Con Sixto y Lucía, magia mediante…

En diciembre próximo, jóvenes magos ilusionistas cubanos intentarán romper un Récord Guinness con más de 15 cambios de ropa en un minuto

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

¿Cuánto demora usted en cambiarse de ropa? Un pantalón, una camisa… una blusa, una saya… sombrero, gafas, collares… ¿Cuánto tiempo dedica al día a «alistarse» y cuánto tiempo hace esperar a los demás? Mejor no me responda… bástele saber que bien podría hacerlo, si se lo propone, en tan solo un segundo.

No crea que le tomo el pelo o que estoy exagerando. He visto con mis propios ojos que sí es posible, y por eso estoy segura de que los jóvenes magos ilusionistas cubanos Sixto Rodríguez y Lucía Rivera lograrán convencerle, sobre todo después de que se presenten en diciembre próximo en El más grande cabaret del mundo, programa televisivo francés producido por Magia TV y transmitido por la cadena France 2, los sábados, en horario nocturno de máxima audiencia en el país. Allí pretenden romper el Récord Guinness impuesto por la pareja Sos & Victoria Petrossian con 15 cambios de ropa en un minuto, en la categoría internacional conocida en los espectáculos de magia como Quick Change.

«¿Locura? Tal vez… Para ser magos hay que ser un poco alocados, pero aprendes con el tiempo que todo es posible, y por eso llevamos tanto tiempo trabajando para lograr este récord», asegura Lucía, quien puede realizar hasta la fecha ocho cambios de vestuario en 25 segundos, a la vista de todo el mundo. «Si sacas cuentas, bien puedo superar el récord existente en el tiempo previsto… Puede que hasta nos sobren segundos».

Difícil creerle, por eso vi varios videos de sus presentaciones en más de 14 países, durante festivales internacionales de circo y otros eventos en los que han sido la única representación de nuestro país. «Hemos sido como embajadores de la magia de Cuba en el mundo porque hemos llevado a muchos escenarios todo lo que aprendimos aquí, y nos enorgullece recibir los premios que luego traemos a casa. Este tipo de número de magia, muy antiguo, es poco trabajado en los escenarios cubanos», comenta Sixto.

Nos sentimos listos para asumir este reto mundial, pero nos faltan algunos vestidos, por eso seguimos practicando, acota Lucía. «No solo se trata de ser extraordinariamente veloces en escena, pues el espectáculo también demanda glamur, y por eso, desde que comenzamos a trabajar en este tipo de número dedicamos gran parte de nuestro tiempo a mejorar la imagen, a perfeccionar los vestuarios y complicar un poco la presentación».

—¿Cómo se puede complicar más el número, si con hacerlo en tiempo récord ya es difícil?

— Tenemos un espectáculo variado de magia, incluyendo este número, que muchas parejas de magos en el mundo también lo presentan, por lo que hemos querido diferenciarnos.

«Empleamos música nuestra con sonoridades de salsa, conga, mambo… y además incluimos en los vestuarios accesorios como gafas, sombreros, collares. La gente no se explica cómo podemos cambiarnos de ropa tan rápido y colocarnos todo eso también, sin contar que en la presentación, en la que habitualmente solo se cambia de ropa Lucía, compartimos el cambio de vestuario los dos en un instante y sorprendemos al público con ropa de playa. ¿Te imaginas?», detalla Sixto.

De aprendices a atrevidos

Siendo pequeño, ya Sixto anhelaba convertirse en mago, aunque los estudios lo llevaron por el camino del Derecho. «Precisamente en la Universidad volvió a avivarse la chispa de mi sueño, y aprendí algunos trucos que presenté en las actividades de la escuela. Ningún mago te revela sus secretos, y después de aprenderme casi de memoria un libro de trucos de magia que conseguí, me di cuenta de que yo no podía seguir en el camino equivocado, así que le di un giro a mi vida», cuenta mientras recuerda los años en los que se unió a un circo ambulante, con el que hizo giras y aprendió tanto.

Lucía estudió Geografía en la Universidad «y siempre fui de las que bailaban, cantaban, modelaban… hacía de todo en los espectáculos que organizábamos en la escuela, porque llevaba el arte en mis venas, al menos como aficionada, y no dejé de hacerlo incluso después de comenzar a trabajar, momento en el que laboraba con un amigo mago los fines de semana».

La magia de la vida hizo que se conocieran Sixto y Lucía, «y en menos de un mes nos fuimos juntos a trabajar a Haití, en el 2010, con la Brigada Marta Machado, de Kcho, con quien ya había trabajado en el recorrido por los territorios afectados por los ciclones en el país. Fueron 41 días de mucho quehacer en lugares con condiciones difíciles y en un momento en el que hacía mucha falta alimentar el espíritu, y creo que fue un buen empezar para nosotros».

