El sofrito sigue igualito

Ajo y cebolla, las hortalizas con mayores incrementos entre enero y marzo. También se encarecieron el arroz, el plátano, el boniato... No obstante, en conjunto, las tarifas se estabilizaron con relación a igual trimestre de 2014

Autor:

René Tamayo León

Los precios del ajo y la cebolla siguieron «disparados». Entre enero y marzo hubo un mejor abastecimiento de ambas hortalizas en los agromercados; sin embargo, por una libra de ajo la familia debió pagar 1,10 pesos más que en el primer trimestre de 2014; y la de cebolla fue 76 centavos más cara.

Son valores que representan el promedio nacional. No reflejan el costo de uno y otro condimento en una gran ciudad como Santiago de Cuba, Holguín y La Habana, donde todo es más gravoso(1). Permiten, sin embargo, evaluar la tendencia del gasto de la población en estos comercios especializados.

A nivel de país fueron al alza, además, las tarifas del arroz, el plátano, el maíz en grano, el boniato, la calabaza y la piña, según estimados de este redactor a partir de comparar los datos del informe Ventas de productos agropecuarios. Indicadores seleccionados. Enero-marzo de 2015, con los de idénticos períodos de años pasados, todas publicaciones de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei).

Dentro de los rubros agrícolas —siempre según nuestros cómputos—, el aguacate fue otro que «se puso como se puso». La cotización de la tonelada —o de la libra— entre enero y marzo subió 283 por ciento con relación a igual etapa anterior, aunque hagamos una salvedad: en esas fechas no está de temporada; es más bien un «exotismo», y entonces, cuesta.

En el área de carnicería de los mercados agropecuarios estatales (MAE), los de oferta y demanda (MAOD) y los puntos de venta (PV), que son los que aquí estamos referenciando (ver la nota 1), se reportó una elevación en el valor de los derivados y la manteca de cerdo y del puerco en pie; también fue más onerosa la libra de carnero y de chivo, en pie y sacrificado.

Sin embargo...

El asunto de las tarifas es «tema» de cotidianidad nacional. Como andan al galope, «irritan». Para evitar provocaciones al lector, escogimos encabezar el artículo con los productos que evidenciaron un encarecimiento en el primer trimestre del año en comparación con enero-marzo de 2014.

Nuestros estimados a partir del total de ventas en valor (pesos) y en físico (toneladas) en los MAE, MAOD y PV de los rubros agrícolas listados en la publicación de la ONEI arrojan, sin embargo, que el precio promedio de una hipotética tonelada —o libra— compuesta por todos ellos, se estancó. Es decir, que en conjunto no subió con respecto a igual etapa de 2014. Lo cual fue una tendencia positiva.

De otra manera: a nivel de país los precios se estabilizaron entre uno y otro período(2). No es nada nuevo. Ya había ocurrido en el primer trimestre de 2014 con relación a 2013. Y no debe extrañar. Entre enero y marzo —y abril— en Cuba ocurre la explosión en cantidad y variedad de cosechas. Es la mejor época de la agricultura. Y eso se refleja en las cotizaciones.

En una temporada favorable como esta, la trayectoria general de los precios es la que ocurrió. No obstante, puede haber subidas de acuerdo con el comportamiento de los cultivos o el abastecimiento a las placitas. Un ejemplo está en el boniato. El valor de la libra en el conjunto de las tres principales formas de comercialización (MAE, MAOD y PV) subió cuatro por ciento con relación al primer trimestre de 2014.

Por el boniato que antes usted se llevaba por un peso, ahora debió pagar cuatro centavos más. ¿Y por qué se encareció? Porque se puso en tarima solo el 70 por ciento del tonelaje que se colocó en ellas entre enero y marzo del año anterior.

Lo mismo pasó con el plátano, la calabaza, el arroz y el maíz en todas sus formas —en grano, tierno y en mazorca. Igual con el cerdo (derivados, manteca y en pie) y con el ganado ovino-caprino, tanto vivo como sacrificado.

Sin solución matemática

Además de que la agricultura cubana está lejos de satisfacer las necesidades cotidianas de la población, la demanda de productos del agro está creciendo exponencialmente, debido a que sus vías de uso y consumo se diversifican, como consecuencia, entre otros factores, de:

—la ampliación de las formas no estatales de gestión en el sector de la gastronomía y el hospedaje;

—el crecimiento del turismo internacional y nacional; y

—la necesidad de disminuir la importación de alimentos (un ejemplo, a medida que crece la producción de frijol debido a políticas que lo estimulan, disminuye su adquisición en mercados foráneos, por lo que la disponibilidad del grano y su oferta en el mercado minorista no sube de forma drástica).

