabajo del personal de las bibliotecas también laboran los profesores, quienes cuentan en sus manos con el programa director de Lengua Materna, el cual recoge indicaciones generales sobre el tema, en correspondencia con las diferentes enseñanzas. Además, están concebidos espacios de actividades complementarias en todos los centros de primaria y secundaria, en los que se promueve la lectura.

Goberto Solano Cruz, metodólogo integral de Educación Primaria responsabilizado con  la materia de Lengua Española en Sancti Spíritus, reconoce que a pesar de las acciones ejecutadas, aún se deben redoblar los esfuerzos, a partir de la fusión de las herramientas y soportes existentes en los planteles educacionales, como las computadores y los televisores, a fin de que los alumnos se motiven por la lectura.

De ahí que se deba promover los textos de forma atractiva, principalmente entre los adolescentes, quienes demuestran menor presencia en las bibliotecas escolares y municipales para leer por placer, plantea León Guerra.

Esa realidad fue corroborada en un encuentro realizado con estudiantes de las ESBU Ramón Leocadio Bonachea y Pedro Fermín Armas, de la ciudad espirituana, en el que los encuestados reconocieron que solo leen para obtener buenos resultados en los exámenes. Al preguntarles por sus preferencias para el tiempo libre, muchos coincidieron en escuchar música, ver series y películas y salir con sus amigos.

Casi todos evaluaron como aburrido el acto de leer, sumado a que «la mayoría de los escasos títulos existentes en nuestros planteles no están destinados a los jóvenes». Según ellos, el mayor número está dirigido al lector adulto y al especializado.

Los deprimidos y desactualizados fondos bibliográficos de las bibliotecas escolares y la poca motivación de una buena parte del personal que labora en los planteles, incide en el agravamiento de la situación. Es llamativo saber que en  la provincia yayabera se cuenta con más de 80 tesis de maestría realizadas en el territorio sobre la promoción de la lectura; pero, al parecer, las recomendaciones y propuestas de estos estudios han sido asumidos en muy pocos lugares.

El máster en Comunicación Rigoberto Rodríguez Entenza reconoce que no se forma un lector si se desconoce la literatura.

Sobre esa misma cuerda de pensamiento transita Yanetsy Pino Reina, quien considera que para revertir la realidad se precisa no solo de políticas intrafamiliares, sino también de algunas de naturaleza pública.

Fin de ciclo

La promoción de la lectura funciona mejor cuando se toman en cuenta las necesidades concretas de públicos específicos. Se precisa, entonces, conocer y respetar las motivaciones y preferencias propias de las más jóvenes generaciones, aun cuando se pretendan transformar desde una perspectiva adulta y profesional.

Por ello se realizan estudios a nivel de país para conocer las interioridades de cada uno de los grupos de lectores, según explicó a JR el vicepresidente del Instituto Cubano del Libro, Edel Morales. Gracias a esas pesquisas se sabe que más del 70 por ciento de los jóvenes acceden a las letras mediante los soportes digitales.

«Estamos trabajando para complementar todos los soportes de lectura posibles e intentar combinarlos con otras artes, como es propio del mundo contemporáneo», añade.

El escritor de origen cabaiguanense reconoce que se precisa además explotar la capacidad de seducción para acercar los libros a los espacios donde las personas se mueven.

«No sabemos vender los libros de manera atractiva, y esa cadena hay que mejorarla mucho y combinar también una mirada en sistema desde la creación, edición, producción, distribución y consumo», agregó.

Resulta un serio desafío hallar los caminos para que la lectura logre coexistir con los atractivos tecnológicos de la vida contemporánea. Mientras tanto, corresponde a las familias, a las instituciones escolares y comunitarias, y a los medios de comunicación evitar que leer se convierta en un hábito perdido.

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