Frases cotidianas de Elpidio Valdés en la vida de los cubanos

Elpidio, y todos sus compatriotas y enemigos españoles y rayadillos, han aportado decenas de frases o diálogos que, de una forma u otra, han quedado en el argot de los cubanos

Autor:

Juventud Rebelde

El coronel Elpidio Valdés, ese superhéroe cubano, manigüero y mambí, cumplió 45 años el pasado 14 de agosto. Su padre, otro cubano rellollo llamado Juan Padrón, lo parió de una pluma y un papel en 1970.

Sin dudas, Elpidio, y todos sus compatriotas y enemigos españoles y rayadillos, han aportado decenas de frases o diálogos que, de una forma u otra, han quedado en el argot de los cubanos, o han sido repetidas en determinadas ocasiones por tres generaciones en distintos momentos de nuestras vidas.

Aquí una selección de las más conocidas. Si algún cubano-insurrecto-manigüero-mambí, donde quiera que esté, se acuerda de alguna ausente aquí, no dude en aportarla. Y si alguien piensa que Elpidio Valdés está en decadencia, pues:  ¡Eso habría que verlo, compay!

— ¡Hasta la vista, compay!
— ¡Maldito mambí, en la próxima aventura lo voy a hacer picadillo!
— ¡Eso habría que verlo, compay!
— Corneta, toque usted «A degüello».
— Estos mambises na  má oyen un tiro, y enseguida nos «asarrrtan» a machetazos.
— ¡Qué susto, Josú!
— No se preocupe, Generá, que los vamos a hacé puré de talco.
— Permiso, ¿qué ha tocado ese?
— Se oye clarito, clarito: ¡retiradaaaaaa!
— El machete es un hierro, compay.
— Celedonio, termina ahí pa que me hagas un escaparate.
— ¡Muchaaaachooo, ven acá, condena o, que tú ta herío!
— Estos van a caballo, y uno de bestia.
— Y Resóplez comiendo m… mandarinas por ahí.
— ¡Qué país!
— ¡Adelante, leones hispanos, no os dejéis provocaarrr!
— ¡Aaaguuaaaa!
— ¿Dónde tú estás? ¡Aquííííííí!
— ¡Bestia, qué estamos comiendo!
— ¡Centinela, alerta! ¡Centinela, alerta! ¡Mentira!
— ¡Ay, mi madre! ¡El arroz con boniatooo, y el cafééé…!
— Palmiche es un caballo de guerra.
— Yo he traicionado muy duro pa ganarme ese dinero.
— ¡Quita, chico! (Media Cara cuando golpea a Cortico)
— ¡Tócate, María Silvia!
— ¡Euteliaaaa...!
— ¡Apague, apague mi caña!
— La suya, por si acaso, míster.
— ¡La cañoneraaaa!
— ¡Señorita, señorita…! ¿Quién es? El imbécil que le puso bandera blanca al enemigo.
— No se queje más, compay, que aquí todos hemos tirado con fusiles peores. ¡Váyase y domine ese rifle!
— Tráiganme clavo, puntilla, mi rifle tira cualquier cosa.
— Clavo, cuchara, pluma, herradu…
— ¡Mambises, bestias, no tiréis con ventanas!
— ¡Este, hombre, que vais a matar a uno aquí adentro!
— Si se me riega este numerito entre la tropa, ¡voy a mandar a unas cuantas gente pa la impedimenta, a cargar frijoles!
— (Imitar al Chinito hablando en chino y después): ¡Viva Cuba!
— Elpidio: ¡Yujuuuu! (disparos de los españoles), ¡Eeyyy! (disparos), ¡Tiren pa’ aquí también, compay! Resóplez: ¡Qué pasa aquí! (disparos contra él)
— ¡Ay, mamacita qué dolor! ¿Y a ti qué te duele, Pelirroja? A mí ná, estoy traduciendo, ¿no?
— ¡Alarma, pa to  el campamento!
— ¡Sssssepa, usted!

 

 

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