Relevo para la ciencia

Investigadores del Instituto de Ciencia Animal, quienes integran el Consejo Juvenil de este centro, comparten con JR experiencias sobre sus labores y el funcionamiento de una estructura que contribuye a la superación y aprendizaje de los más noveles

Autores:

Iveett Valdés
Yunet López Ricardo

GÜINES, MAYABEQUE.— Un espacio para que los jóvenes investigadores intercambien ideas, inquietudes y proyectos surgió en 1994, en el Instituto de Ciencia Animal (ICA). Se trata del Consejo Científico Juvenil de esta entidad. Conformado por 11 miembros, 18 invitados permanentes y 14 estudiosos que asisten en dependencia del tema a las distintas sesiones, la estructura representa un escalón en el aprendizaje de sus integrantes.

«Recibimos formación científica y emprendemos nuevas maneras de investigar y hacer, al retroalimentarnos con profesionales de amplia calificación, como másteres y doctores», explica Moisés Valera Rojas, máster en Bioquímica de la Nutrición y actual presidente del grupo.

«En el desarrollo de tesis de maestría o doctorado, precisa, los aspirantes cuentan con la asesoría de un equipo multidisciplinario, constituido por veterinarios, biomédicos, biólogos, agrónomos, mecánicos, hidráulicos y otros especialistas.

«Los jóvenes del Consejo —continúa— somos entusiastas, responsables, preocupados por aprender un poquito más cada día, no perder el tiempo y estar siempre “encima de lo último”. Contagiamos alegría, pero sin olvidar nuestra responsabilidad, pues somos el relevo de los investigadores de experiencia del Instituto».

Para estos muchachos resulta primordial la relación con los veteranos. En palabras de Valera Rojas, tienen una óptica diferente y se complementan. «Nos guían en las formas más precisas para investigar, pero les aportamos frescura y la energía de la juventud de querer hacer más, de innovar», comenta.

Este año el Consejo prevé diversas actividades e iniciativas. Entre las principales está la realización de conferencias y encuentros con jóvenes del polo científico de Mayabeque, especialmente con los del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología. Además, organizan Inter Joven, que se realizará en 2016. Este proyecto surgió como resultado del impacto del Consejo y reúne a los noveles investigadores de la rama agropecuaria.

El evento se ha extendido fuera de los predios del ICA y ha aglutinado el trabajo de jóvenes investigadores de Venezuela, Angola, Brasil, Argentina y Colombia, naciones que cada dos años muestran en Cuba las directrices y logros de su labor.

Entre las líneas de estudio se encuentra la validación de fuentes nacionales de minerales para su uso en la alimentación animal. El médico veterinario y reserva científica del ICA, Odrey Mesa Fleitas, participa actualmente en el proyecto relacionado con la moringa.

«Me dedico a evaluar la efectividad de esa planta como alimento para gallinas, pollos y patos, en sustitución de maíz y soya, materias primas importadas a precios muy altos. Con estas investigaciones se logra disminuir el costo de las dietas y se obtienen buenos resultados en la alimentación de esas aves», apunta.

Además, el ICA trabaja en el manejo y la alimentación de animales monogástricos y rumiantes, producción de semillas para el área de pastos y nuevos clones resistentes a la salinidad y la sequía como el pennisetum.

Llenar de un sueño la maleta

Más de cuatro veces recorrió Moisés los 243 kilómetros que separan a Mayabeque de Villa Clara. El motivo fundamental era realizar su tesis de maestría, y espectrofotómetro de absorción atómica era la expresión que lo obligaba a atravesar la extensa carretera e ignorar el cansancio.

«Es un equipo que sirve —explica— para determinar la concentración mineral en cualquier tipo de muestra orgánica o inorgánica.

«Para validar una fuente nacional de minerales, analizamos los niveles de deposición de metales pesados existente en los animales que la consumen. Al provenir esos alimentos de una roca fosfórica, podrían ocasionar que estos tengan en su constitución metales pesados.

«Lo hemos probado con diferentes especies como pollos de ceba y vacas lecheras. Y como los humanos comen de estos animales, existe el riesgo de que esos metales pesados pasen a nuestro organismo. Evaluamos la cantidad de residuos de estos agentes dañinos en el cuerpo del animal.

