Valle de minas y girasoles

El poblado santiaguero de El Cobre atesora hitos esenciales de la historia, la cultura y la identidad cubanas

Autor:

Odalis Riquenes Cutiño

EL COBRE, Santiago de Cuba.— Un valle ondulado y pintoresco, acunado por una cordillera de montañas donde lo singular abriga los más insospechados contrastes.

Al fondo, testigo de sudor, rebeldía y remembranzas, el antiguo poblado minero con su visión de terrazas, evocando la extracción del mineral en la mina a cielo abierto más antigua de América Latina.

En un promontorio, exhibiendo su esbelta arquitectura y marcando el tiempo desde sus campanas, se localiza la Basílica Menor del Santuario Nacional Nuestra Señora de la Caridad del Cobre; para los cubanos, el Santuario de la Virgen de la Caridad. El constante trasiego de peregrinos, visitantes, turistas y pobladores; artesanos y vendedores de girasoles, velas, piedras de cobre, estampitas, vírgenes de todos los tamaños y materiales, en rica amalgama de intercambio, curiosidad, devoción y cultura lo convierten en uno de los sitios más visitados del país.

Coronando una cima del Cerro del Cardenillo, visible desde todo el poblado, se encuentra el Monumento al Cimarrón, símbolo de un pasado esclavo e insurrecto, mirador natural  al devenir de su gente, bordeado por las terrazas donde se extraía el mineral de cobre, cuyas profundidades se han convertido hoy en un extenso lago de aguas verde-azuladas de singular belleza.

Así respira ante los ojos del visitante el poblado de El Cobre, a unos 22 kilómetros de la urbe santiaguera. Y su fisonomía es la de la fidelidad a los componentes esenciales de su desarrollo cultural y su rica historia.

De Santiago del Prado a el Cobre

Esta es la historia del Cerro del Cardenillo, a solo cuatro leguas de la ciudad de Santiago de Cuba: lugar habitado por aborígenes y donde los conquistadores localizaron, en 1530, un yacimiento de mineral de cobre que de inmediato se puso en conocimiento del Rey.

Indios y negros esclavos traídos de África trabajaron juntos en las labores de extracción del preciado material que sería utilizado en la fabricación de los cañones de las fortificaciones americanas y, posteriormente, en los utensilios y maquinarias de la naciente industria azucarera.

Ya reconocido y habitado el lugar, el 8 de enero de 1599, el capitán Francisco Sánchez de Moya, administrador de las minas, bautizaría el nuevo poblado con el patronímico de Santiago del Prado. Nacía así un pueblo minero en las entrañas montañosas del oriente cubano.

El proceso de extracción del mineral de cobre tuvo con el paso de los años altas y bajas, pero su persistencia  definiría la denominación del singular paraje como el poblado de El Cobre, el mismo que sería noticia en la región durante los siglos coloniales gracias a sus continuas demostraciones de rebeldía esclava, y que no cejó en la lucha hasta lograr en 1801 la libertad y los derechos sobre la tierra.

Este relevante proceso histórico motivó que varios siglos después la Unesco destacara este poblado como un hito en la historia de la esclavitud en América.

Pero es también El Cobre un sitio vinculado con los intentos independentistas de los cubanos, desde la Guerra de 1868, los esfuerzos de la Guerra Necesaria, hasta las contiendas liberadoras que llevarían al triunfo el Primero de Enero.

La tierra de generales del Ejército Libertador como el mayor general Agustín Cebreco Sánchez, el general de brigada Juan Pablo Cebreco Sánchez; el general de brigada Higinio Vázquez Martínez, el general de brigada Vidal Ducasse Revee, el general de división Juan Eligio Ducasse Revee, el  mayor general Adolfo (Flor) Crombet Tejeda, el general de división José Lacret Mourlot, el general de brigada Adolfo Goulet Goulet, y la cuna de figuras excelsas de las letras cubanas como Luisa Pérez de Zambrana.

El ambiente de hirviente quietud de El Cobre alberga también una historia de debuts e iniciaciones como contar con el primer ferrocarril de la región oriental: la vía desde El Cobre hasta Punta de Sal, inaugurada el 1ro. de noviembre de 1844 para la extracción y exportación del mineral, que contribuyó, incluso, a la reanimación de la actividad portuaria de Santiago de Cuba entre 1830 y 1868.

Su ubicación geográfica, a las puertas de Santiago, fue igualmente decisiva en la ofensiva final de las tropas del III Frente Oriental Mario Muñoz Monroy, dirigidas por el Comandante Juan Almeida Bosque, en el avance hacia la capital provincial y el triunfo definitivo de la Revolución Cubana.

Devoción y cubanía

Imposible es hablar de este pedazo de tierra cubana sin aludir a que en el poblado de El Cobre está la imagen de la Virgen de la Caridad, encontrada en 1612, según la tradición, por tres trabajadores de las minas: los hermanos indios Juan y Rodrigo de Hoyos y el negro esclavo Juan Moreno, flotando sobre las aguas de la bahía de Nipe y con la inscripción «Yo soy la Virgen de la Caridad».

Llevada de inmediato al hato de Barajagua, la Virgen encontró su altar definitivo en este poblado.

