Gracias cubanos por hacerme sentir en familia, en casa

El Papa Francisco bendijo a la ciudad de Santiago de Cuba y a las familias cubanas, destacando lo imprescindible de ese núcleo sustancial de la sociedad

Autor:

Juana Carrasco Martín

«Quisiera decir una palabra de esperanza», dijo el Papa Francisco desde el atrio de la Catedral de Santiago de Cuba, a la que agradeció la calidez y la acogida del pueblo cubano, además de bendecir a la ciudad.

Esa palabra de esperanza tras la bendición, la expresó asegurando que había que mirar hacia atrás y hacia adelante. «Hacia atrás, la memoria de aquellos que nos fueron trayendo a la vida y en especial memoria a los abuelos, un gran saludo a los abuelos. No descuidemos a los abuelos, que son nuestra memoria viva», dijo en un mensaje reiterado de ese llamado al amor y al respeto hacia los mayores, y agregó «mirando hacia adelante, a los niños y a los jóvenes, que son la fuerza de un pueblo y un pueblo que cuida a sus hijos tiene el futuro asegurado».

La presencia del Papa Francisco en Santiago de Cuba comenzó con el saludo de una familia santiaguera en su reunión en la Catedral de esa urbe, a la que entró por su puerta sur —la original de la construcción de este templo, situado en el céntrico Parque Céspedes, corazón de la heroica ciudad, que le recibió de forma tan acogedora como siempre hace con todos sus visitantes. Ciudad a la que este hombre de fe llego con Buena voluntad y el reconocimiento a su esfuerzo, en una visita de especial importancia que cuenta ya en la rica historia del país.

«Estamos en familia, y cuando uno está en familia se siente en casa … Gracias cubanos por hacerme sentir todos estos días en familia, por hacerme sentir en casa», señala con sencillez y esa voz mesurada y ese tono cálido que le es característico.

«Este encuentro con ustedes viene a ser como la frutilla de la torta», le dijo a un auditorio presente en el templo, y también a quienes en todos los rincones de la Nación le han seguido y acompañado en estos días en transmisiones directas, en vivo, de la radio y la televisión cubanas. Le habla a «gente que sabe recibir, que saber acoger, que sabe hacer sentir en casa, gracias a todos los cubanos», subraya.

Agradeció al matrimonio que vive con una iglesia doméstica en su hogar, y que le dio el saludo primero en la Catedral de Santiago de Cuba, apuntando que «da alegría al alma ver los hijos crecer y ver formar el hogar, que todo por lo que se ha luchado valió la pena».

Formar familia es un gran desafío para los padres, afirmó y al explicar el pasaje del Evangelio —las bodas de Canaán—, leído para la ocasión de este encuentro, apuntó: «Todo tiene sabor a casa nueva, a esperanza», subrayando que es una historia de siembras y cosechas, de esfuerzo y compromisos, para que la tierra dé sus frutos.

Este último momento de la visita apostólica iniciada el sábado 19 en La Habana, fue un encuentro con lo que llaman iglesias domésticas, y en la exhortación al cuidado y a la importancia de la familia, aseveró que «los espacios y momentos familiares van desapareciendo en muchas culturas hoy en día», y van quedando vacías las casas de relaciones, de contactos humanos.

La familia nos salva de dos fenómenos actuales, la fragmentación, que es la división, y la masificación. La familia es escuela de humanidad, que enseña a poner el corazón en las necesidades de los otros, en estar atentos a la vida de los demás, reiteraba frente al «yo, me, mi, conmigo, para mí, que no saben de fraternidad, de trabajo en común, de amor, de discusión entre hermanos, no saben».

«Las familias no son un problema, son principalmente una oportunidad, que tenemos que cuidar, proteger. Son una bendición», subrayaba en esta valoración de uno de los ejes centrales de su gira que continuará en Estados Unidos, donde asistirá, como anunció al Encuentro Mundial de la Familia, en Filadelfia. También que en este año hará en el Sínodo de los obispos que tiene como tema la familia.

Se discute mucho sobre el futuro y qué mundo dejarle a nuestros hijos, qué sociedad queremos para ellos; una posible respuesta es mirarlos a ustedes, a esta familia que habló a ustedes, puntualizó el Obispo de Roma, agregando que «es cierto que no existe la familia perfecta, esposos perfectos, padres e hijos perfectos y si no se enojan, suegras perfectas, no existen», agregándole el humor que también disfruta Francisco.

El amor siempre se compromete con la persona que ama. Por eso cuidemos a la familia, verdaderas escuelas del mañana, verdaderos espacios de libertad, verdaderos centros de humanidad, continuaba el Papa en su exhortación que forma parte de una preocupación mundial.

Desde su fe, hizo este gesto de ternura: Me viene una imagen cuando en las audiencias de los miércoles paso a saludar a la gente y tantas y tantas mujeres me muestran la panza y me dicen, «me lo bendice». Yo les voy a proponer a todas las mujeres que están embarazadas de esperanza —porque un hijo es esperanza— que en este momento se toquen la panza y yo a cada una le echo a cada chico y chica que está allí adentro, le doy la bendición en el nombre del padre, del hijo, y del espíritu santo y le deseo que venga sanito, que crezca bien y que lo puedan cuidar sanito, acaricien al hijo que están esperando».

Como colofón de esa reunión otra familia le entregó la imagen de la Caridad del Cobre para que la lleve a las familias cubanas que viven fuera de la isla en un gesto de reconciliación.

Esta exhortación al cuidado de la familia, lo hace un hombre que ha sabido de los múltiples problemas y males, porque en su quehacer sacerdotal ha vivido en las villas más pobres y humildes de su país, Argentina, y conoce y le preocupan las miserias y las guerras que sacuden al mundo, que también dividen a las familias, a los pueblos.

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.