Presentaciones en diferentes teatros de La Habana, en el festival de magia Ánfora, entre otros escenarios, y mucho estudio, precedieron el viaje a Venezuela, que los llevó por cerros y escuelas, «y en el que perfeccionamos las técnicas de nuestra puesta en escena, que luego llevamos a varias ciudades de Colombia en una gira con el circo Hermanos Gasca, el más grande de Sudamérica y el más grande de la compañía Fuentes Gasca, de México», relata Sixto.

La estancia en Colombia nos hizo madurar artísticamente, acota Lucía. «Mejoramos la imagen de los vestuarios y con hasta 15 funciones semanales en un escenario con público en 360 grados, tuvimos que superarnos a nosotros mismos, pues nadie puede darse cuenta del secreto del número; y aprendimos a captar y sostener la atención de los asistentes al show. Luego la suerte nos acompañó, y nos llegó un contrato para una gira por Asia, en Japón, Taiwán, Malasia, Filipinas, Brunei y China, durante la cual obtuvimos La Grulla de Bronce en el Wuhan International Acrobatic Arts Festival of China con nuestro Latin Quick Change Costumes, en un evento en el que sorprendimos mucho porque este tipo de número lo defienden tradicionalmente magos europeos».

«Los chinos no creían que fuera cierto lo que hacíamos, y nos recibieron con poca expectativa. En los ensayos no usábamos las ropas del show y nunca pensaron que fuéramos tan rápidos, así que el premio lo recibimos como si hubiera sido el oro», añadió Sixto.

Al empeño constante le deben Sixto y Lucía haber participado en festivales internacionales de circo en España y América Latina, y haber recibido invitaciones como Estrellas de la Federación Latinoamericana de Sociedades Mágicas (Flasoma) a galas de eventos, a impartir conferencias y clases magistrales. «Compartir escenario con magos de talla internacional como el alemán Topas, el francés Yann Frisch, el argentino Henry Evans y otros, ha sido un regalo extraordinario», señala Lucía.

La entrega del premio especial del Circo Estatal Ruso de Yekaterimburg, en la cuarta edición del festival internacional de circo Ciudad de Figueres, en España, y el bronce en el Festival Internacional de Artes Circenses Izhevsk, les inundó de emociones. «Fue como un oro, pues el circo ruso tiene mucha tradición y prestigio internacional. Competimos con rinocerontes amaestrados, números atrevidos de malabares y precisamente en Rusia es donde más se ha trabajado el número del cambio rápido de vestuario. Fue como querer bailar en casa del trompo y ser aplaudidos además».

Mientras se leen estas líneas, Sixto y Lucía realizan una gira por Kazajstán, donde recibieron a inicios del mes de julio el premio de bronce en la octava edición del Festival Internacional de Arte Circense Echo of Asia.

«Tenemos otro contrato para presentarnos en China, en diciembre volveremos a estar en Francia y de vuelta en Cuba seguiremos trabajando con el Circo Nacional, al que pertenecemos, y en cuanto lugar nos llamen. Quizá ya encontremos al músico cubano que nos quiera componer la música exclusiva para nuestro número, es un sueño aún no satisfecho».

Secretos que sí pueden decirse

Posiblemente la magia que trae el amor tenga ciertas dosis de responsabilidad en la vida de Sixto y Lucía. «Nos entendemos mucho como pareja, y puede que eso haga florecer nuestro espectáculo ante el público», sonríe Lucía.

—¿Qué resulta vital en su trabajo?

—Desde el punto de vista técnico es esencial la química entre los dos en escena. Todo no siempre sale bien pero nadie se da cuenta porque le buscamos la solución rápidamente, a golpe de miradas y gestos, y nos esforzamos en transportar al público a un estado de ilusión.

«Antes demorábamos cuatro segundos en cada cambio de vestuario y ahora apenas uno, y todavía recuerdo el día en el que, sin estar aún muy preparada, Sixto me dijo “Yo bajo el saco y si no estás lista antes de tiempo, el público te descubre y fallamos”. Fue una presión terrible minutos antes de presentarnos, pero me desafió y respondí. Lo hacemos siempre, no hay otra manera de superarnos», contó Lucía.

«Nos encanta trabajar cuando hay muchos adultos en el público, pues los niños creen en la magia; nos ven y se sorprenden, pero lo sienten posible. Lo grandioso es arrancarle el asombro a los mayores, que no se explican de qué forma podemos cambiarnos de ropa tan rápido. Podemos enseñarles, por supuesto… en el próximo espectáculo», asegura Sixto, y aunque me marcho sin saber el gran secreto, les auguro la tenencia del Récord Guiness. ¿Por qué no?

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