Como recoge la doctora Olga Portuondo en su artículo La Virgen del Cobre y la nacionalidad cubana, aquí, el 24 de septiembre de 1915, recibió a un grupo de antiguos oficiales del Ejército Libertador acompañados por unos 2 000 combatientes y encabezados por los mayores generales Jesús Rabí y Agustín Cebreco, quienes organizaron una cruzada a caballo desde Santiago de Cuba hasta El Cobre para solicitar a la Santa Sede el reconocimiento solemne de la Virgen de la Caridad del Cobre como Patrona de Cuba.

Con aquel gesto —destaca la historiadora—, se pretendía realzar la imagen de la también llamada Virgen Mambisa como símbolo nacional y reclamar la atención de la población sobre la urgente búsqueda de la integración étnica y cultural, pues los firmantes de la petición eran blancos, negros y mulatos; militaban en los partidos Conservador, Liberal y Socialista.

El Papa Benedicto XV respondió sin demora a la solicitud; y el 10 de mayo de 1916 fue declarada la advocación mariana de la Caridad y de los Remedios, venerada en El Cobre, como Patrona de la República de Cuba.

En el transcurso de un tiempo más bien breve, la Virgen de la Caridad del Cobre se esgrimió como símbolo y mito de la cultura cubana, que cotidianamente recibe la devoción popular de cientos de cubanos y visitantes extranjeros, y ha sembrado costumbres y rutinas entre los lugareños.

Ejemplos singulares son el desarrollo de un movimiento de más de 500 artesanos empíricos que entregan de las más diversas formas y materiales la imagen de la Virgen y la sostenida presencia de unos 200 productores y vendedores de flores en áreas aledañas, quienes garantizan que no falten un girasol o una azucena ante el templo donde creyentes y devotos hacen sus ofrendas a la deidad.

El Cobre hoy

Marcado por ese legado local vive el cobrero de hoy, un ser noble, afable, cariñoso, sincero, rebelde como sus ancestros, orgulloso del terruño hasta el regionalismo, de tradición minera y amante de la música y el baile en espectro amplio que abarca desde el son hasta el ritmo de la Steell Band, una banda de tambores metálicos integrada por 14 músicos aficionados que es otra de las reliquias del poblado.

El buen cobrero no emigra, envejece junto a sus recuerdos. Así lo enfatizan pobladores de este terruño santiaguero como Milagros de la Caridad Ulloa Vidal.

Por eso, aunque en cada amanecer la mayoría de sus pobladores debe ingeniárselas con el transporte para trasladarse hacia la ciudad de Santiago a trabajar, los más de 18 000 habitantes del bucólico vecindario persisten en sembrar futuro a los pies del pintoresco valle.

El inicio de la explotación de una mina de oro barita en las cercanías, los ha devuelto a los andares mineros, a la vez que, como explica Alejandro Pérez Vicente, presidente del consejo popular, apuestan por la calidad en los disímiles servicios con que cuentan, especialmente los de salud, en los que son fuertes.

Un plan de manejo y gestión de la Oficina del Conservador de la Ciudad de Santiago de Cuba, de conjunto con otras entidades locales, municipales y provinciales,  que busca reconocer los valores patrimoniales, materiales y espirituales del Paisaje Asociado a El Cobre, se proyecta desde la constancia por la preservación del fondo habitacional, —afectado con más de 900 derrumbes totales por el huracán Sandy—, la recuperación de sus viales y la ampliación y reanimación de muchos de sus servicios, entre otras acciones.

Así, lo mismo en El Ermitaño, Hongolosongo, Río Frío, que en el poblado cabecera se integran los mejores valores de la zona de cara al futuro, en defensa de la tradición y por el desarrollo de este valle de minas, rebeldía y girasoles, surcado por las aguas del río Censerenico.

Tierra visitada por dos papas

A sus valiosos atributos el poblado de El Cobre sumará a finales de este mes, el privilegio de ser uno de los pocos sitios que ha sido visitado en el período de tres años por dos Papas: Benedicto XVI, en marzo de 2012 y, próximamente, por el Papa Francisco, quien oficiará en su iglesia una de las misas previstas en el país.

Conscientes de este privilegio y orgullosos de que la imagen de la Virgen que los identifica ante el mundo tenga la admiración de cubanos y extranjeros, lugareños como María de la Caridad Ulloa Vidal, al frente del puesto de dirección de la oficina del consejo popular y Elsy Hung Vázquez, trabajadora del Registro Civil, preparan con alegría el recibimiento del Papa Francisco.

Para los cobreros, sostienen,  «recibir en este pueblo de gente tranquila y noble al Papa, será algo muy bueno tanto para los católicos como para toda la población».

Alejandro Pérez Vicente, presidente del consejo popular; coincide con ellos. El hecho de que otro Sumo Pontífice pueda recorrer las calles de El Cobre es muestra de la relevancia que ha alcanzado este pedacito de tierra dentro de la cultura e identidad nacionales, al abrigo de su historia y atributos.

Se precisa hasta el último detalle para la organización, limpieza y embellecimiento del poblado. Así, se asfaltaron las calles incluidas en el recorrido, se retocó la pintura y concluyeron labores de jardinería y carpintería en el Santuario, entre otras acciones.

«Recibir al Papa es un acontecimiento muy grande, por eso todos estaremos en las calles para darle la bienvenida al Sumo Pontífice. Esa será nuestra forma de expresar que luchamos por la paz y preservamos nuestra identidad », concluyó.

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