Como un hijo más

A El Cobre el Papa Francisco llegó con los sentidos colmados por el cariño de los lugareños: gente noble y sencilla como él mismo, que fueron a reciprocarle sus expresiones de amor hacia la Virgen Mambisa, que acompaña el alma del pueblo cubano y es el orgullo de los cobreros

Autor:

Odalis Riquenes Cutiño

El Cobre, Santiago de Cuba.— Llegó poco después de las 7:45 p.m., como el hijo presuroso para entrar a la casa de la madre y con los sentidos colmados por el cariño de los lugareños: gente noble y sencilla como él mismo, que dos kilómetros antes del Santuario Nacional, desde Melgarejo, desafiaron un cielo nublado para reciprocarle sus expresiones de amor hacia la Virgen Mambisa, que acompaña el alma del pueblo cubano y es el orgullo de los cobreros.

Para dar la bienvenida al Papa Francisco, el segundo Obispo de Roma que pernocta en la Casa de Retiro y Convivencia del antiguo Seminario San Basilio Magno, una vez más se fundieron en las calles de El Cobre creyentes y no creyentes: el niño travieso del barrio y la abuela Pasteria, cuyas manos dominan todos los secretos del tejido, tradición de la zona; los fieles de la ciudad y del lomerío, el minero de rostro curtido por el rudo oficio y la abogada.

Cual uno más de los cientos de peregrinos que diariamente visitan la Basílica Menor del Santuario Nacional, estuvo el Sumo Pontífice ante la Virgen de la Caridad del Cobre, que en gesto hospitalario y acompañada por el crucifijo y la rosa de oro, regalos de San Juan Pablo II y Benedicto XVI, respectivamente, ocupó un nuevo lugar en el altar para estar más próxima al recién llegado.

Acompañado por los obispos cubanos y su séquito, el también Jefe de Estado del Vaticano penetró en el templo, depositó un ramo de flores y, sentado ante la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, oró en silencio durante unos cinco minutos.

Tal vez pidió por «todos sus hijos cubanos y por esta querida nación, para que transite por los caminos de justicia, paz, libertad y reconciliación», como había expresado desde su llegada a la nación caribeña.

Posteriormente, el Sumo Pontífice pronunció la Oración de San Juan Pablo II al coronar la imagen de la Virgen de la Caridad; en simbólica expresión de continuidad, encendió un cirio de la misma vela que prendiera en marzo de 2012 Benedicto XVI en su visita al templo, preservada para la ocasión, y obsequió a la Virgen un florero de plata con flores de tallo plateado y pétalos de cerámica.

Luego dijo la Oración del Plan Pastoral y regresó a la puerta de la iglesia, con la satisfacción de quien ha cumplido un anhelado deseo. Antes de abandonar el recinto saludó a los presentes, entre ellos niños y niñas que le interpretaron el tema Yo vengo a ofrecer mi corazón.

Procedente de Holguín y para cumplir la última etapa de su visita pastoral a Cuba, al filo de las 4:45 p.m., había llegado a la losa del aeropuerto internacional Antonio Maceo, adonde acudieron a recibirlo el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Esteban Lazo Hernández, y el presidente del Gobierno en Santiago de Cuba, Reynaldo García Zapata.

Al descender de la nave aérea, niños santiagueros entregaron a Su Santidad un ramo de flores, mientras se dejaba escuchar el tema Bienvenido, Papa Francisco, compuesto especialmente para la ocasión por el manzanillero Jesús Estrada, e interpretado por el coro infantil de la Catequesis de la Iglesia de Santa Lucía, bajo la dirección de Arasay Machirán, momento que el Sumo Pontífice disfrutó emocionado.

Seguidamente, el Papa Francisco y sus acompañantes partieron rumbo a El Cobre, en recorrido que les llevó por la Circunvalación, la Avenida de los Desfiles y la Carretera Central, y el cual fue salpicado por la lluvia, a tramos aguacero; señal que los santiagueros interpretaron como la mejor bendición a una tierra azotada por una intensa y prolongada sequía.

Como reafirmando la bendición se desató el torrencial aguacero, justo al bajar Su Santidad del auto panorámico para entrar al otrora Seminario San Basilio Magno, y tras las expresiones de respeto y admiración que le tributaron miles de personas con banderas cubanas y del Vaticano, congregadas a ambos lados de la vía de acceso al bucólico poblado.

Minutos más tarde, ya cuando avanzaba la noche de este histórico 21 de septiembre, el Sumo Pontífice se reunió en este mismo escenario con los obispos cubanos y, poco después, también en compañía de los obispos y de su séquito, entró en el Santuario Nacional.

Así, cobijado por el manto protector de la Virgen de la Caridad del Cobre, pernoctó su Santidad en la noche del 21, para, en las primeras horas de la mañana de este, su último día en Cuba, oficiar una misa en la Basílica Menor del Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, ante representantes de pequeñas comunidades donde no existen templos, de todo el país, y los misioneros, sacerdotes, religiosas y laicos que ejercen en ellas.

Durante la eucaristía, con la que el Papa Francisco dejará inaugurado el año jubilar por el centenario de la proclamación de la Virgen de la Caridad del Cobre como Patrona de Cuba, niños santiagueros le entregarán una copia del manuscrito de la petición enviada al Papa Benedicto XV por un grupo de veteranos de la Guerra de Independencia.

Al término de la ceremonia religiosa, el Obispo de Roma recibirá las muestras de respeto, afecto y hospitalidad del pueblo de la ciudad heroica de Cuba, en recorrido que le llevará desde la Plaza de la Revolución Mayor General Antonio Maceo, por las céntricas avenidas Las Américas, Garzón y Aguilera hasta la catedral de Santiago de Cuba, donde sostendrá un encuentro con la familia cubana y desde el atrio de la iglesia bendecirá a la ciudad, que el pasado 25 de julio cumplió 500 años.

En horas del mediodía, el máximo representante de la Iglesia Católica partirá hacia los Estados Unidos, para cumplimentar la segunda parte de este viaje pastoral, que le ha traído a América como Misionero de la Misericordia.

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