Sin agotar la lista, y tan relevantes como los tres factores ya mencionados, la diversificación e incremento de la demanda de productos agropecuarios también está determinada por:

—el empleo creciente por parte de pequeños y medianos productores de un grupo de rubros del agro para el engorde de ganado menor, especialmente de cerdo, porque la elaboración e importación de piensos no cubre totalmente esa necesidad, como consecuencia de las tensiones financieras del país;

—por la multiplicidad de actores autorizados a comercializar productos agropecuarios (entre quienes hay los que prefieren el envilecimiento de las reglas del mercado antes de comportarse de forma honrada, humanista y solidaria en una sociedad donde esos valores son esenciales e imprescindibles); y

—por el incremento del consumo doméstico en un sector de la población —no tan pequeño como algunos piensan— que está obteniendo sustanciales ingresos personales si se comparan con el salario medio de los trabajadores estales, fundamentalmente por vía de las formas no estatales y las remesas, entre otras fuentes.

***

En una etapa histórica como esta, es imposible —en mi criterio— generar un algoritmo para determinar con cierta certidumbre, aunque sea mínima, la correlación entre oferta y demanda, a fin de modelar los precios en el mercado agropecuario.

La única certeza por el momento es producir más, más y más, al menos hasta donde la correlación costos-gastos-ganancia sea aceptable para todos: el Estado (que mantiene grandes subsidios directos e indirectos a la producción agropecuaria y al consumo de la población), los productores y los consumidores.

Solo hay un paliativo: mantener un seguimiento sistemático al abastecimiento de las placitas y procurar que este no disminuya, a menos que imperativos climáticos lo impidan.

En comparación con el primer trimestre de 2014, la mayoría de los productos que entre enero y marzo pasado tuvieron un alza en los precios reportaron una caída en su abastecimiento en los agromercados. Hubo menos; valió más.

«¿Pero se puso más ajo y cebolla en las tarimas y las tarifas siguieron para arriba?» —preguntará el lector. Para mantener o bajar los precios no solo es imprescindible evitar una reducción en la oferta: urge incrementarla.

Meses atrás, al analizar el comportamiento de los precios en el mercado agropecuario en 2014 y la estrepitosa subida que tuvieron en el segundo semestre de ese año, JR verificó, a partir de las estadísticas de la Onei, que solo en viandas y hortalizas se dejaron de colocar en él más de cien mil toneladas de tales surtidos.

Influir de forma proactiva en el abastecimiento de los mercados agropecuarios no depende del Gobierno a nivel de país. Solo es posible —en criterio de este redactor— si se hace a escala local    —provincia y municipio—; si su comportamiento se evalúa con sistematicidad, se corrigen —de ser posible— las caídas y se potencia su crecimiento; y si se hace un uso cabal de los sistemas estadísticos a esa escala.

Sobre esto último recordemos que los datos son solo hechos «reales u objetivos que por sí mismos no tienen la facultad de comunicar un significado», su «importancia radica en la capacidad de asociarse dentro de un contexto para convertirse en información»; y que información es el conjunto «organizado de datos procesados que constituyen un mensaje sobre un determinado ente o fenómeno», el cual proporciona «significado o sentido a las cosas y su uso racional es la base del conocimiento, facilitando la solución de problemas y la toma de decisiones».(3)

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(1) El precio promedio de la libra o la tonelada de productos agrícolas o cárnicos referidos en el artículo son estimados del redactor, y solo abarcan las ventas en físico y valor de los mercados agropecuarios estatales, los puntos de venta y los mercados agropecuarios de oferta y demanda. No incluyen el precio aplicado por los trabajadores por cuenta propia, carretilleros, o por las cooperativas no agropecuarias (mercados agropecuarios). Sin embargo, las tres formas de comercialización empleadas para los cálculos —además de ser las únicas detalladas por productos en la publicación de la Onei— representan alrededor del 82 por ciento del valor de las ventas totales de las diferentes formas de comercialización, por lo que consideramos que pueden ofrecer una información veraz sobre las tendencias de las tarifas en los mercados agropecuarios en el período analizado.

(2) En los últimos años, en sus publicaciones referidas al mercado agropecuario, la Onei no está dando señales que nos pudieran permitir hacer estimados sobre las ventas en físico y valor por regiones o provincias, que son datos «más aterrizados» para los diferentes públicos. No obstante, permiten acercarnos a las tendencias generales.

(3) Las definiciones de «datos» e «información» fueron tomadas del Decreto-ley No. 281 del Sistema de Información del Gobierno, que entró en vigor en marzo de 2011. La normativa atañe al Consejo de Ministros, pero ofrece en el texto y el subtexto teórico algunas claves metodológicas y pedagógicas sobre el uso de los sistemas estadísticos. Fue publicada en la Gaceta Oficial No. 010 Extraordinaria de 23 de febrero de 2011 (versión digital en www.gacetaoficial.cu), y recientemente también fue colocada en la portada del sitio web de la Onei.

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