«Para realizar dichas mediciones tenía que ir a Villa Clara cada dos o tres meses, pues allí estaba el espectrofotómetro, el cual me permitió leer muestras de huesos y sangre.

«Ahora, después de dos años, llegó al ICA ese instrumento, y luego de tanto viajar, me lo encargaron a mí».

El impacto de los proyectos del Instituto se aprecia en el sistema de extensionismo previsto por el centro, pues los investigadores van a las provincias y se ponen en contacto con productores de cooperativas, a los que asesoran técnicamente sobre pastos, manejo y alimentación animal.

Comenta Moisés que en Granma, por ejemplo, pudieron constatar el aumento de la producción lechera, gracias a nuestras tecnologías aplicadas allí, como el banco de biomasa o el empleo del clon CT-115 para la alimentación de los animales en el período de sequía.

«Las investigaciones cubanas son de mucho impacto. Ello se observa en la cantidad creciente de personas que cada año están interesadas en participar en nuestros eventos y nutrirse de estas experiencias.

«El ICA no incide solo en Cuba, sino también en la región tropical. Hemos sido capaces de llevar sus resultados hasta países como México o Nicaragua. Naciones como Uruguay y Argentina han solicitado la asesoría nuestra, siendo países con una reconocida experiencia en la ganadería; sin embargo, desean colaborar con investigadores cubanos», subraya.

Del Vedado a Catalina de Güines

La mayoría de los ocasos de Mabel Crespo Nicot transcurren entre las calles anchas de la capital, junto a semáforos y gente que camina de prisa. No obstante, desde hace seis años, los amaneceres son muy distintos para ella.

Al Consejo Científico Juvenil agradezco la posibilidad de adquirir conocimientos y relacionarme con otras instituciones para nuevos proyectos, dice Mabel. Foto: Carlos Cánovas.

El sol la sorprende siempre a 52 kilómetros de La Habana, próxima a Catalina de Güines, donde radica el ICA. Allí esta médica veterinaria zootecnista trabaja en el Departamento de Manejo y Alimentación de Rumiantes.

—¿Cómo aceptó una capitalina trabajar tan lejos de casa, en Mayabeque?

—Yo soy del Vedado y vivo allí. En el ómnibus del ICA, mi niña y yo viajamos todos los días, ella está en el círculo infantil de la comunidad cercana. En la Universidad estaba vinculada a un proyecto para la formación de genetistas, relacionado con el departamento genético del centro.

«Tras graduarme en la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Agraria, me dieron la plaza en el Instituto.

«En mi familia todos son constructores, pero yo adoro la veterinaria. No hubiese querido trabajar, precisamente, con ganado, pero también lo haría si fuera necesario. El ICA me ha dado la posibilidad de desarrollarme profesionalmente en una arista como la alimentación de los animales, fundamental para su existencia y reproducción».

—¿Es esta la única área donde te has desempeñado?

—He trabajado siempre la línea de producción de alimentos para ganado lechero, fundamentalmente en la alimentación a base de caña de azúcar, vinculada a otros tratamientos con cultivos proteicos como la yuca. Sobre eso es mi tesis de maestría.

«Participo en proyectos nacionales e internacionales, y he cumplido misiones dentro y fuera del país. A mi tesis le ha aportado mucho el hecho de que yo pertenezca al Consejo Científico Juvenil, al cual agradezco la posibilidad de adquirir conocimientos y relacionarme con otras instituciones para nuevos proyectos».

—Háblanos del impacto social del trabajo que realizan…

—Ello se comprueba en la repercusión de los tipos de alimentos que proponemos. Hemos logrado disminuir el nivel de importaciones, fundamentalmente de concentrados, que son el alimento básico del ganado lechero, debido a que la caña de azúcar y la yuca contienen un alto nivel energético y proteico que soluciona los problemas alimentarios de este ganado. Todo ello constituye un aporte esencial a la economía del país en medio de su proceso de actualización, que demanda el mayor empeño de la fuerza joven. Creo que por ese rumbo se encamina el Consejo que, con tanto orgullo, integro.

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